La pobreza y el elefante
Economía Aspiracionista

Economista el 95% del tiempo. Egresado del ITAM. Ha trabajado en IMCO desde hace 15 años. Hizo una maestría en economía agrícola en Inglaterra, pero no recibió un título nobiliario. Ha sido consejero: HR Ratings, CFE, Laureate International Universities, México Unido contra la Delincuencia, Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE), y México Cómo Vamos. Antes de la pandemia hablaba en eventos y conferencias; hoy lo hace por Zoom.

La pobreza y el elefante
Foto: Pixabay

En días pasados, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó la Encuesta Nacional de Ingresos de los Hogares (ENIGH), que sale cada dos años. Unos días después, con los datos de la ENIGH, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Pobreza (Coneval) publicó la estimación del número de personas pobres en el país. 

El presidente de la República dijo, en una de sus homilías matutinas, que el Coneval no conoce México, y no debería opinar sobre la pobreza. Más allá que esa institución tiene el mandato legal de publicar el número de pobres inmediatamente después de aparecida la ENIGH, el dicho del presidente me recuerda la famosa historia de los ciegos tratando de describir a un elefante. Uno palpaba la trompa y pensaba que era una manguera; otro tocaba la cola y la creía una cuerda; los que tocaban las patas pensaban que eran árboles. Solamente juntando las historias de todos, se puede llegar a describir al elefante como tal. 

Los especialistas del Coneval no conocen todas las variantes de antojitos del paisaje gastronómico nacional, ni deben estar muy enterados de quién es el líder de determinada comunidad, zona, gremio o sindicato, como seguramente sí lo sabe el presidente. Sin embargo, conocen al elefante desde otro ángulo: el de los números, producidos por una institución seria, como el Inegi. 

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En 2020, el 43.9% de la población, algo así como 55.7 millones de habitantes, estaba en pobreza. Coneval determina las carencias de la población en seis dimensiones: rezago educativo, acceso a salud, acceso a seguridad social, calidad y espacios de vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación. Si alguien tiene carencias en una de estas dimensiones, su pobreza es moderada. Si alguien tiene carencias en tres o más dimensiones e ingresos bajos, Coneval determina que está en pobreza extrema. 

La medición de Coneval, usando los datos de la ENIGH, determina que la población en pobreza extrema aumentó en 3.8 millones de personas. En 2018 eran el 7% de la población, hoy son el 8.5%. De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competiti% por ciento de los mexicanos la padecían, y en 2020 es el 28.2%.

El análisis del Inegi y el Coneval divide a la población en deciles; en cada uno de ellos está el 10% de la población. El decil X, donde está el 10% de la población más rica, es también el más desigual. Los deciles I al IX son más homogéneos en sus características. Las transferencias gubernamentales a los grupos de alto ingreso aumentaron. La desigualdad se redujo ligeramente, pero la pobreza aumentó. 

El problema de México es la imposibilidad de generar ingresos para un gran porcentaje de la población. Empobreciendo ricos no ayudamos a los pobres. En una de esas los dejamos peor porque destruimos oportunidades de empleo y transferencia de ingresos de los mexicanos ricos a los pobres. Para erradicar la pobreza, hay que emparejar el suelo, mediante la generación de oportunidades para todos, pero especialmente para los más pobres. 

Las políticas sociales deben diseñarse bajo esa definición, y deben evaluarse con datos duros. Ojalá esas dos disciplinas se recuperen pronto en México.