Inundaciones como la de Tula necesitan un nuevo modelo de drenaje, no uno de hace 400 años
El agua superó el metro de altura en algunas partes anegadas el pasado 6 de septiembre. Foto: Facebook / Ayuntamiento de Tula de Allende

Con el modelo de ingeniería que aún se aplica en la cuenca del Valle de México, de sacar el agua de ahí para llevarla al Golfo de México vía el río Tula, las inundaciones como la que vimos el pasado 6 de septiembre en esa localidad hidalguense y sus alrededores se repetirán, incluso con una obra como el ensanchamiento que dejó pendiente la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en 2017, consideran expertos.

En un documento difundido este lunes por parte del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), los ingenieros Laurent Courty, Juan Carlos Centeno Álvarez y Adrián Pedrozo-Acuña explican que el modelo mismo en el que se basa la atención de las inundaciones tiene cuatro siglos de antigüedad y sigue el principio de desalojar el agua de la Ciudad de México para llevarla al Valle del Mezquital, en Hidalgo, en Atotonilco de Tula, donde se encuentra una planta de tratamiento de agua cuya capacidad es de apenas 23 metros cúbicos por segundo, casi seis veces menor al volumen que sale por el Túnel Emisor Oriente, de hasta 150 metros cúbicos por segundo.

La preocupación principal ha sido la disminución de las inundaciones en la Ciudad de México, mientras que los impactos de dichas obras sobre los ríos Tula y El Salado y sus comunidades aledañas quizá no recibieron la atención suficiente. Si bien existe un proyecto de rectificar y ampliar el río Tula en el cruce de la zona urbana de Tula de Allende, dicho plan responde al mismo enfoque: aumentar la capacidad del cauce para evacuar el agua lo más rápidamente posible”, señala el análisis.

Dicho plan se frenó en 2017 tras las protestas de grupos ambientalistas locales que acusaron la tala de más de 1,500 árboles en la zona, además de pretender dañar hasta 9,000 especímenes. Tras la suspensión de la obra, refieren los ambientalistas, las autoridades se comprometieron a buscar una propuesta alternativa, misma que sigue pendiente. Sin embargo, autoridades a través del secretario de Gobierno, han reprochado esto a los activistas e incluso los han responsabilizado por la tragedia que causó la muerte de 17 personas y dañó a más de 70 mil habitantes de la zona.

“Hoy vemos las consecuencias de no haber actuado con ese sentido de responsabilidad, pero creo que no nos debe volver a pasar”, señaló, según Milenio.

“Como tal, entiendo que no hay un tipo penal para esa conducta, creo que fue un error, yo creo que ellos en su conciencia lo llevarán y sobre todo, está el antecedente de que la sociedad principalmente de Tula conoce cuál fue el actuar de esas personas”.

El documento “Las inundaciones en el valle del Mezquital: un síntoma de los límites de la ingeniería convencional” agrega que el sistema de drenaje de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) cuenta con varios factores que vuelven más complejo el problema, por lo que requiere la coordinación de la Conagua con los órganos responsables en la Ciudad y el Estado de México: el Sistema de Aguas de la capitalino (Sacmex) y la Comisión del Agua mexiquense (CAEM).

“Durante una lluvia intensa, los operadores de la red tienen la difícil tarea de decidir a dónde llevar el agua, y en casos extremos, dónde inundar. Estas decisiones son sumamente políticas (Chahim, 2018), y tienen que tomarse desde un punto de vista no solo técnico, si no también ético y de la política pública”, refiere el análisis.

Algo similar a lo que explicó el presidente Andrés Manuel López Obrador en noviembre de 2020, cuando en un video difundido en redes sociales, reconoció que ante la gran cantidad de agua acumulada por los huracanes en el Golfo de México habían saturado las presas, por lo que se tuvo que decidir si se inundaba la ciudad de Villahermosa o las comunidades vecinas de Nacajuca, donde, dijo entonces, viven “los chontales, los más pobres”.

De acuerdo con reportes del Servicio Meteorológico Nacional de la Conagua, las lluvias de ese día no fueron extraordinarias y estuvieron en los niveles más bajos de intensidad fuerte a muy fuerte. Por lo que en caso de presentarse lluvias extraordinarias en la zona del Valle de México o del Mezquital, un desbordamiento como este podría repetirse.

No solo drenaje, también abasto

El documento enfatiza en un segundo punto importante: dar una visión integral al tema del agua en la cuenca del Valle de México y no solo preguntarse por la salida del agua sino también por su llegada.

El análisis del IMTA expone que el agua que se utiliza para el consumo humano en la CDMX proviene de ríos que se desvían pero cuyo cauce se dirige al océano Pacífico, mientras que el desagüe busca sacar ese volumen adicional del agua por un afluente que derive en el Golfo de México.

“La mayor parte de esa agua termina en el drenaje y, subsecuentemente, en el río Tula, lo que implica que el sistema hídrico de la ZMVM funciona como un inmenso sistema de trasvase de agua”, acota.

A ello se suma un tercer elemento, según Courty, Centeno Álvarez y Pedrozo-Acuña: la extracción de agua de los mantos acuíferos subterráneos de la capital sumado a la falta de áreas de recarga debido a la cobertura con asfalto y cemento del área urbana, lo que ha intensificado el hundimiento de la ciudad.

Ello se materializa no solo en los 10 centímetros en promedio la Ciudad de México o la baja en el nivel del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México de hasta 30 centímetros, sino también en el propio drenaje. El Gran Canal de Desagüe, construido en 1900 con una pendiente de 19 cm por kilómetro se hundió tanto que para 2007, su capacidad se había reducido prácticamente a una novena parte, por lo que hacia ese año se tuvieron que instalar plantas de bombeo para sacar el agua del drenaje de la CDMX por la entonces principal vía de desagüe.

Ante este escenario, los investigadores del IMTA proponen que se plantee un esquema de solución más allá de solo contener y mover volúmenes de agua, sino que se consideren medidas urbanísticas, sociales y políticas.

En una entrevista el pasado 7 de septiembre, al día siguiente de la inundación en Tula y Ecatepec, la doctora Judith Domínguez, de El Colegio de México explicó a La-Lista que las medidas preventivas deben considerar alternativas de prevención y resiliencia ante este tipo de fenómenos, que aumentarán con los efectos del cambio climático, y no solo con infraestructura sino con información a la sociedad, así como fomentar el trabajo conjunto entre la Conagua y las autoridades de Desarrollo Urbano. “Ahora tenemos que planificar pensando conjuntamente el agua y el territorio”, indicó.

En la misma tónica, el documento del IMTA refiere que urge un programa de comunicación social del riesgo por la inundación para que los propios habitantes conozcan los riesgos a los que se exponen con la inundación, así como lo que tienen que hacer antes y durante una anegación.

Vecinos consultados por La-Lista después de la inundación reprocharon que las autoridades no avisaron con anticipación como en años anteriores del riesgo de que el río se desbordara, por lo que muchos de ellos no tomaron las medidas usuales, como evitar dejar productos o bienes en las partes bajas de sus casas o negocios.

“La atención a la inundación del río Tula en Hidalgo requiere no solamente de un proyecto de rectificación del río, sino también es vital incorporar medidas complementarias que nos permitan preparar y proteger a la población, prevenir los daños que se generan y aliviar los impactos una vez que el fenómeno se ha dado. Esto requiere de una ingeniería moderna, que permita crecer al río al mismo tiempo que damos seguridad a la población”, sentencia el documento.