A fuerzas apliqué el ‘Dry January’ (no soy un mal mexicano)
Ángel Guardián
A fuerzas apliqué el ‘Dry January’ (no soy un mal mexicano)
Foto: viktor-talashuk/Unsplash.com

Hay una costumbre que inicio en Europa, se extendió a EU y a varios otros países que en México sería casi imposible aplicar.

Me refiero al Dry January, que básicamente consiste en hacer el compromiso (o manda, como decimos muchos acá) de dejar de beber en enero; una especie de programa detox por los excesos de diciembre.

Como muchas ‘tradiciones’ que se han esparcido por el mundo, el Dry January tiene orígenes varios, pero hay dos corrientes principales.

Una dice que se originó en Finlandia, en 1942, cuando el gobierno finlandés lanzó la campaña Sober January (enero sobrio) a fin de crear un sentimiento nacionalista que contrarrestara las acciones bélicas tanto de los nazis como de los soviéticos.

La otra versión es más reciente y señala que el enero seco se originó en el Reino Unido en 2013 en donde la ONG Alcohol Change lanzó un reto para reunir dinero para combatir el abuso etílico.

En fin, que la moda prendió y llegó a más países, como EU, donde muchos lo toman como una manera de expiar los excesos decembrinos.

Decía que es muy difícil que esa costumbre, o moda, o lo que sea, se instalé en México por nuestro muy propio y venerado maratón Guadalupe-Reyes, el cual dura casi un mes.

Bueno, querido lector, si ya llegaste hasta acá, te contaré que el mes que terminó para mí, en términos etílicos, fue un Dry January. Pero no es porque hubiese querido sumarme a una enajenante moda, por más sana que pudiera sonar.

Mi ingreso por ese mes en las filas de la sobriedad total se debió a mi contagio de Covid. Mi enfermedad fue diagnosticada el 27 de diciembre y, afortunadamente, los síntomas que tuve fueron leves.

Así que luego del recalentado posnavideño, ninguna gota de alcohol. Ni en vísperas de Año Nuevo, ni el 1 de enero ni en Reyes…

Además de lo cuidados recomendados, hice caso a la máxima de la Organización Mundial de la Salud de que el alcohol sí destruye al virus que causa el Covid-19, pero no consumiéndolo. Al contrario, el consumo incrementa los riesgos para quien da positivo.

Así que, adiós enero seco. Bienvenido febrero. No tengo planeada una francachela ni nada, pero es muy probable que un día de estos destape una cerveza o recurra a un mezcalito para brindar, ahora sí, por este año que, ojalá, resulte menos ominoso de lo que promete. Mi ‘Dry January’ fue obligado por las circunstancias, no soy un mal mexicano. Salud.