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The Guardian

En Japón, la mayoría quiere cancelar los Juegos Olímpicos, pero el gobierno no escucha

Koichi Nakano

El primer ministro Yoshihide Suga corre el riesgo de dar entrada a una ola de coronavirus si no controla su arrogancia olímpica.

Los manifestantes marcharon en Tokio la semana pasada para pedir la cancelación de los Juegos Olímpicos. Foto: Koji Sasahara / AP

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La antorcha olímpica avanza a través de Japón en relevos que se transmiten en vivo. Al momento de escribir este artículo, había pasado por 28 de las 47 prefecturas del país. Está previsto que los Juegos Olímpicos se celebren en dos meses. Pero mientras uno podría esperar un ambiente de entusiasmo a nivel nacional, las cosas son diferentes y cada vez más japoneses llegan a una conclusión incómoda: los juegos deben cancelarse por completo.

De acuerdo con una encuesta reciente, más del 80% del público quiere que los Juegos Olímpicos de Tokio sean cancelados o pospuestos nuevamente, una opción que el Comité Olímpico Internacional ha descartado. Como lo percibe el público, los juegos distraen la acción del gobierno para lidiar con la crisis del Covid de frente. También podrían agotar los recursos médicos y financieros justo cuando más se necesitan. Alrededor del 80% de todas las muertes por Covid en Japón se han producido desde diciembre. Muchos temen que lo peor está por venir.

Lee: Tokio 2021: 60% de los japoneses quiere que se cancelen los Juegos Olímpicos

Es cierto que, con 12,261 fallecidos, las cifras en Japón no son tan malas como las de Gran Bretaña, Estados Unidos u otros países del G7 (aunque son bastante más altas que muchos otros países de Asia y Oceanía). El problema es que la mayoría de los japoneses no atribuyen este relativo éxito a sus líderes políticos. La aprobación pública del primer ministro, Yoshihide Suga, y su gabinete ha caído a su nivel más bajo desde que asumió el cargo en septiembre pasado, con 35% (contra un 43% que lo desaprobó), según una encuesta reciente. Mientras tanto, el 63% expresó su descontento por su manejo de la pandemia (frente al 33% que tenía una opinión favorable).

Los centros urbanos más grandes de Japón, incluido Tokio, se encuentran actualmente en el tercer estado de emergencia desde el inicio de la pandemia, y es el segundo en lo que va del año. Estaba previsto que finalizara el 11 de mayo, pero ahora se ha prorrogado hasta el 31 de este mes, con nuevas ampliaciones y una probable extensión. El estado de emergencia nunca ha llegado a un confinamiento estricto pues escuelas, tiendas y restaurantes han permanecido, en su mayoría, abiertos, aunque con horarios de cierre más tempranos y otras restricciones vigentes. Hay centros más grandes que han estado bajo un control más severo.

El público japonés tiende a considerar que estas medidas son escasas y demasiado tardías. Un confinamiento estricto no sería popular, pero el limbo interminable de bloqueos leves repetidos desanima incluso a las personas más pacientes y cooperativas. A diferencia de otros países, la causa fundamental del ciclo de negación y demora no es una nueva variante, como tampoco lo es la mala infraestructura de salud pública: se trata de los Juegos Olímpicos.

Aunque Suga insiste en que “nunca ha puesto los Juegos Olímpicos en primer lugar”, es difícil no concluir que el hecho de que el mundo mire a Japón este verano tendrá un efecto. Él ha retrasado la toma de decisiones difíciles, como decretar el estado de emergencia. Y, cuando finalmente lo hace, establece un período muy corto y termina por extenderlo. Mientras tanto, las medidas de confinamiento comienzan a difuminarse. Se prohibió servir alcohol en restaurantes y bares, pero los trenes suburbanos siguen abarrotados en las horas pico. Es incomprensible que los teatros operen a la mitad de su capacidad para actuaciones en directo, mientras que se ordenó el cierre de los grandes cines. La arbitrariedad de las medidas proviene en parte de la falta de coordinación entre los gobiernos nacional y de las prefecturas, que están predispuestas a evitar asumir responsabilidades.

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El factor más condenatorio es el espectacular fracaso del programa de vacunación. Con solo un 4.4% de la población con una primera dosis, Japón aparece en la parte inferior de la clasificación de la OCDE, además de que no ha terminado de inocular a todos los profesionales médicos. Suga proclamó recientemente que su objetivo era terminar de vacunar a las personas mayores para fines de julio (lo que sería durante los Juegos Olímpicos), pero eso requeriría administrar un millón de dosis al día, cuando la tasa diaria de vacunas administradas hasta ahora es apenas un tercio. Japón es lo suficientemente rico como para haber adquirido las vacunas, pero no libera sus reservas. Ahora es seguro que la gran mayoría permanecerá sin vacunar y expuesta al contagio cuando comiencen los Juegos.

Aunque ha habido una prohibición general de todas las nuevas entradas para los visitantes extranjeros, incluidos los estudiantes, se permitirá la entrada a unas 90,000 personas por los Juegos Olímpicos, incluidos unos 11,500 atletas olímpicos y paralímpicos. A menos que los atletas permanezcan estrictamente aislados unos de otros, la villa olímpica fácilmente podría convertirse en una versión terrestre del Diamond Princess, el infame crucero que se convirtió en una “vidrio de Petri” de Covid el año pasado. Los organizadores están a punto de designar 30 hospitales que tendrían acceso prioritario para los atletas, y han reclutado a 200 médicos y 500 enfermeras como “voluntarios”, en un momento en que el sistema médico se encuentra bajo una enorme presión.

Suga parece pensar que los Juegos proporcionarán una distracción y un alivio muy necesarios para el mundo al final del largo túnel que es la pandemia. (También debe tenerse en cuenta que las elecciones generales están programadas para el otoño de este año.) En repetidas ocasiones el primer ministro ha afirmado que la ocasión será “una prueba de que la humanidad ha derrotado al virus”. Es un sentimiento sublime que se contradice cada vez más con el desarrollo de la pandemia, particularmente en el sur global, que permanece sin vacunar y expuesto a nuevas amenazas debido a las variantes.

El vicepresidente del COI, John Coates, asombró al afirmar que los Juegos pueden celebrarse incluso si Tokio permanece en estado de emergencia. Pero crear una burbuja televisiva para transmitir imágenes de los más rápidos y más fuertes durante una pandemia global sería algo difícil justificar cualquier lugar… y Japón no es la excepción.

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*Koichi Nakano es profesor de ciencias políticas en la Universidad Sophia, Japón.

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