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Azules, misteriosas y llegando por millones: criaturas parecidas a alienígenas cubren playas de EU
Diminutas criaturas oceánicas llamadas Velella velella, o marineros del viento, aparecen en la playa del condado de Marin, California. Foto: Liu Guanguan/China News Service/VCG via Getty Images

Masas de efímeros organismos conocidos como “marineros del viento” llegan en forma de “marea azul” a la costa oeste la mayoría de los años, pero los mares más cálidos del invierno podrían estar aumentando el número de estos azules “alienígenas”.

De Oregón a California están apareciendo en las rocosas playas mantos de criaturas azules parecidas a alienígenas. Se trata de Velella velella, diminutas colonias de organismos con una aleta en forma de sombrero en la parte superior y tentáculos colgando hacia abajo.

Esta primavera se han visto millones a lo largo de la costa oeste de Estados Unidos, para sorpresa y deleite de los visitantes a las playas, que han publicado alegremente imágenes en las redes sociales. Algunos lo llaman “marea azul” y ocurre casi todas las primaveras, aunque no siempre con la misma abundancia.

Aunque parecen un solo organismo, las velellas, también conocidas como marineros del viento, son en realidad colonias de criaturas de una clase llamada hidrozoos que utilizan el viento para desplazarse. Pasan la mayor parte de su vida en mar abierto, buscando con sus tentáculos en la columna de agua para picar a las larvas de peces o al zooplancton, y además son inofensivos para el ser humano. Una parte de la colonia se encarga de la alimentación y otra de la reproducción. El coral es otro organismo colonial, pero es raro encontrar colonias de este tipo en tierra firme, explica Anya Stajner, estudiante de doctorado del Instituto Oceanográfico Scripps.

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Existen varias teorías sobre el color azul brillante de estos animales. Vivir en la intersección del aire y el océano no les ofrece muchos lugares donde esconderse de depredadores como el enorme pez luna, que succiona velellas como si fueran caramelos. Según Stajner, su color podría ayudarles a camuflarse entre las olas. Otra teoría es que el color las protege de los rayos UV, una especie de protector solar incorporado.

Julia Parrish, bióloga marina de la Universidad de Washington, explica que las velellas viven durante meses y viajan mucho por el Giro del Pacífico. Suelen viajar por la costa de California hasta América Central, luego pasan por Hawái hasta Japón y regresan de nuevo, rozando la superficie como un kitesurfer.

Las criaturas atraviesan ciclos de esplendor y decadencia durante este viaje, experimentando muchas etapas de vida diferentes, “todas ellas muy distintas entre sí”, afirma Parrish. Cuando hay mucho alimento en la columna de agua, su población explota y llegan juntas a la orilla, lo que suele ocurrir en primavera y a veces en otoño.

A pesar de que la gente las encuentra a menudo, las velellas no son objeto de muchos estudios científicos, en parte por su forma de vida. Los biólogos marinos han conseguido criar medusas en tanques para la investigación científica y para que el público las vea de cerca. Pero las velellas viven en la superficie del océano y adoptan muchas formas a lo largo de su vida, y los científicos aún no han resuelto el problema de cómo crear las condiciones necesarias para criarlas en cautiverio. Esto significa que sabemos menos de ellas que de la mayoría de las medusas que viven bajo el agua, lejos de los ojos humanos.

Un área de estudio actual es la relación entre la velella y las temperaturas oceánicas. En 2021, Parrish utilizó datos recogidos durante 20 años de observaciones de científicos para descubrir las pautas de los varamientos masivos de velellas, y descubrió que era más probable que se produjeran cuando los inviernos eran más cálidos de lo habitual.

Aún se están investigando las razones, pero Parrish cree que tiene algo que ver con los mares embravecidos en invierno. “En inviernos realmente tormentosos, con olas muy altas mantenidas durante varios días, como en las tormentas, las colonias que son pequeñas y están empezando a desarrollarse van a ser destruidas”, dice Parrish. “Pero en un invierno más suave, van a tener más posibilidades de sobrevivir, dejando más colonias hacia el final del invierno para crecer de verdad”.

“Ésa es nuestra hipótesis”, añade, pero demostrarla exigiría un gran esfuerzo para estudiar los organismos de la plataforma continental.

Como los pequeños marineros azules son efímeros por naturaleza, no siguen las mismas pautas todos los años. Pero cuando aparecen en masa, suele ocurrir en varios lugares al mismo tiempo, dice Parrish.

Cuando llegan a la orilla, el manto de brillantes criaturas azules crea un magnífico cuadro para los fotógrafos y los paseantes en la playa, pero a medida que se secan, las criaturas pierden su color y se vuelven “como crujientes papas fritas o envolturas de caramelos”, dice Stajner. También contribuyen a llevar carbono y nutrientes que de otro modo estarían en el océano a las orillas donde son arrastrados por el viento.

Los visitantes a la playa las adoran porque son azules, bonitas, brillantes e inmediatamente reconocibles, y porque vienen en grandes cantidades. Pero los admiradores pueden no darse cuenta de que en realidad están viendo colonias de criaturas que luchan y mueren, dice Parrish. “En lugar de eso, lo que se ve es algo que tiene unos colores preciosos, es lo bastante pequeño para ser inofensivo y resulta tan extraño e interesante”, añade.

A medida que los océanos del mundo sigan calentándose como parte de la crisis climática, es probable que más colonias de “marea azul”, velellas, lleguen a la costa y también prosperen en el mar. Esto hace que científicos como Parrish se pregunten si estas carismáticas criaturitas de sombrero azul podrían tener un impacto más complejo en los océanos de lo que creemos. Por ejemplo, dado que las velellas se alimentan de zooplancton, larvas y, sobre todo, huevos de peces, podrían empezar a afectar negativamente a las especies de peces.

“Hay indicios de que, colectivamente, hay suficientes velellas azules hambrientas que pueden cambiar la dinámica de población de algunos peces de forraje, como las anchoas, que también se encuentran en el sistema de corrientes de California”, afirma Parrish.

Traducción: Ligia M. Oliver

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