CFE es productiva, pero ¿para quién?
Corto Circuito Paul es doctor en Políticas Públicas y cuenta con 14 años de experiencia en el sector energético donde destacan PEMEX, Brio Suministradora Energética y Ombudsman Energía México. Actualmente, es socio de Perceptia21 Energía y co-host de Corto Circuito. Adicionalmente, es profesor de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey y el Colegio de la Frontera Norte, y ha sido investigador de NRGI, SEforAll y el BID. Twitter: @paulalejandros
CFE es productiva, pero ¿para quién?
Foto: CFE.

La reforma energética estableció que Pemex y CFE deberían convertirse en empresas productivas del Estado que generaran valor económico para la Nación. El objetivo no era que el valor económico se lo quedaran los acreedores financieros, ni tampoco los trabajadores, sino que llegara a las arcas del Estado para contribuir al desarrollo social del país.

El problema es que esto supone un problema de Principal-Agente. Donde el dueño, llamado el Principal, que somos todos los mexicanos representados por el gobierno federal tanto en su instancia ejecutiva como legislativa, tiene menos información sobre las operación interna que CFE, a quien se le llama Agente.

CFE, como el Agente, aprovecha este sesgo de información para maximizar sus objetivos aun si esto. En los 70, estudios económicos basado en elección pública o elección racional identificaron que muchas agencias de gobierno no buscaban alcanzar los objetivos del gobierno ni mejorar las condiciones de vida de la sociedad, sino que buscaban maximizar el presupuesto o maximizar el ocio.

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La idea de maximizar el presupuesto es autoexplicativa. Una agencia hará todo lo posible para convencer al Principal de que su trabajo es tan importante que requiere año con año más presupuesto. El motivo para incrementar el presupuesto es, en primer lugar, las aspiraciones de los líderes que pueden asegurarles reputación y un buen puesto público o privado en el futuro, pero también incluye más personal contratado, más contratos otorgados y una larga vida para la agencia.

Respecto a la otra idea, debo aclarar. Es una idea elaborada por William Niskanen y se refiere a la función racional de los individuos de minimizar la cantidad de trabajo realizado al mismo tiempo que minimiza la probabilidad de ser despedido. Es decir, el empleado de la empresa pública no se esforzará más dado que no le representa un mayor ingreso el esfuerzo adicional.

Las empresas privadas pueden medir sus resultados más fácilmente con la utilidad que generan, con el retorno por inversión realizada, por el valor creado por acción poseída. Esto implica que hay un ejercicio muy importante de eficiencia pues si no se generan utilidad, no se puede invertir y si no se puede invertir la empresa desaparece. Pero en las empresas públicas, que dependen del presupuesto, la intención no es dejar dinero en la caja de utilidades, sino sacar lo más que se pueda.

Es decir, si CFE tuviera que elegir entre dejar más dinero en las utilidades que gastar menos en contratos de adjudicación directa, seleccionará la opción opuesta, dejar menos dinero y contratar más; y si tiene que elegir entre dejar más utilidades o contratar más personal, también contratará más personal. No por nada es bien sabido que las plantas y oficinas de CFE operan con más personal del estrictamente necesario.

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Pongamos un ejemplo. A CFE no le fue tan mal en 2020, considerando que fue un año con menor demanda y menor generación derivado del Covid-19. Por supuesto, se desplomaron las ventas a clientes industriales y comerciales, pero aumentaron, de manera más discreta, las ventas a los clientes domésticos quienes crearon oficinas y aulas improvisadas de un día para otro. CFE Transmisión tuvo un ingreso 3% menor y CFE Distribución tuvo prácticamente los mismos ingresos y, a pesar de ello, tuvieron pérdidas importantes. ¿Qué pasó?

Bajo esta administración, el director de CFE decidió que se debía renegociar el contrato colectivo para regresar las condiciones de CFE a aquellas que tenía antes de la reforma energética. Esto implicó que el rubro de jubilaciones registró una erogación de 120 mil millones de pesos, casi dos veces el subsidio que le asignó el gobierno federal a CFE en 2020 y representó un incremento del 200% comparado con el 2019.

La pregunta, entonces, CFE es productiva pero ¿para quién? ¿Para su base de trabajadores y por eso se renegoció el contrato colectivo? ¿Para sus contratistas y por eso se han incrementado las adjudicaciones directas? O ¿Para los prestamistas quienes ahora reciben mejores tasas de interés?

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El hecho es que no es para los mexicanos, pues en los cinco años que lleva CFE como empresa productiva del Estado nunca han declarado un reparto de utilidades al gobierno federal, por el contrario, sigue recibiendo apoyos que se incrementan cada año y que al 2021 representan 70,000 millones de pesos.