Arantxa Tirado dice que hoy las guerras también se hacen en los tribunales
Anónimos Interesantes

Periodista, catalana, emigrada a México hace tres años. Aquí inició su carrera como periodista. Ha trabajado de corresponsal para medios en Estados Unidos, España y Brasil, y medios nacionales. Le apasiona el mundo, entenderlo y explicarlo. Instagram: @annaportella__

Arantxa Tirado dice que hoy las guerras también se hacen en los tribunales
Foto: Cortesía.

La protesta de los cubanos residentes en México ante la embajada de su país me dejó dudando de si existía la verdad (no los hechos, que sí existen, sino la verdad que construimos de ellos). Los partidarios de la revolución denunciaban el embargo de Estados Unidos y reivindicaban que Cuba es libre. Los detractores, atribuían la crisis que vive hoy la isla a la dictadura castrista. ¿Cómo podían haber dos visiones radicalmente opuestas de una misma realidad? 

Durante estos días de protestas en Cuba, leí en Twitter un tuit de una politóloga catalana, Arantxa Tirado, que decía algo así como “Cuba no es una dictadura, es una democracia socialista”. Y entonces pensé: ¿qué es una democracia socialista? Así que se lo pregunté. 

Tirado es profesora asociada de la Universidad Autónoma de Barcelona. Conoce la región porque se doctoró en la UNAM y ha residido en México, Costa Rica y Venezuela. En su último libro habla de un concepto bien interesante y que se describe en el mismo título: Lawfare: Golpes de estado en nombre de la ley.

¿Qué es el lawfare?

Es una táctica que viene del mundo bélico. A través de medidas del ámbito judicial se busca trastocar el orden geopolítico o un cambio de régimen, sea sacando presidentes de su ejercicio del poder, impidiendo que puedan presentarse a las elecciones, o desprestigiándolos a través de causas judiciales que lleve a que la opinión pública considere que son corruptos o que no deberían estar o regresar en el gobierno.

Esta guerra judicial va de la mano de instrumentos que no son exclusivamente de lawfare, como la guerra mediática o psicológica.

Me haces pensar en las detenciones de precandidatos en Nicaragua.

Lo dudo, porque un elemento del lawfare es que detrás de estas iniciativas está la mano de Estados Unidos operando para evitar que candidatos que no son proclives a la expansión de sus intereses económicos y políticos en América Latina y el Caribe, se posicionen. En Nicaragua es todo lo contrario.

Ponme un ejemplo actual.

El caso de Lula da Silva, que está cerrándose; contra Cristina Fernandez; contra Rafael Correa han habdio, o ahora en México.

¿A qué te refieres?

No lo afirmo categóricamente, pero una de mis hipótesis en el libro es que a López Obrador le pudieran abrir una causa judicial basándose en, por ejemplo, la denuncia que interpusieron contra él en septiembre de 2020 algunas de las familias que tienen hijos con cáncer y que consideran que el gobierno mexicano no cumple con sus deberes. Eso pudiera derivar en una causa abierta que va acompañada ya, de hecho, de uno de los elementos del lawfare, que es el papel de los medios.

Desde hace meses, en medios de comunicación mexicanos se está priorizando esta noticia del descontento legítimo de una serie de padres de niños con cáncer, pero que en otras presidencias no se manifestaban, lo cual nos puede llevar a pensar que hay intencionalidad política detrás. 

¿Y qué problema hay en ello?

La política nunca es un problema. Es legítimo que hayan intereses políticos, lo que está mal es ocultarlos. Es decir, si perteneces a determinado partido de oposición y decides manifestarte contra este presidente, no tanto porque ahora tengas un problema que ya tenías antes, sino porque es justamente este presidente, ahí hay intencionalidad política que explica más que el problema en sí. 

¿Cómo lo relacionas con el lawfare?

Podríamos cuestionar hasta qué punto la presidencia de un país es responsable última de determinados aspectos que son administrativos y que hay por enmedio una cadena de decisiones y de ineficiencias, si me apuras, que un presidente o presidenta no controlan, en México y en otros países.

¿No crees que hay algo de que los ciudadanos están hartos de malas gestiones políticas sin que nadie asuma responsabilidades? 

Por un lado, sí que hay un problema de crisis de la política porque hay gente que promete cosas que no cumple. Pero más allá de eso, la gente tiene que ser consciente de que un modo de producción determinado tiene sus víctimas determinadas, y ese debate no se quiere llevar a cabo. Sí hay liderazgos políticos muy cuestionables, pero esos liderazgos están ahí por el respaldo de la ciudadanía. Y los poderes fácticos, que muchas veces condicionan la política pero no los vota nadie. 

Estoy en contra de los discursos que generalizan la política, que todos los políticos son irresponsables, son corruptos. Me parece peligroso porque penetra con una idea de la mano que es: dejemos que se vayan los políticos y que entren los tecnócratas.

O los outsiders: Donald Trump, Pedro Castillo, Nayib Bukele…

¿Trump outsider? ¡Si es una persona del sistema! Tampoco estoy a favor de los políticos profesionales. Para mi, la política es algo muy serio, es gestionar los recursos colectivos. Tecnócratas u outsiders pueden ser tan corruptos e incompetentes como cualquier otro.

¿No está desfasada ya la narrativa de Estados Unidos (EU) interfiriendo en la política interna de los países de América Latina?

Te invitaría a que leyeras lo que dicen los analistas, estrategas y políticos de EU. Por ejemplo, los documentos de seguridad nacional del Pentágono. No es conspiranoia o una excusa para los gobiernos incompetentes. EU es un poder hegemónico en el sistema internacional que tiene unos intereses nacionales, que en realidad son de una clase dominante, y operan el mundo en función de ellos.

Pero este no es un debate ético de si son buenos o malos, es simplemente ver cómo actúan y luego, uno se puede posicionar. Hay quienes les parece fantástico y lógico que un estado con proyección imperial lo haga. Y hay quien considera que está mal porque afecta a sus intereses y sus soberanías están cuestionadas.

En Cuba, los hay que ven en EU al liberador y los que lo ven como el invasor. 

EU decidió bloquear a Cuba e impedir su desarrollo económico de manera más libre por el hecho de que se alineó en el bloque socialista. Y dentro de la isla, hay personas que, creo que mayoritariamente, apoyan su proceso revolucionario, su soberanía y aunque quieren cambios, para que sus condiciones materiales de vida sean mejores, no es un cambio de régimen sino mejorar el socialismo. Luego hay sectores, minoritarios, que no están de acuerdo.

Lo que pasa es que afuera solo está la visión de los cubanos que no están de acuerdo y se presentan como mayoritarios, pero eso no se sostiene. Decir que Cuba es una dictadura es no entender qué es un sistema diferente, con fuentes de legitimidad distintas a las democracias liberales y esas explican que esté ahí ese sistema a pesar de todas las dificultades.

Explícame esto.

Cuba es una democracia socialista que tiene una lógica de funcionamiento diferente: se vota, porque hay un desarrollo de democracia participativa, no es solo votar cada 4 años, y se delega en unos representantes. No se entiende porque estamos acostumbrados a entender la democracia solo en términos liberales, con partidos políticos y separación de poderes. Se dice que en Cuba no se elige directamente al presidente, pero en EU tampoco. En EU se eligen a unos compromisarios que eligen al presidente. La diferencia es que ahí nadie dice que eso invalida la democracia.

¿Y qué pasa con la (no) oposición política?

La hay, lo que no se permite en Cuba es la gente que recibe financiamiento de EU para subvertir el orden, al igual que en el capitalismo tampoco se permite. En Cuba hay representantes de partidos políticos, lo que pasa es que no son legales, hasta la fecha. A lo mejor el sistema cubano cambia y en determinado momento, acepta que haya otros partidos.

Hay que entender que no todo el mundo involucrado en política en Cuba pertenece al partido comunista de Cuba, aunque este sí tiene la conducción del Estado. Esto es innegable.