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The Guardian

El financiamiento de EU hizo posible los bombardeos de Israel sobre Gaza, ¿cuándo se detendrá?

Joshua Leifer

La opinión pública en Estados Unidos parece cambiar para favorecer los derechos palestinos, pero hay que ir más lejos para lograr cambios verdaderos.

La gente en Washington DC protesta contra los ataques israelíes contra los palestinos. Fotografía: Agencia Anadolu / Getty Images

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Los encabezados hablan principalmente de “choques”, “conflictos” y “víctimas mortales de ambos lados”. Los políticos recitan trivialidades sobre el “derecho a la autodefensa” de Israel, derecho que aparentemente no tienen los palestinos. El gobierno de Estados Unidos pide que “todas las partes desescalen”, sin reconocer que son los fondos estadounidenses (3.8 mil millones de dólares anuales) los que, en parte, posibilitan los bombardeos de Israel sobre Gaza. Esta es la conocida rutina estadounidense para cuando Israel entra en guerra. 

Aún antes de que los ataques aéreos israelíes y los misiles de Hamás llegaran a dominar las noticias, lo que sucedió durante la última semana en Jerusalén fue probablemente el levantamiento palestino masivo más sustacial en la ciudad desde 2017, cuando las manifestaciones palestinas llevaron a la policía israelí a abandonar su intento de instalar detectores de metales en la entrada de la mesquita al-Aqsa en la región ocupada de Jerusalén Este. Entonces, igual que ahora, el levantamiento se concentró en Jerusalén pero es mucho más amplio. Y aunque la atención pública en Estados Unidos se haya desviado, el levantamiento de Jerusalén continúa. Es importante no olvidarlo. 

No fue una coincidencia que el levantamiento comezara en Jerusalén. La región ocupada del este ejemplifica en miniatura la misión del gobierno israelí para asegurar “la mayoría del territorio, y la minoría de árabes”, como David Ben-Gurión consideraba que eran los objetivos del movimiento sionista. Israel ha perseguido su objetivo en Jerusalén Este (que ocupan desde 1967, y anexaron formalmente en 1980) al volver prácticamente imposible que los palestinos obtuvieran permisos para construir casas, dejando a miles de personas vulnerables a desplazamientos y sus casas listas para demolerse. Los jerosolimitanos del este, quienes no son ciudadanos de Israel sino residentes legales, se enfrentan a requisitos de residencia estrictos que hacen que su estatus legal sea precario. El gobierno israelí también ha empoderado a los colonizadores judíos a confiscar propiedades dentro de los barrios palestinos como Silwan, Abu Dis, a-Tur, y Sheikh Jarrah, como parte de una estrategia explícita para “judaizar” la parte este de la ciudad. 

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Las autoridades israelíes son más atrevidas para telegrafiar estos objetivos ante el público global. “Este es un país judío”, dijo Fleur Hassan-Nahoum, alcalde sustituto de Jerusalén, nacido en Inglaterra, al New York Times, “por supuesto, hay leyes que algunas personas podrían considerar que favorecen a los judíos, es un estado judío”. Pero si las autoridades israelíes son francas sobre la lógica discriminatoria en el centro del sionismo, la mayoría de los políticos estadounidenses no hacen caso. 

De hecho, esa lógica discriminatoria se demuestra por completo especialmente en Sheikh Jarrah, el barrio de Jerusalén Este donde los colonizadores israelíes intentan desalojar a varias familias de sus hogares. Estas ocho familias, que huyeron de sus domicilios originales durante la guerra de 1948, han vivido en el barrio por más de medio siglo. Ahora, las organizaciones de colonizadores israelíes (financiadas significativamente por donadores judíos estadounidenses) aseguran que como tales casas en alguna ocasión fueron propiedad de grupos judíos, entonces deben remover a las familias palestinas. Pero no existen derechos recíprocos para los palestinos que buscan la restitución de las propiedades que abandonaron durante el Nakba, cuando alrededor de 700,000 palestinos fueron expulsados o huyeron de sus casas durante la guerra de 1948. Bajo la ley de propiedad ausentista de Israel, las propiedades de los refugiados palestinos son controladas por el estado israelí. 

Los actuales esfuerzos israelíes para purificar a Jerusalén de la presencia palestina, particularmente en Sheikh Jarrah proporcionaron la chispa para los recientes levantamientos. Pero no solo fue en Sheikh Jarrah donde los palestinos han resistido los esfuerzos israelíes de extirparlos de la conformación de la salud. Después de que las fuerzas israelíes levantaron barreras en la explanada de la Puerta de Damasco, un sitio popular para las reuniones de los palestinos, especialmente durante Ramadán, y uno de los principales puntos de entrada a la Ciudad Antigua de Jerusalén, las noches sucesivas de manifestaciones lideradas por jóvenes eventualmente causaron que la policía quitara los detectores de metales (no antes de que la policía israelí permitiera que los extremistas judíos de ultraderecha marcharan por las calles de Jerusalén gritando, “¡Muerte a los árabes!)

Igual que en 2017, el acceso de los palestinos a la mezquita de al-Aqsa ha sido el punto focal de las protestas. Durante la última semana y media, la policía israelí ha atacado repetidamente el complejo de Haram al-Sherif, disparando balas de goma, gas pimienta, y granadas aturdidoras contra los creyentes musulmanes: videos en redes sociales muestran a las fuerzas israelíes disparando con municiones menos letales directamente contra las personas que se encontraban rezando. La violencia policial en Israel ha lesionado a cientos de personas durante estas redadas nocturnas, que también se han llevado a cabo durante una de las noches más sagradas de Ramadán. En otras partes de Jerusalén Este, la policía israelñi ha llenado las calles de “agua sucia”, una herramienta de dispersión de multitudes. Y bajo la mirada tolerante de la policía, los colonizadores judíos y activistas de ultraderecha han atacado a los manifestantes palestinos, y han llegado tan lejos como para abrir fuego sobre ellos con municiones vivas. 

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Fueron las repetidas incursiones de la policía a la mesquita de al-Aqsa, combinadas con la creciente violencia de los colonizadores en Sheikh Jarrah y otros barrios de Jerusalén Este, que ocasionaron la respuesta de Hamás, el grupo islamista que gobierna la franja de Gaza. Los líderes de Hamás ya habían advertido sobre sus respuestas si continuaba la violencia israelí en Jerusalén con violencia propia. El lunes, la sección armada de Hamás emitió un ultimatum: las fuerzas israelíes tenían que abandonar la mezquita de al-Aqsa y Sheikh Jarrah o enfrentarse a las consecuencias. Probablemente subestimando la seriedad de Hamás, o su capacidad militar, el gobierno israelí optó por la segunda opción. 

Que quede claro que no hubo el grado de oportunismo de Hamás en esta situación no fue pequeño. A principios de abril, el presidente de la autoridad palestina Mahmoud Abbas anunció que las elecciones legislativas planeadas para el 22 de mayo se retrasarían indefinidamente. Con las facciones de Fatah (la organización a la que pertenece Abbas) divididas, era posible que Hamás obtuviera buenos resultados. Al tomar la iniciativa para defender a al-Aqsa, los líderes de Hamás probablemente buscaron dar una muestra de liderazgo que pudo haberse alcanzado por las vías electorales. 

Pero el levantamiento de Jerusalén no fue obra de Hamás. Fue liderado por jóvenes jerosolimitanos del este, muchos de ellos nacidos después de los Acuerdos de Oslo. Y sus manifestaciones fueron exitosas. Antes de que se oscurecieran los cielos, las protestas palestinas no solo obligaron a la policía a quitar las barricadas cerca de la Puerta de Damasco; por petición del fiscal general de ISrael, la suprema corte pospuso una audiencia sobre el desalojo de familias en Sheikh Jarrah, y la policía israelí bloqueó a los inflamatorios y ultranacionalistas “Marcha de Banderas” que intentaban ingresar a los barrios palestinos de la Antigua Ciudad de Jerusalén. “Los levantamientos de Jerusalén no fueron liderados por Hamás of Fatah”, tuiteó el escritor palestino Aziz Abu Sarah. “Ambos grupos quieren capitalizar con ellos y ganar algo de popularidad, sabiendo que sus acciones lastimarán a aquellos que supuestamente quieren ayudar”. 

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Si hay alguna razón para tener esperanzas, es que la opinión pública en EU parece estar cambiando, aunque muy retrasada, para apoyar los derechos palestinos. Mientras tanto, tal posición tiene poca representación en las cúpulas del poder de EU. Solo un puñado de miembros demócratas del Congreso se han pronunciado para condenar los intentos de Israel para desplazar a las familias palestinas de Sheikh Jarrah. Pero los políticos de EU, y en particular los demócratas, no podrán ignorar los llamados a detener la asistencia del ejército de EU a Israel para siempre. Por supuesto, la eliminación del apoyo a Israel no pueden finalizar con la ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este por sí sola, ni con los ataques en Gaza. Sin embargo, es un buen lugar para comenzar. 

-Joshua Leifer es editor asistente en Jewish Currents.

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