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Cynthia Zacks
Espacio mindfulness

Rescatista interior

Cynthia Zak

¿Y yo qué tengo que ver con el derrumbe del edificio en Miami? Aquí está la punta del ovillo, la gran pregunta: ¿Qué puedes hacer tú?

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edificio de Miami
Foto: Giorgio Viera/EFE

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Con la caída de la torre Champlain en Miami la semana pasada se fueron las vidas de cientos de personas, se derrumbó una ilusión de seguridad y confianza y, al mismo tiempo, se puso en evidencia el profundo espíritu de solidaridad y comunidad que surge durante las crisis.

Todavía buscan entre los escombros, hierro y cemento los restos de seres humanos que en el momento del derrumbe estaban durmiendo, aún hay más interrogantes que respuestas y el mundo entero se pregunta cómo es posible que esto suceda en un lugar como Estados Unidos, en un edificio de lujo frente al mar.

Cada uno de nosotros vive el impacto de esta noticia de maneras diferentes según el momento y el lugar en el que estemos, según la cercanía geográfica con lo sucedido, la historia y memoria, los referentes culturales que tengamos con lo que pasó.

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La caída de un edificio en Miami y sus víctimas enterradas en los escombros conmueve sin lugar a dudas al igual que cuando vemos tragedias humanas, desplazados por la violencia y guerra, niños abusados, injusticias absurdas, desastres naturales y una cantidad innumerable de sufrimiento que siempre está presente en la experiencia humana.

¿Y yo qué tengo que ver?

Aquí está la punta del ovillo, la gran pregunta que quiero hacerte.

¿Qué puedes hacer tú, qué tienes que ver con esto que paso?

¿Cuál es nuestra responsabilidad frente a las situaciones de violencia y miedos que otros viven?

¿Qué tengo que ver yo con este edificio que se derrumba o con cualquier conflicto armado en Medio Oriente, con la crisis de refugiados sirios o con la pobreza en América Latina, por darte algunos ejemplos?

¿Cuánto de esto es mi responsabilidad?

¿Tengo algo que ver con lo que pasa a miles de kilómetros de mi casa?

Es hora de asumir nuestra absoluta y total participación en todo.

Vuelvo a repetirlo: nada de lo humano nos es ajeno y tú y yo tenemos que ver con todo lo que sucede.

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Aunque muchas veces queramos mirar hacia otro lado, dar vuelta la página, anestesiarnos con entretenimiento barato, llenarnos de ruido, no podemos tapar el sol con un dedo.

Somos parte de cualquier evento de la experiencia en la escuela del planeta Tierra y lo que pensamos, decimos, consumimos, usamos, impacta en absolutamente todo.

Sin rasgarse las vestiduras o sacar a pasear el sentimiento de culpa es hora de frenar un minuto y mirar qué es lo que estamos haciendo en nuestros micromundos, en el día a día, cuáles son nuestras elecciones, qué decidimos comer, tirar, comprar, escuchar, oler, tocar, pensar. Cuánto plástico innecesario consumimos, cuánto consumo de desecho agregamos al medio ambiente, de dónde viene la ropa que nos ponemos, la cantidad de basura tóxica que producimos y una larga lista de cuestiones cotidianas que parecen inocentes pero que tienen un impacto gravísimo para la vida en el planeta.

Cada decisión individual crea un efecto expansivo indudable, porque además ya está comprobado científicamente que estamos interconectados en niveles muy profundos que laten en la mitocondria de nuestras células y en el código genético que compartimos con todos los seres vivos.

¿Qué puedo hacer?

  • Empieza observando tus hábitos: lo que eliges en cada momento.
  • Haz una lista de cosas que puedes modificar en tu vida cotidiana: reemplaza un plástico por vidrio, reutiliza ropa, intenta lavar sin que corra el agua, recicla, recoge, limpia aunque no hayas ensuciado, planta, dona tu tiempo.
  • Al mismo tiempo respira y trabaja interiormente: saca los pensamientos de plástico, limpia los océanos de tu mente.
  • Elige una cosa a la vez y reemplaza ideas rumiantes que te atan al sufrimiento ancestral, educativo y cultural por una nueva narrativa que te quite de la victimización.
  • Llama a tu fe, a la confianza, a la certeza, tus tres aliados en este nuevo mundo que estamos creando.
  • Pide a tu rescatista interior que remueva los escombros que te tienen enterrado, que saque las piedras que no te dejan respirar o moverte.
  • Comienza con una cosa a la vez que al hacerlo es como tirar una piedra a un lago sereno, las ondas se expanden y te sanas, te salvas, te liberas y al hacerlo también suavizas el sufrimiento del mundo.

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