Punto de no retorno
Enernauta

Especialista en política energética y asuntos internacionales. Fue Secretario General del International Energy Forum, con sede en Arabia Saudita, y Subsecretario de Hidrocarburos de México.
Actualmente es Senior Advisor en FTI Consulting.

Punto de no retorno
Foto: AFP

En agosto de 1519, Hernán Cortés dio la orden de encallar y desmantelar los barcos desde los que él y sus soldados habían desembarcado meses antes en la costa de Veracruz. Sin la opción de volver a Cuba o partir hacia algún otro destino, a sus expedicionarios solo les quedaba la empresa de vencer al Imperio mexica.

Variantes de la estratégica decisión de Cortés han rendido frutos memorables a héroes mitológicos y líderes históricos. Cuando Ulises ordenó a los tripulantes de su nave que lo ataran al mástil, renunció a dejarse seducir por el canto de las sirenas. Julio César no tuvo otra opción que ir por el poder después de cruzar el río Rubicón. El comandante Tariq bin Ziyad dejó claro al quemar sus naves que el destino para él y sus soldados era conquistar la Península Ibérica (según cuenta la leyenda).

Las estrategias que impiden dar marcha atrás o reducen el campo de acción de quienes las adoptan, paradójicamente, mejoran su capacidad para conseguir la meta que se han propuesto. En la vida cotidiana a veces tomamos decisiones similares. El marido que no quiere subir de peso pero se sabe incapaz de resistir la tentación de abrir la nevera para comer un helado, puede solicitar a su pareja la tarea de ir al supermercado con el encargo explícito de no traerlo a casa. Renuncia a la opción de ir al supermercado a cambio de obtener el beneficio de no consumir calorías de más.

La semana pasada, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU puso de nuevo al planeta sobre la báscula y para efectos prácticos encontró que seguimos comiendo helado, aumentando de peso y no hemos podido darle a nadie la decisión de no traerlo a casa. La acumulación de gases de efecto invernadero continúa sin parar y el calentamiento global subirá hasta cuando menos 1.5 grados centígrados.

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¿Cambiará algo además del clima durante la reunión que los líderes del mundo sostendrán en Escocia en octubre próximo? Ya sabemos que pronunciarán discursos sobre la seriedad del cambio climático y la importancia de adoptar medidas para combatirlo. Pero hablar no cuesta y las acciones hablan más que mil palabras.

¿Cuál sería el equivalente en la política energética y ambiental de quemar las naves o ceder el control de las compras en el supermercado?

En el ámbito interno, un instrumento para comprometerse sería delegar la decisión y las herramientas para controlar las emisiones a alguien exento de intereses políticos, alguien que no aspira a ganar una elección ni tiene la tentación de manipular las reglas para elevar su popularidad. Si un político tiene que elegir entre crecimiento económico y la reducción de emisiones (porque es prácticamente imposible producir más y generar más empleos con menos energía, es decir, menos emisiones), la evidencia acumulada a lo largo y ancho del planeta demuestra que preferirá el crecimiento económico. Basta con voltear a China, la Unión Europea y Estados Unidos para comprobarlo. En cambio, alguien cuyo pago por desempeño dependiera de la reducción de emisiones mas no del crecimiento económico realizaría el cálculo opuesto. Al fin y al cabo su futuro no descansa en las elecciones, por lo menos no de manera directa.

Una acción tan decidida como esta evidentemente acaricia las alturas de los sueños, que tampoco cuestan. El premio para un político que asuma hoy el costo de encallar sus naves no sería necesariamente la conquista de un imperio, sino quedar a la deriva en una tierra desconocida. En lugar de un tesoro en medio de un lago encontraría un desierto de impopularidad.

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Para que esto cambie, la mayoría de los votantes tendría que reconocer en las urnas el esfuerzo de reducir emisiones. En los consejos de algunas empresas energéticas y financieras los primeros brotes de un giro en las prioridades de los inversionistas empiezan a surgir. Tanto la composición como la dirección de su voto reflejan un mayor interés en la energía limpia. Sin embargo, a nivel nacional aún falta ver al político que pierda una elección porque aumentó la frecuencia de incendios y la intensidad de los huracanes. No es tan fácil atribuir responsabilidades. Y ninguno ha sido castigado por no comprometerse de verdad a reducir emisiones en las negociaciones internacionales de cambio climático.

El planeta ha cruzado un aparente punto de no retorno en el calentamiento global. Los líderes que irán a Escocia podrían cruzar su propio punto de no retorno en la credibilidad de sus compromisos climáticos. Hasta ahora, ninguno ha querido quemar sus naves.