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The Guardian

Proteger los derechos electorales, la única vía para que el gobierno de EU trabaje para la gente

Derrick Johnson

No puede haber justicia socioeconómica y racial genuina sin derechos electorales universales e instituciones que respondan a la gente.

"No puede haber verdadera justicia o progreso en los temas que nos preocupan sin derecho a voto". Foto: Virginie Kippelen / AFP / Getty Images

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Tan solo unas semanas después de que un Senado poco representativo rechazara establecer una comisión para investigar uno de los ataques más significativos contra la democracia estadounidense, el ocurrido el 6 de enero, 50 senadores que representan a 41 millones de votantes menos que la mayoría en el poder bloquearon las grandes reformas a los derechos electorales que harían que el gobierno funcione para la gente. La conversación nacional ya comenzó a cambiar de los derechos electorales hacia la posibilidad de que el mismo destino pueda esperarse para otras cuatro grandes propuestas sobre reformas estructurales y policiales

Lo que hace falta es un reconocimiento urgente de que ningún cambio duradero y significativo en la manera en que la mayoría de los estadounidenses lo desea (reformar la aplicación de las leyes, una recuperación económica ágil, pero también mejores escuelas públicas, acción climática y empleos sindicalizados bien pagados, entre otras cosas) será posible si no reconstruimos nuestra democracia desde las bases. Eso es lo que se buscaba con el For the People Act. Al prevenir que los políticos amañen los distritos del Congreso a su favor, reduciendo la influencia de intereses especiales y asegurando que todos los votantes elegibles hagan oír sus voces. En pocas palabras, no puede haber justicia socioeconómica y racial genuina sin derechos electorales universales e instituciones que respondan a la gente. 

Las autoridades electas detrás de más de 400 leyes antivotos y auditorías electorales falsas que arrasan con la nación están conscientes de esto. Saben que para conservar el poder a pesar de su oposición a las reformas populares (incluyendo las que ya se demostró que benefician a millones de estadounidenses, como el Affordable Care Act) necesitan engañar al sistema. Saben que la amplia mayoría de los votantes que no se parecen a ellos o que no piensan como ellos votarán en su contra cuando tengan la oportunidad, entonces apuntan a las poblaciones negras y de color para suprimir nuestras voces. 

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Vimos cómo esto sucedió en tiempo real en 2020. Los electores superaron murallas extraordinarias para emitir su voto: el peligro de hacer largas filas durante una pandemia global, los intentos del presidente en turno de recortar el sistema postal y los esfuerzos reiterados de los legisladores en todos los niveles para rebatir la certificación de los resultados electorales legítimos, culminando con un ataque violento al Capitolio de los Estados Unidos. A pesar de estos enormes desafíos, los electores hicieron oír sus voces y consiguieron victorias históricas en la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Diputados. Ahora estamos atestiguando intentos para manipular el sistema, y eso empieza y acaba con el silencio de los electores en las urnas. 

En todo nuestro entorno vemos ejemplos de cómo la supresión puede lastimar a nuestras comunidades. Tan solo esta semana, un juez rechazó la expansión del Medicaid en Missouri por ser inconstitucional, creando aún más barreras para que la gente acceda a los cuidados de la salud. En Arizona, los incendios forestales se esparcirán por todo el estado sin las acciones federales adecuadas contra la crisis climática, a pesar de que los electores mencionaron el cambio climático como una de sus mayores prioridades para que resolvieran las autoridades elegidas. En todo el país, nuestros representantes no han logrado un consenso sobre el control de armamento a pesar de que la mayoría de los estadounidenses quieren leyes más estrictas. Si las decisiones de nuestros líderes fueran genuinamente representativas, tomarían decisiones para mejorar la salud, seguridad y bienestar de nuestras comunidades, no para empeorarlas. 

Las ramificaciones del fracaso en la protección de los derechos electorales son enormes. El progreso en todos los problemas que nos importan, incluyendo mejores escuelas para nuestros niños, acceso a la salud para todos, un salario mínimo más alto y justicia para las comunidades negras y de color en todo el país, está en riesgo mientras que los derechos electorales siguen negándose. Las autoridades elegidas continúan alejando a las personas del proceso político para concretar su poder. Como conciudadanos, no aceptaremos eso.  

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He aquí la solución: los líderes en el Senado deben hacer realidad la reforma a la democracia. Eso significa cumplir con el primer principio de nuestra constitución: cada estadounidense tiene una voz, y elegimos a un gobierno responsable ante la gente. Esto requiere abolir el filibuster (obstruccionismo) de la era de Jim Crow que acabó con todos los debates y discusiones en torno al For the People Act esta semana, y seguiremos siendo utilizados como una herramienta para impedir el progreso, a menos que el Senado sea más crítico con esta reliquia del pasado y el daño que todavía ocasiona. 

Estamos en la encrucijada que definirá la trayectoria de nuestro país en los próximos años. No puede haber justicia verdadera o progreso en los problemas que nos importan sin derechos electorales. El futuro de nuestro país no puede esperar. El For the People Act es la solución que necesitamos, y es hora de que nuestros senadores lo hagan realidad. 

Derrick Johnson es presidente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP).

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