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Tácticas Parlamentarias

¿Cómo será la gobernabilidad al interior de los grupos parlamentarios?

Fernando Dworak

La reelección de legisladores cambia el panorama. Hay dos hipótesis: que la coordinación la lleve un agente del partido o que el liderazgo sea legitimado por la propia bancada.

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Foto: Pixabay

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Aunque las legisladoras y legisladores son iguales al momento de votar en el pleno, ninguno hace exactamente los mismo que sus demás compañeras y compañeros. Eso quiere decir que hay diferencias entre las personas. Por ejemplo, pueden especializarse en tareas como conducción de Mesa Directiva, especialización temática en sus comisiones o estar al pendiente del distrito y sus necesidades a través de la gestoría. También hay distinciones de rango: en las comisiones hay presidencias y secretarías, que se encargan de guiar los trabajos de esas instancias.

Incluso dentro de los propios grupos parlamentarios hay rangos. Cada bancada tiene un coordinador, quien se erige como líder de su grupo. Por ejemplo, negocia con sus pares la agenda legislativa en la Junta de Coordinación Política, entre otros temas.

Para usar una analogía militar: los coordinadores son los generales de un ejército. Como tales, buena parte de la cohesión y moral interna se debe a su capacidad para mostrar liderazgo y, sobre todo, ser reconocidos como tales por sus compañeras y compañeros de bancada.

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En casi todos los órganos legislativos del mundo, la posición de liderazgo se va construyendo a lo largo de varios periodos en el cargo, de tal forma que quien coordina ha ganado el respeto del resto de la bancada. Incluso en sistemas parlamentarios quien coordina el grupo parlamentario también tiene el liderazgo partidista. Naturalmente, es posible perder ese rango si estalla una rebelión exitosa al interior de la fracción.

Al contrario, en México los partidos deciden, previa consulta con la bancada, quiénes serían los liderazgos partidistas. La razón: hasta estas elecciones, nadie podía competir por la permanencia, de modo que los institutos políticos han controlado las carreras de quienes militan. Incluso, la gran mayoría de quienes ocupaban los cargos de dirección eran colocados en los primeros lugares de las listas de representación proporcional, para asegurarse que entraran.

¿Podrá haber cambios en los estilos y capacidades de operación de quienes coordinen las bancadas, a partir del porcentaje de diputadas y diputados reelectos? La siguiente tabla muestra, una estimación de diputadas y diputados reelectos que tendrá cada grupo parlamentario a partir de septiembre.

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El partido con mayor porcentaje de personas reelectas será el Partido del Trabajo, con el 52.63%: 19 por distrito y 1 por lista. Le sigue Morena, con 39.60%: 69 por distrito y 11 por lista. En tercer lugar, está el Partido Acción Nacional (PAN), con 24.32%: 19 por distrito y 8 por lista.

Por otra parte, de las 10 personas reelectas por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), siete son de lista y tres por distrito. Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) tendrán un porcentaje menor al 5% de sus grupos parlamentarios, y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no contará con persona reelecta alguna en su bancada a partir de septiembre.

Antes de hablar sobre lo que podría o no pasar con los cargos de liderazgo en los grupos parlamentarios que más porcentaje de diputadas y diputados reelectos tuvieron, comparto dos hipótesis que serán confirmadas o refutadas a lo largo de la próxima legislatura:

Hipótesis 1: Un bajo porcentaje de personas reelectas por distrito, o un alto porcentaje de personas reelectas por la vía plurinominal, darán mayor control al partido central sobre la cohesión, suponiendo que sean estables los liderazgos partidistas. Quien coordine el grupo parlamentario seguirá siendo, en buena medida, un agente del instituto político.

Hipótesis 2: Un alto porcentaje de reelección, especialmente a través de distrito, hará necesario una mayor operación política al interior del grupo parlamentario, con el fin de generar cohesión interna. Esto requerirá liderazgos legitimados por la propia bancada antes que la dirigencia partidista central.

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De acuerdo con lo anterior, ¿qué podríamos adelantar sobre la operación de Morena, PAN, PRI y PT a partir de las hipótesis?

El coordinador de Morena, Ignacio Mier, se reeligió por vía lista de partido, en una bancada donde casi 40% de sus compañeras y compañeros lograron reelegirse. Si la mitad de esas personas tuvieron que competir para permanecer en sus cargos, las negociaciones al interior de la bancada no serán tan fáciles como en la legislatura pasada.

En un escenario donde López Obrador se debilite rumbo a la sucesión presidencial, el liderazgo de Mier podría llegar a ser todavía más endeble. ¿Lo dudan? En varias legislaturas locales, incluido el Congreso de la Ciudad de México, los coordinadores de Morena han enfrentado una mayor oposición en el faccionalismo de sus compañeros que ante sus pares de otros grupos parlamentarios.

Un caso de gran interés será la posible ratificación de Juan Carlos Romero Hicks como líder de la bancada del PAN. El haber sido gobernador de Guanajuato, un bastión azul, y legislador de distrito, reelecto por esa vía, le da una presencia territorial propia. Esa fuerza podría incrementarse con el apoyo del casi 25 de compañeros reelectos. ¿Qué significaría? Que podría resistir el cambio de dirigencia nacional, si es visto como un factor de unidad para su grupo parlamentario.

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Hasta el momento, el único coordinador que ha sido designado es Rubén Moreira, exgobernador de Coahuila. Su nombramiento era perfectamente anticipable, pues había sido postulado por lista y había dos personas con el ascendente para el cargo, por ser exgobernadores: él e Ismael Hernández Deras. El hecho que Coahuila se haya convertido en uno de los pocos bastiones priístas que quedan habrá sido determinante en su nombramiento.

¿Será Moreira agente de Alejandro Moreno? No exactamente: desde 2000, el PRI es más una coalición de grupos locales que el partido monolítico y centralizado que fue antes de ese año. Es decir, el exgobernador de Coahuila tiene un peso más fuerte que el exmandatario de Campeche quien, por cierto, no logró la continuidad en su estado. El campechano necesita más al coahuilense que el coahuilense al campechano, en caso de surgir problemas en el tricolor.

Finalmente será interesante ver qué ocurrirá con el PT. Durante gran parte de su existencia ha dependido ya sea del PRD o Morena para ganar asientos, lo cual ha permitido que Alberto Anaya, hoy diputado entrante, tenga control férreo y permanente sobre su partido. Sin embargo, más de la mitad de sus futuros compañeras y compañeros habrán logrado la reelección vía distrito, lo cual puede darles un poder de chantaje que no tenían antes. Esa asimetría de fuerzas podría llevar a un cambio de poder al interior de ese partido, aun cuando haya un acuerdo fundamental al interior de toda la bancada para votar con Morena en todo.

Como ocurre con toda planeación estratégica, se pueden vislumbrar las posibles tácticas parlamentarias a partir del acomodo del tablero. Veamos qué irá sucediendo…

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