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Miguel Angeles
Futuros alternos

México es racista y lo vivimos todos los días

Miguel Ángel Ángeles

Es momento de entender que la experiencia personal no es única y que solamente a partir de la conversación podemos crear puentes hacia un país mejor.

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Foto: Pixabay

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Personaje 1. Influencer, conocido no por su intelecto pero sí por su viralidad y capacidad para capitalizar casi cualquier oportunidad que tengan en frente (aunque sea el cuerpo de una mujer que no conoce del que solamente se mofa tras sacarse una foto junto a ella sin que ella lo note), cuenta sorprendido a Personaje 2 y Personaje 3 (de quienes, asumiremos, se consideran a sí mismos comunicadores, pues detentan un micrófono y cámaras frente a ellos) cómo es que una mujer se atrevió a decir “no me gusta”.

La sorpresa en la cara de Personaje 1 es evidente: lo que le sorprende más es que esto haya sucedido luego de que el arquitecto ganador del Pritzker, Rafael Aranda, le presentara su propuesta de vivienda social, una casa construida en Ocuilan de Arteaga, en el Estado de México.

La reacción de los otros dos personajes es reprobable, por decir lo menos. No solo hacen comentarios como “Pero vivías en un hoyo” o “A ver: ¿es eso o la hamaca?”, se ríen al respecto haciendo que, incluso, el Personaje 1 les diga “se van a ir al infierno ustedes dos, wey”. Hasta ahí, lamentablemente, no es algo que no hayamos visto muchas veces en este país. El clasismo en su máxima expresión disfrazado de “sentido del humor” y legitimado –para muchos– por una lluvia de likes y shares. Viralidad, vaya.

Lee también: El racismo: la otra ‘feroz pandemia global’, denuncia la ONU

La casa y la mujer de la que hablan forman parte de una iniciativa, que se originó a partir de los sismos de 2017 que devastaron a la comunidad, y que ha construido casas en esta localidad en colaboración con despachos de arquitectura nacionales e internacionales. Ese, lamentablemente, no es el punto hoy: lo es la manera en que una conversación así puede ser graciosa para muchas personas e hiriente para muchas otras. Las reacciones como siempre no se hicieron esperar y van desde quienes insultan a Personaje 1 llamándolo “Juanbasurita” en alusión a su nombre, hasta quienes cuestionan la relación entre racismo y arquitectura.

Aquí un punto sobre una de las cosas que hacen gracia a quienes protagonizan la conversación, pero es relevante tomar en cuenta: Si la mujer en cuestión necesita una cocina exterior porque cocina “con mucho humo”, ¿tendría que verse forzada a aceptar un proyecto que no consideró esta necesidad? No. Ahí, justo, una conversación necesaria, explicada de manera muy clara por Comunal Taller, una asociación civil dedicada a la producción y gestión social del hábitat y arquitectura participativa con comunidades en México.

Aquí la conversación:

México es racista y lo vivimos todos los días. Una prueba reciente de ello fueron las reacciones que hubo alrededor de la campaña de llamado #PoderPrieto. Bajo el lema “Mi piel se respeta, mi piel suda, mi piel resuena, en mi piel no hay duda, mi piel ama, mi piel es pura sabrosura” y con el hashtag #PoderPrieto, las redes se inundaron de videos, mensajes y testimonios que celebraban la hermosura de la tez morena en un país en el que seguimos teniendo pendiente una conversación seria sobre el tema.

Con los rostros de personajes como Maya Zapata, Luna Marán, Tenoch Huerta o Audry Funk, además de muchos más, de nuevo, las reacciones no se hicieron esperar. Desde quienes se sumaron con videos o testimonios personales, hasta quienes denostaron este gesto aludiendo a conceptos como lo innecesario de una campaña así o insultando a sus protagonistas. Vaya, poniendo sobre la mesa que en México “prieto” sigue siendo un insulto del que una parte de la población puede apropiarse para revertir, desde su uso, su carácter peyorativo.

A título personal, como una persona morena que ha vivido en un país donde es notoria la diferencia en el trato hacia las personas blancas y las personas morenas, puedo decir que es una conversación más que pertinente, necesaria. Como alguien que lo ha experimentado, no con las consecuencias y mucho menos de la misma manera que miles de personas lo hacen todos los días, digo que es momento de entender que la experiencia personal no es única y que solamente a partir de la conversación podemos crear puentes hacia un país mejor.

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