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Entrevista

Jon Bon Jovi, sobre la riqueza, el amor y su pelea con Trump: ‘Me dejó cicatrices’

El cabello largo y la grandilocuencia se acabaron hace mucho pero queda el cantante y el escritor de canciones. Habla sobre política, dolor y sobre cómo conoció a su esposa en clase de historia.

Jon Bon Jovi: 'Estaba realmente sorprendido por las profundidades a las que llegó Trump'. Fotografía: Drew Gurian / Invision / AP

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Jon Bon Jovi me canta Livin’ on a Prayer. Y no se trata de un sueño de pandemia, está pasando en realidad.

Tommy used to work on the docks…” empieza, tocando una guitarra que saca de la nada. Todavía tiene mucho pelo y lo mueve al ritmo de la música. Dice que es el único de sus colegas que se atreve a dejarlo encanecer.

Después me pongo a averiguar qué tanto cuesta contratar a Bon Jovi para una fiesta privada. “Más de 1 millón de dólares” es el mejor precio. Todo lo que hice fue preguntarle que si estaba cansado de que le pidieran que cantara su mega éxito. La respuesta, aparentemente, es no.

Union’s been on strike, he’s down on his luck…” continúa. 

Pasar de cero a causa del confinamiento a millones de kilómetros por hora por un concierto privado de Bon Jovi es una locura y le digo que me voy a desmayar. Se ríe con esa risa de los hombres que no están desacostumbrados ni odian la adoración femenina.

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“Esa canción. ¡Qué bendición! Pero Dios, ¿quién iba a saber? Nosotros no, te lo aseguro. La hicimos en un día en el que nadie tenía ideas, sólo hablábamos y salió. Estoy muy feliz de que lleve mi nombre por allí”, dice con una mueca.

Así que ¿no sabías que iba a ser un éxito cuando la escribiste?

“Para nada. Me acuerdo que salí del cuarto con Richie Samora, el segundo hombre más famoso de la banda, pero que ya no forma parte de ella, y dije: ‘Está bien. Tal vez la deberíamos poner en la pista sonora de una película’: Richie me miró y me dijo: ‘Eres un idiota… es muy buena’. Y yo dije: ‘No sé a dónde va a parar’. Todavía no tenía ese boom, boom, boom, del bajo, así es que sonaba como algo de The Clash”.

¿Te alcanzó para comprar una casa?

Bon Jovi me mira como si le hubiera preguntado sobre los hábitos de los osos en los bosques.

“Le compré casas a muchas personas”, dice.

Bon Jovi tiene 58 años y está hablando conmigo por Zoom desde su casa en Nueva Jersey. “Soy el príncipe de la corona de Nueva Jersey”, declara, lo cual puede ser cierto. Uno de sus álbumes más vendidos lleva el nombre del estado y sigue viviendo en sus rumbos. Aunque ambos sabemos que si Bon Jovi es el príncipe de Nueva Jersey, Bruce Springsteen es el rey. Por lo poco que alcanzo a ver de su casa, tiene unas hermosas paredes de madera y no es demasiado llamativa. “Mi vida es mucho más normal de lo que puedan imaginar”, dice la sexta estrella de rock más rica del mundo, en una lista entre Sting y Elton John. “No hay discos de platino en las paredes de mi casa. Las trampas de la fama del rock nunca formaron parte de mi casa”. Él y su esposa desde hace 31 años, Dorothea, tienen  cuatro hijos: Stephanie, 27, Jesse, 25, Jacob, 18 y Romeo, 16. Cuenta que durante mucho tiempo “mis hijos más chicos no sabían qué hacía yo”.

Estamos hablando hoy porque su último sencillo, Story of Love, de su álbum 2020, va a salir en Reino Unido. Para cualquiera que piense que Bon Jovi es el mismo de la era de Livin’ on a Prayer, con las guitarras y el pelo, podría sorprenderse un poco con él en 2020.  Se trata de una reflexión sobre el año, sobre el control de armas, Lower the Flag, la crisis del coronavirus, Do What You Can, y el movimiento del Black Lives Matter (BLM), la hermosa American Reckoning. Tal vez quieras pensar que no necesitas la opinión de Jon Bon Jovi sobre el BLM, pero no son necesarias las razones. Igual que como lo ha hecho en su carrera de 40 años, su música es sólida y sus letras sinceras, y la verdad, me quito el sombrero ante este hombre que se comprometió con el momento porque el Señor sabe que no necesita hacerlo. Cuando empezó la pandemia, en lugar de correr a una casa en la playa, Bon Jovi se puso a lavar los trastes todos los días en JBJ Soul Kitchen, una de las cocinas comunitarias que estableció cerca de su casa en donde se servían comidas gracias a donativos o trabajo voluntario. En comparación con las acciones de otras celebridades, tal vez eso sea mejor que subir un video de ti mismo cantando Imagine.

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Cantar sobre el costo humano de la ley de armas de EU puede tomarse como escoger un bando. ¿No le preocupa alienar a sus fans? “Hay hombres en mi escenario que ven las cosas de otra forma, pero no dejo que nuestras diferencias se interpongan. Nunca quise ser cautivo del escenario. Yo vivo mi vida como quiero”, dice.

Es la primera vez que hablamos, Bon Jovi estaba a 48 horas de actuar en una celebración televisiva por la toma de posesión de Biden. Este es su segundo evento inaugural, después de cantar para Obama en 2009. Bon Jovi se empezó a llevar con políticos cuando “un gobernador de nombre Bill Clinton” le llamó en los 90 y desde entonces ha estado muy involucrado. “Si Al Gore hubiera ganado yo sería el secretario de entretenimiento”, bromea. En 2015 permitió que el gobernador republicano de Nueva Jersey, Chris Christie, utilizara su música en la campaña. Springsteen se ha negado en repetidas ocasiones a las peticiones de Christie, que es súper fan, de tocar en sus eventos. ¿Desaprueba que Springsteen no quiera pasar al otro lado?

AFP PHOTO / bideninaugural.org / Cortesía 

“No sé cómo haya tratado Bruce a Chris, así es que no puedo hablar al respecto. Pero yo sería un hipócrita si te dijera que escribo canciones que dicen que soy un testigo de la historia, y después no escucho a los del otro lado”, dice.

¿Permitiría que Donald Trump usara su música?

Se estremece como si alguien lo hubiera atacado físicamente. “¡No! ¡No, no, no! No estamos de acuerdo en nada, ni en cómo manejó la crisis del Covid-19, ni la migración, ni el acuerdo de París, nada! ¡No, no!”

Bon Jovi y Donald Trump tienen una historia muy loca. En 2014, el cantante, junto con unos inversionistas canadienses, trataron de comprar el equipo de la NFL de los Bills de Buffalo, y se lo ganaron a Trump. Pero de repente había un sentimiento anti Bon-Jovi en Buffalo, NY. Había zonas libres de Bon Jovi, grafitis y comentarios negativos que surgían del rumor de que él y sus socios querían llevar el equipo a otra ciudad. Bon Jovi lo negó totalmente, pero los Bills tomaron la oferta de un tercer postor y eso fue el fin del asunto. Pero hace tres años se supo, inevitablemente, que la campaña anti Bon Jovi había salido de un estratega político, Michael Caputo, que fue contratado por Trump.

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“Me impresionó realmente hasta dónde llegó Trump. Ni siquiera estaba calificado para comprar el equipo, porque hay que presentar informes de impuestos, y él nunca hizo el papeleo. Prefirió hacer esta cosa como de asesino entre las sombras para ver si podía comprar al equipo a precio de ganga. Pero no pude entender cómo crearon este chisme. Hizo mucho daño”, dice Bon Jovi con los ojos bien abiertos.

Cuando Trump no pudo comprar el equipo hizo su berrinche y se lanzó por la presidencia. Mejor le hubieran dado el equipo, digo.

“Sí, por el bien del mundo, definitivamente se hubiera quedado con el equipo”, y se ríe.

Caputo trabajó para Trump cuando era presidente y lo interrogaron durante la investigación  de la interferencia rusa en la elección de 2016. El pasado septiembre se reportó que Caputo orquestó una campaña de presión para que se alteraran reportes oficiales de la crisis del Covid-19 para que fueran más favorecedores para Trump.

Supongo que con lo de Buffalo vivimos una página del libro de juegos de Trump”, dice Bon Jovi.

¿Qué se siente ver a su némesis convertirse en presidente dos años después de la batalla en Buffalo?

Duda. “Bueno, como la mayoría de todos los estadounidenses, tengo que apoyar a la oficina del presidente… mira que político sueno… ¡Sólo estoy tratando de no decir un montón de maldiciones. La verdad es que estaba decepcionado”.

A veces en las entrevistas, Bon Jovi puede sonar monótono y aburrido al hablar de las mismas cosas durante tantas décadas. Pero hoy se ve muy interesado y le pregunto que si es porque estamos hablando de política y no de música.

“Bueno, todo el mundo es un quarterback de sillón cuando habla de política”, dice.

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¿Así es que no está pensando en dar el giro a la política para pasar el día discutiendo con republicanos como el líder de la minoría del senado MItch Mc Connell?

“O con Chuck Schumer”, agrega, nombrando al líder demócrata del senado para hacer un balance. “Es una porquería… te vendes a ti mismo y a tu alma. Diablos no”.

John Bongiovi Jr nació y creció en Nueva Jersey y es hijo de dos exsoldados. Empezó a hacer música desde niño y escribió Runaway, que sería su primer éxito, cuando tenía 19 años. A los 21 tenía un contrato con una disquera y una banda con su nombre, su cara y de la que era jefe, una especie de dictador benévolo, insiste. Al principio se les comercializaba como hard rock y sí parecían, pelo largo, pantalones entallados, pero Bon Jovi tenía otro plan.

“Yo dije: ‘Quiero una gira con the Cars y Bryan Adams y todos estos grupos de pop,’ y mi manager dijo: ‘No. Van a tener que aprender a tocar con Judas Priest y Kiss y The Scorpions. Esas audiencias son leales. Las audiencias del pop son volubles’”. Así es que los mandaron a abrirle a Judas Priest, “una banda de heavy metal que nunca había escuchado”, dice Bon Jovi. Ganaron mucho público pero en el backstage seguro se veían raros porque a diferencia del resto de la escena de los 80, Bon Jovi nunca tuvo problemas de abuso de sustancias. Todo esto trabajó en su favor. Además de su carrera poco usual, o tal vez única, y de su estabilidad marital, Bon Jovi a los 58 parece un hombre que pasó su juventud en retiros de yoga y no de fiesta con Aerosmith. ¿Cómo resistió cuando era tan joven?

“Para ser honestos, no tenía la capacidad de manejar las drogas. No me divertían, no necesitaba enterrarme emocionalmente, así es que no tenía sentido”.

¿Sería porque tuvo estabilidad emocional de niño?

“Mi niñez fue tan complicada como la de todos, pero no lo suficientemente mala como para empezar a usar drogas. Muchos amigos murieron o tuvieron problemas en su vida personal, pero yo no tenía la necesidad ni las ganas”, dice.

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Jon Bon Jovi y Richie Sambora en concierto, Dublin, mayo 2006. Foto: James Anderson/Wikicommons

Cuando la banda hizo su tercer álbum, Slippery When Wet, Bon Jovi estaba harto de que lo vendieran como algo que no era y tomó el control y empezó a contar historias. La música seguía siendo rock, pero las letras eran sobre Tommy y los muelles. Al público le encantó y Slippery When Wet se vendió por millones. Sus sencillos You Give Love a Bad Name, Wanted Dead or Alive, Never Say Goodbye y, por supuesto, Livin’ on a Prayer lo convirtieron en uno de los álbumes imperdibles de los 80. Le siguió New Jersey, con Bad Medicine, I’ll Be There for You, Lay Your Hands on Me, y después el cambio a los 90 cuando Bon Jovi se cortó el pelo y suavizó un poco el rock con Keep the Faith y These Days. Cada vez sus baladas se volvieron más famosas como in These Arms y Always. Vendió más de 100 millones de álbumes y se volvió actor y era bueno, sorprendentemente. Apareció en Moonlight and Valentino, como pintor musculoso. En Ally McBeal como plomero musculoso, y en Sex and the City como fotógrafo musculoso. ¿Le molestaba rentar sus músculos?

“Por supuesto que no. Nunca fui a la Compañía de Shakespeare”, y se ríe. “Nadie ha podido hacer ambas cosas, música y actuación. Madonna, Sting, Phil Collins lo intentaron y fracasaron. Tenía ganas de conseguir un trabajo y dije: ‘Hago el papel pequeño, el del fortachón’, sólo para tener la experiencia”.

No necesitaba el dinero. Dice que quería una lección de “humildad” y, por supuesto, “amar el oficio”, lo cual parece un eufemismo de necesitar un cambio. Los productores le dijeron que si dejaba de hacer música le darían papeles más importantes pero el atractivo de Hollywood ya se había pasado.

“Me compré la casa en Malibú, vi a los tipos que te ven por encima del hombro mientras piensan si tienen que ir a ver a otra persona. Ese estilo de vida me pareció muy insípido. No podía esperar a salir de allí”, dice.

Los críticos dicen que Bon Jovi, la banda y el hombre, se han vuelto muy corporativos, muy cursis. Y en parte es así, pero no ven el punto de que hay una razón por la cual Bon Jovi es este fenómeno. Siempre ha sido un controlador, de sí mismo y de su banda, como admitió en su éxito del 2000  It ‘s My Life, y sabe lo que necesita su banda para sobrevivir. La estabilidad que tiene no es la de una estrella de rock. Se casó con su novia de la prepa y lleva con ella más de 40 años. “Se sentaba junto a mi en clase de historia y eso fue todo”, dice. Sus compañeros de banda, Tico Torres y David Bryan han estado con él desde el principio. Los cambios de planes lo alteran muchísimo: dice que le costó cinco años reponerse de  la debacle de Buffalo. La salida de Sambora lo alteró tanto que dice que estuvo en “un lugar oscuro” durante 3 años. ¿Están en contacto ahora él y Sambora?

“No. Él decidió hacer lo que hizo pero me rompió el corazón porque me encantaba tenerlo en la banda, amaba mi banda. N había razones en el mundo para no seguir con ella por su incapacidad de continuar”, dice, y se ve que todavía le duele.

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Por sugerencia suya, hablamos dos días después de la toma de posesión. Para la sorpresa de muchos, en lugar de recurrir al catálogo de la banda, cantó Here Comes the Sun de los Beatles. “Nunca había sentido tantas ganas de cantar esa canción. Fue catártico”, dice. Al principio extrañé toda la pompa de Bon Jovi, pero cuando el sol se elevó detrás de él mientras cantaba, no me quedó duda de que el hombre sabe trabajar el momento. Pero la grabación de mi presentación privada de Livin’ on a Prayer durará para siempre.

The Guardian
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