Lo siento, Rihanna. No puedo celebrar a los multimillonarios, incluso si son negros

Es estratega y organizador político nigeriano-estadounidense. Es el conductor del podcast This Is the Revolution.

Lo siento, Rihanna. No puedo celebrar a los multimillonarios, incluso si son negros
"Celebrar el éxito de otro multimillonario negro oscurece los peligros que la clase alta negra representa para la clase trabajadora negra". Foto: Frederic J Brown/AFP/Getty images

Rihanna acaba de convertirse en el miembro más nuevo de la clase de multimillonarios negros. Lo hizo a través de su ambiciosa y revolucionaria empresa de maquillaje, Fenty Beauty. Fenty rechaza los estándares de belleza eurocéntricos y ofrece una amplia gama de cosméticos que celebran los tonos de piel más oscuros que, con frecuencia, son ignorados por la industria cosmética. Eso es genial. Desafortunadamente, lo último que necesitamos en este momento es otro multimillonario, independientemente del color de su piel.

Si bien titulares del tipo: “Cómo Rihanna se convirtió en multimillonaria (como debería ser)” de Yahoo y “La única multimillonaria aceptable” de The Cut pueden sentirse bien, el encuadre es perjudicial. El genio de Rihanna debe celebrarse, pero la riqueza que ha acumulado debe ser criticada. La mera existencia de los multimillonarios nos perjudica a todos; celebrar el éxito de otro multimillonario negro oculta los peligros que la clase alta negra representa para la clase trabajadora negra y la gente de clase trabajadora de todas las etnias.

Las clasificaciones actuales de los multimillonarios negros dejan mucho que desear. Si bien muchos de ellos defienden una retórica a favor de los negros, a menudo se han mantenido en el lado equivocado del empoderamiento de los negros. Jay-Z, ahora clasificado en la posición número 12, socavó los esfuerzos de Colin Kaepernick, jugador de fútbol americano que se convirtió en ícono de la liberación de los negros, al proporcionarle cobertura política a la NFL y crear una sociedad entre la liga y su compañía Roc Nation. Como dijo la escritora Jemele Hill en The Atlantic en 2019: “Jay-Z le ha dado a la NFL exactamente lo que quería: acceso libre de culpa a las audiencias, la cultura, los artistas y los influencers negros”.

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Robert Johnson, el primer multimillonario afroamericano, construyó su riqueza al ser el pionero en la televisión negra con la creación de BET (Black Entertainment Television), pero oficialmente alcanzó el estatus de multimillonario después de vendérsela a una corporación de propietarios blancos, Viacom. Cualquier compromiso que pudiera tener con la política negra parece estar dominado por su afinidad con la riqueza y el poder. En 2020, continuó su tendencia de apoyar retóricamente las políticas económicas de Donald Trump: “Como empresario, elegiré al diablo que conozco sobre el diablo que no conozco en cualquier momento de la semana”.

Incluso la casi universalmente querida Oprah Winfrey parecía sorda y distante cuando, en 2015, describió al recién nacido Movimiento por las Vidas Negras (M4BL) como sin líder y sin una dirección clara. Después de muchas reprendas por parte de la juventud negra, su tono ha cambiado a lo largo de los años, pero su postura inicial era común entre la élite negra. Para los activistas negros ricos, los movimientos sociales necesitan líderes que sean claros para que puedan ser financiados y encaminados hacia reformas seguras que no se opondrán al sistema. A Oprah le resultó más sencillo apoyar un movimiento reformista como 8 Can’t Wait, el cual impulsó políticas como la prohibición de los estrangulamientos por parte de la policía (los cuales ya estaban prohibidos en muchos de los principales departamentos de policía), sobre la demanda más radical de retirarle el financiamiento a la policía. Es, y probablemente siempre será, raro encontrar a un multimillonario negro interesado en transformar significativamente el sistema político y económico que les permitió acumular su riqueza en primer lugar. En ese sentido no son diferentes de los multimillonarios blancos.

La riqueza de Rihanna se construyó en lo que parece ser una forma admirable, pero las manos de ningún multimillonario están limpias. La industria cosmética genera 120 mil millones de envases cada año, en su mayoría plásticos no reciclables que pueden tardar mil años en descomponerse. Good on You, una organización que califica a las empresas en función de su impacto en los trabajadores, los animales y el medio ambiente, coloca a Savage X Fenty, la marca de lencería de Fenty, en su categoría más baja debido a su falta de suficiente información sobre sus prácticas ambientales y laborales. La marca también ha sido acusada de engañar a los clientes para registrarse en un plan de suscripción mensual, una estrategia popular entre las grandes corporaciones.

También está la cuestión de la asociación de Fenty con el gigante global que abusa de los trabajadores, Amazon. La naturaleza misma de nuestro sistema capitalista, uno basado en maximizar las ganancias a expensas de los salarios de los trabajadores, lo que significa que cualquiera que suba en la escala económica lo hace sobre las espaldas de otros. Obviamente, Rihanna no es la culpable de todos los males del capitalismo, pero no hay medios éticos para convertirse en multimillonario. Y mientras que los consumidores cotidianos de estos productos deben ser excusados, aquellos que ganan más dinero del que se puede gastar en decenas y decenas de vidas humanas no deberían escapar tan fácilmente al escrutinio.

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Durante mucho tiempo se ha elogiado a Rihanna por sus esfuerzos filantrópicos. Pero la filantropía de los multimillonarios también es sospechosa. Las fundaciones sin fines de lucro a menudo sirven como refugios fiscales para los hiperricos. El consejo asesor global de la Fundación Clara Lionel incluye a Evan Jehle, cuyo perfil corporativo lo describe como especializado en “estrategias de preservación y crecimiento del patrimonio”. Al mismo tiempo, estas fundaciones permiten que las personas adineradas o sus juntas directivas designadas dicten la dirección de las organizaciones sin fines de lucro y los movimientos sociales.

Incluso aquellos con buenas intenciones pueden distorsionar o socavar el trabajo de los activistas. La Fundación Ford, que a menudo se presenta como partidaria de los movimientos para promover la justicia y la disminución de la desigualdad, solo puso dinero significativo detrás del Movimiento por las Vidas Negras cuando comenzó a temer la inestabilidad social después de que un hombre armado matara a cinco policías en una protesta en Dallas, Texas, en 2016. Puede que Rihanna tenga el deseo de cambiar el mundo para mejor, pero, si los filántropos antes que ella son un indicio, desviará los movimientos sociales que le importan. En el mejor de los casos, reforzará la idea del “buen multimillonario” en un momento en que la mayoría de los afroamericanos se mantienen neutrales respecto a la existencia de los multimillonarios.

Siempre ha habido afroamericanos ricos. Incluso durante el apogeo de la esclavitud y bajo las leyes Jim Crow, hubo afroamericanos ricos, como el empresario Robert Reed Church y la abolicionista Mary Ellen Pleasant. Vale la pena conmemorar su capacidad para superar la adversidad y competir contra la clase dominante blanca, especialmente aquellos, como Pleasant, que usaron su dinero para apoyar a los miembros pobres de su comunidad.

Pero siempre debemos mantener esa celebración en tensión con la corrupción inherente del sistema en el que algunos pueden llegar a obtener un gran poder mientras que la mayoría vive en la gran miseria. Los multimillonarios negros tienen intereses fundamentalmente diferentes a los de otras personas negras, y no podemos permitir que nuestro amor por ellos se interponga en el camino de ver el papel que desempeñan en la perpetuación del sistema tal como es. Rihanna es una persona brillante, talentosa y extraordinaria, pero no merece ser multimillonaria, y su éxito no debe usarse para promover la aceptación de los súper ricos.