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Miguel Angeles
Futuros alternos

Doce líneas (de pensamiento) sobre el Metro de la CDMX

Miguel Ángel Ángeles

Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera. No hay manera de que olvidemos que son ustedes piezas primordiales del rompecabezas que se está armando para conocer a quiénes corresponde responsabilizarse por lo sucedido.

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metro COLAPSO LINEA 12 LINEA DORADA DEL METRO
Foto: Carlos Ramírez/EFE

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En la Cámara de senadores el mensaje es claro. En las calles también. Por un lado, los visos de búsqueda de justicia se mezclan con intereses electorales; por el otro es una muestra de que la ciudadanía ya no se comporta como antaño. Nos hemos estado repensando y también rehaciendo. De ello tomaron ventaja quienes hoy están en el poder aunque parezca que estén usando el mismo manual que sus antecesores, a los que tanto criticaron. 

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Estas son 12 líneas (como las del Metro de la Ciudad de México) de pensamiento a propósito de la tragedia #MetroCDMX: 

  1. Hacerlo nuestro. No podemos verlo nunca más como ese espacio que damos por sentado como uno de los “mejores del mundo”. Lo ocurrido es producto de años de olvido y en ese olvido también estamos involucrados quienes hacemos uso de él. Nos toca exigir por el bien de lo que entendemos como ciudadanía que se le entienda como una prioridad para volver a verlo como un orgullo de lo que somos. 
  2. Crear ciudad. Entenderlo como un eje desde el que es urgente crear ciudad: más allá del reclamo que pide menos coches y clama por más transporte público, hacerlo un ejemplo de lo necesaria que es la planeación pero sobre todo, de los procesos de seguimiento y análisis. Ya vimos qué impacto tiene construir mal. 
  3. Descentralizar. Nada como la narrativa de estos días en los principales medios de comunicación y las respuestas en redes sociales, para recordarnos que lo que sucede en la República Ecobici© (esa que comprende solo lo que se ve en las guías turísticas) se queda en la República Ecobici© la mayor parte del tiempo. La desigualdad no se arregla en una terraza en una comida en medio del tintineo de un vino de Ensenada y un plato cruelty-free: se camina y se habla. No olvidemos esto en tiempos de campaña pero sobre todo recordémoslo en aras de ser la ciudad que necesitamos para ser lo que queremos ser: vamos juntos en este vagón llamado 2021 y nos toca responsabilizarnos.
  4. Transparencia. Es necesaria en el uso de los recursos. Se ha dicho mucho sobre los recortes presupuestales y la manera en que ello ha impactado. Desde los primeros momentos de la tragedia, la palabra “austeridad” tan emblemática de este sexenio no deja de resonar en las conversaciones y en los medios. Y guste o no a quienes están en la mira pública por este hecho, es vital que se haga un ejercicio de claridad en todo esto. La austeridad mal implementada puede matar, señor presidente. Y ello, está emparentado con la negligencia. 
  5. Empatía. Aunque el máximo dirigente de este país haya despreciado la palabra. Nos urge ejercerla, acercarnos a ella y con ello acercarnos a lo que implica. Los muertos en Tláhuac no somos todos: no nos equivoquemos. La tragedia otra vez nos recuerda las múltiples agendas pendientes que tenemos en cuestiones de desigualdad. Y para poder abordarlos hay que tener empatía. Cueste lo que cueste.
  6. Cercanía. Tláhuac no es otra nación. Todo el debate en torno a las llamadas “periferias” nos recordó el tipo de conversaciones que excluyen y no nos permiten entender que otras narrativas son posibles. Y no solo es una cuestión de descentralización como se menciona hace unos puntos: se trata de entendimiento. Hemos digerido la ciudad como algo que comprende apenas unas cuantas posibilidades, hoy en día más polarizantes que nunca. Y no somos eso: aunque ello pretendan quienes tienen en sus manos el poder o pretenden tenerlo. Todo camino lleva a la Roma pero si lo pensamos mejor: todo camino lleva a donde queramos llegar. Lleguemos: ya sabemos por dónde.
  7. Responsabilidad. Lo vimos ya en la manera en que desde los curules se dejó clara la postura que los intereses políticos de este país tienen sobre la impartición de justicia. ¿Somos eso? Me adelanto: no. No lo somos. Vienen por delante las elecciones más importantes de nuestra historia –como las han llamado– y en nuestro voto hay poder. Podemos: hagámonos responsables de mover de lugar esa espiral de entendimiento que nos hace creer en etiquetas partidistas y analicemos el voto desde las propuestas y las humanas y humanos que les representan.
  8. Justicia restaurativa. Porque se tiene que analizar a fondo la manera en que se acompañará a las personas directa e indirectamente afectadas. No todas vivirán la experiencia de la misma manera y, por ende, no todo se puede plantear como una solución que quepa en un cheque por 40,000 pesos, aunque este sea solo el primero de los pasos en el supuesto plan de indemnización. Estamos hablando de humanos con necesidades complejas. Y esto también incluye a quienes le necesitan para poder llevar dinero a casa en medio de la peor crisis económica de los últimos años.
  9. Protesta. Luego de lo visto en las marchas feministas en las que hay expresiones de protesta que son tildadas como “vandálicas”: ¿pretenderemos seguir en la negación de lo necesario y haciendo de quienes son rostros de la rabia, los y las acusadas? No se les olvide que más daño han hecho al #MetroCDMX todas las negligencias por parte de los involucrados en la construcción y puesta en marcha de la Línea 12 que cualquier pinta vista esta semana. No es ahí, gente.
  10. Prudencia. En tiempos de likes y Tik Tok hemos visto de todo. Incluso a esa vieja guardia abriéndose paso en la zona cero para lucrar y abonar con fines electoreros. A quienes están contendiendo por alguna candidatura no sobra decirles: les estamos viendo y de ustedes esperamos respeto y propuesta. La foto ya no les sirve y caminar por la zona cero no es caminar Tláhuac. Merecemos otra política y la estamos buscando. 
  11. Justicia real. Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera. No hay manera de que olvidemos que son ustedes piezas primordiales del rompecabezas que se está armando para conocer a quiénes corresponde responsabilizarse por lo sucedido. Ya no estamos en tiempos de chivos expiatorios. La ciudadanía, sobre todo en tiempos como estos, está más pendiente que nunca y no vamos a dejar que esto sea una estafa más de ese capítulo negro llamado “impunidad”. Así sea en las calles o en las urnas: este momento crucial derivará en otro momento crucial
  12. Democracia. Sí, es una realidad que tal concepto es joven en este país pero en ello no hay ya la excusa para seguir haciendo de la opacidad una constante. Esos famosos 30 millones de votos no hablan del triunfo de una propuesta política sino de la responsabilidad que ésta tiene con quienes mano a mano otorgaron su voluntad en función de lo prometido. Aunque cueste creerlo: esto que veremos en los siguientes meses es un ejercicio de democracia. Que no sea un ardid, cabe esperar. 

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