‘De malas y vendiendo’
Ángel Guardián
‘De malas y vendiendo’
Foto: AFP

Hace años mis tías proferían una frase que al principio se me hacía muy rara, críptica, como casi todo lo que provenía de las generaciones de antes. En muchas situaciones en las que tenían que ‘apechugar’ o ‘hacer de tripas corazón’, a la pregunta de “Tía, ¿cómo estás?” La respuesta era: “Como la tamalera, de malas y vendiendo”.

Al paso del tiempo pude comprender lo reveladora de esa frase. Supongo —y digo supongo porque la sabiduría popular nos da la vuelta cuando queremos explicarnos algo con tanta pirotecnia verbal— que más que una cuestión literal de economía informal y malos humores, tenía que ver con las preocupaciones que tienen muchas mujeres que tienen que ser soporte de su hogar, en términos materiales e intangibles.

Aunque mucho hablamos de empoderamiento femenino, o del rompimiento del techo de cristal, la realidad es que en México las mujeres siguen arrastrando injusticias en el plano laboral que se han exacerbado con la pandemia.

Un dato simplemente: el IMCO, en un análisis sobre la evolución del trabajo femenino en la actual contingencia sanitaria, señala que la carga laboral y de cuidado del hogar ha caído de manera desigual en las mujeres.

El IMCO refiere que las responsabilidades domésticas y del cuidado las atienden las mujeres, que pasan 64% de las horas trabajadas en el hogar y 36% las dedican al trabajo remunerado. Es decir, las mujeres pasan casi dos terceras partes de las horas trabajadas semanalmente en labores del hogar y un poco más de una tercera parte a trabajar. Eso significa, ni más ni menos, que el trabajo que realiza la mayoría de las mujeres es o de medio tiempo, o caen en el terreno de la informalidad.

En cuanto a los hombres, el IMCO dice que pasan tres cuartas partes del tiempo de trabajo en actividades remuneradas y una cuarta parte la dedican al hogar.

En una proyección realizada ente abril y julio de 2020, el IMCO plantea que, en cuanto a la participación laboral en general de las mujeres, el promedio de empleadas y subempleadas pasó de 80.6% en abril a 67.3% en julio. En tanto el de trabajadoras independientes pasó de 14.5% a 22.8%. Cabe destacar que el porcentaje de mujeres empleadoras pasó en esos mismos meses de 1.8% a 2.8%. No parece una cifra enorme, pero indica su espíritu emprendedor que las lleva a “poner negocio” ante una crisis.

Sin embargo, como refiere un documento de trabajo del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública del Congreso, los negocios dirigidos por las mujeres han resultado más afectados que los que dirigen los hombres, 86.2% contra 76.7, respectivamente.
Y, dice este reporte, los pequeños negocios dirigidos por mujeres, en su mayoría, se desempeñan sin apoyos tecnológicos, sin locales fijos y, con cuando mucho, cinco empleados.

Así que lo que vemos todos los días, mucho del peso de esta pandemia cae sobre las mujeres, quienes no sólo trabajan más, sino que cobran menos y, para colmo, cargan con el mayor peso emocional. Tenían razón, siempre, mis tías.