Kamala Harris y sus colegas no se resisten a Vogue, aunque luego terminan llorando
Hillary Clinton, Melania Trump, Michelle Obama y Kamala Harris en la portada de US Vogue Composición: Guardian Design; David Levene/The Guardian; Saul Loeb/AFP via Getty Images; Jae C Hong/AP; Tyler Mitchell/Vogue

Cuando Theresa May apareció en la portada de US Vogue en 2017, ni su selección anodina de un vestido de una marca de lujo británica LK Bennett la salvó de que este periódico considerara que la sesión de fotos de Annie Leibovitz era un “momento de definición” que, al “igual que Margaret Thatcher en la torreta del tanque que parecía una mezcla de Boadicea y Lawrence de Arabia … podría convertirse en el significado de todo lo que estaba mal en su estilo de primera ministra”. Los brazos de Michelle Obama aparecieron al menos tres veces en la portada de Vogue durante sus años en la Casa Blanca, lo cual causó escándalo y furor por la vista de sus tríceps tonificados.

Una aparición política en Vogue es un tema tan candente que provoca controversia aunque no suceda. Recientemente Donald Trump se quejó porque la “elitista” Vogue le había hecho el feo a Melania ya que nunca apareció en la revista en los últimos cuatro años.

El debut de la vicepresidenta electa Kamala Harris en Vogue en el número de febrero de la edición de EU es la portada más reciente de una larga lista de portadas políticas que son motivo de controversia en los medios. La publicación se hizo el sábado pasado en las redes sociales y las diferencias entre la versión impresa y digital generó una oleada de críticas. Que si había blanqueado el tono de piel con una iluminación descuidada o que no se tomaron en cuenta cuestiones culturales. Que si era irrespetuoso presentar en la edición impresa a Harris con sus tenis Converse usados sin hacerle la transformación que se merecía. Que si se hizo creer al equipo de Harris que el retrato más formal con el diseño de Michael Kors, aparentemente destinado a la edición digital, estaría también en la edición impresa…

Vogue Magazine: La vicepresidenta electa Kamala Harris es la estrella de la portada de febrero!

Vogue defendió las imágenes que muestran a Harris con “su mejor look casual” y con “elecciones que ella misma tomó”. Tyler Mitchell, quien en 2018 se convirtió en el primer fotógrafo afroamericano en tener una portada en US Vogue, explica en un artículo en línea que se escogió el fondo rosa y verde para honrar a la hermandad de Harris, Alpha Kappa Alpha, de la que también fue miembro la tía de Mitchell. Mitchell, quien “desde muy pequeño creció entendiendo profundamente la rica historia de estas sororidades y su importancia… quería que el set rindiera homenaje a esa historia, al estatus de Harris como AKA, y a las sororidades de mujeres de raza negra y a las hermandades de todo el mundo”.

Una aparición en Vogue de las mujeres de la política casi siempre provoca controversia pero la invitación aparentemente es irresistible. Ser la estrella de la portada, especialmente de Vogue, es como ser el avatar de un momento cultural. Que tu imagen aparezca bajo las letras de Vogue es tal vez lo más cercano que puede tener una figura pública a aparecer en un timbre postal o en un billete, mientras aún vive. Y siendo que  el paisaje de los medios está cada vez más desdibujado, una portada de Vogue se convierte en  una herramienta para llegar a audiencias dispares. Se comparte en Instagram, se comenta en los periódicos, y se encuentra a la salida de los supermercados.

Cuando Hillary Clinton apareció en la portada de Vogue en 1998 lo hizo en un vestido largo de terciopelo y aretes de perlas, sonriendo beatíficamente desde una banca tapizada en rojo y dorado y junto a una urna de la que caían rosas rojas. Las letras de Vogue estaban escritas en dorado, justo encima del marco de una de las pinturas al óleo de la pared.  El mensaje era claro: una portada de Vogue es lo más parecido a un retrato oficial de la cultura pop. Esa es la razón por la que la última portada de Vogue no es realmente sobre la iluminación de Mitchell ni  sobre los zapatos de Harris. En realidad estos retratos son como una caña de pescar iluminada para un país que se encuentra en un momento de reconocimiento cultural sobre género, raza y poder.

Las imágenes relajadas y sonrientes se tomaron durante la temporada de descanso postelectoral de noviembre, pero se publicaron en línea apenas unos días después del ataque al Capitolio que hizo que el tono emocional de la política volviera a ser febril. Tal vez sea esto lo que los dejó fuera de lugar con este momento tan particular. En el retrato más informal, los pantalones negros de Harris se arrugan un poco en las rodillas. Se trata de un defecto muy pequeño pero es el tipo de defectos que uno esperaría que un asistente atento corrigiera antes del click. Tal vez el equipo editorial consideró que la informalidad iba mejor con la era del WFM, Works For Me, o a mí me funciona, que algo demasiado cuidado.  Tal vez la idea era recordar los ya famosos leggings de Harris en su momento de victoria. “¡Lo logramos, Joe!”

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Obviamente, cualquier parecido con la portada de Newsweek de la excandidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, que posó en su ropa de entrenamiento no es intencional.  La editora en jefe Anna Wintour, quien después de una relación muy estrecha con los Obama se autoimpuso el exilio político de los círculos de poder durante el gobierno de Trump, seguramente tratará de demostrar su amistad y alianza con la futura administración demócrata.

La revista Vogue británica es ahora más política que nunca. Lleva su corazón de activismo en la portada, que es el equivalente de la manga de la revista. Las estrellas más recientes de sus portadas han sido los trabajadores de primera línea y el goleador del Manchester United, Marcus Rashford, quien ha sido una de las figuras públicas de alto perfil que han presionado a los legisladores para que se haga un cambio social progresivo, y eso cuenta como figura política. También apareció la primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, quien apareció en la portada de agosto de 2019 de las 15 Fuerzas para el cambio.

Los políticos británicos, sin embargo, son notables por su ausencia. Y si llegara una invitación halagadora a la charola de Westminster, tendría que aprobarse con cautela. Una portada de Vogue siempre te pone bajo los reflectores, pero la iluminación no siempre te favorece.  

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