Puesta en escena
Causa en Común *El autor es director general de Causa en Común
Puesta en escena
Foto: LopezObrador.org.mx

Avanza en México, a paso redoblado, el afán militarista.

Se trata no sólo de que las Fuerzas Armadas sustituyan policías y a todo tipo de autoridades civiles, ni de que se les otorguen muchos contratos, sino de que al final apuntalen un pretensión política.

Es curioso que el proceso agarró vuelo con una reforma constitucional que, a pesar de sus evidentes trampas, fue aplaudida por liberales que antes montaban algún sainete por una ley o un reglamento.

El caso es que, ya encarrilado, el gobierno advirtió que la pandemia aceleraría procesos. Y sí, ya es nítida la imagen de lo que se quiere. El escenario, las sucursales bancarias “para el bienestar” o casas de campaña (política, se entiende) o, como bien define el gobierno, “centros integradores”, muchos de ellos parte de la nueva obra encargada al Ejército.

Los actores, en dos niveles, los de reparto, que son el personal médico para inocular, y los soldados “para cuidar”; y luego los meros, meros, los protagonistas, los promotores electorales, los “siervos”, los de la nación, los de MORENA, los de ya se sabe quién.

Como estampita de nacimiento, ésa será la escena que se multiplicará por miles todos los días, durante meses. Más descaro, imposible, y por lo mismo ilustra bien la visión que se pretende imponer y perpetuar. 

De vuelta a uno de los actores de reparto, las Fuerzas Armadas, no se requiere imaginación alguna para proyectarlas, o parte de ellas, encaramándose en un movimiento que promete más dinero y más espacios. Se insiste en la obviedad de que eso significa mayor poder. Pues sí, pero nada llega gratis, y menos el poder.

Las Fuerzas Armadas saldrán lastimadas porque su estructura y sus procesos son incompatibles con la función de seguridad pública, y no podrán cumplir con la responsabilidad constitucional y política que les endilgó este gobierno. Sabemos que nuestras policías no están bien preparadas, pero podrían estarlo; un Ejército, nunca

Saldrán lastimadas porque su nueva faceta contratista, en tanto melcocha de interés publico e interés privado, no sólo es incompatible, sino que es opuesta a la función de garantes del Estado. Saldrán lastimadas porque la sobrecarga de responsabilidades y la exposición política les dará espacios, pero eso también significa subirse a la palestra, y en el régimen que sea, y con la opacidad que se quiera, tendrán que rendir cuentas de alguna manera. 

Con todo el confeti y algodón que hoy se les prodiga, el camino que recorren tampoco es una tersa pasarela que digamos.

La enorme presión operativa a la que están sujetas contrasta con la comodidad de quienes hoy usan ataques idénticos a los que antier profería el candidato de MORENA a la presidencia. Si la acometida y los apapachos emergen de la misma trinchera, las conclusiones son obvias.

Criticaban lo que anhelaban, y hoy se sirven de ellas, de sus capacidades, de su prestigio, de su disciplina. Las usarán cuando convenga, como pretexto o parapeto político; eventualmente, se les requerirá como el engrane de fuerza propio de cualquier autocracia. 

Hace un año se dijo: “Me están apuntalando. Se han portado muy bien los militares… Siempre me dicen ‘sí se puede, sí lo hacemos, va’”. Muy bien, pero al rato, quizá no falte mucho, ya no serán actores de reparto, y ya no vamos a saber quién jala y quién empuja. Y entonces sí habrá otro régimen.

Mal desenlace para instituciones de bien ganada valoración social. Y mal desenlace para todos los demás. O casi… Quien quita y volvamos a sorprendernos de quiénes son los que acaban aplaudiendo.