La desilusión
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Es jefe de información en Imagen Noticias con Yuriria Sierra en Imagen Televisión. Ha colaborado en Nexos, Proyecto 40 y Dónde Ir.  IG y TW: @alanulisesniniz

La desilusión
Foto: YouTube/Gobierno de México

Vaya velocidad con la que se configuró la desilusión. Estos tendrían que haber sido los tiempos para hablar de los primeros efectos del cambio de narrativa; pero se han convertido en largas semanas en las que se intenta pintar una realidad para la que es complicado encontrar sustento. Lo digo desde la honestidad, fui uno de esos más de 30 millones que votó por ese proyecto.

Escuchar historias de conocidos sobre lo que enfrentan en sus trabajos, en sus familias, en sus escuelas y contrastarlo con lo que se escucha todas las mañanas en Palacio Nacional es sumamente triste. Aunque creo que lo que más me sorprende es la falta de empatía, así lo he anotado aquí en un par de ocasiones, volví a pensarlo ayer cuando leía una historia que transmitimos en Imagen Noticias.

El reporte es trabajo de mi compañero Ángel Galeana: sucede en Xalpatláhuac, uno de los 17 municipios de Guerrero considerados por el gobierno estatal como libre de contagios de coronavirus, pero que para las autoridades municipales es una región que cuenta con al menos 100 casos activos. Aún así, el próximo 30 de agosto deberán iniciar las actividades escolares de manera presencial. Maestros y padres de familia tienen miedo, están preocupados por los riesgos, no solo porque, ubicados en plena sierra, las condiciones económicas no les permiten comprar los insumos necesarios para los filtros que urge la emergencia sanitaria, sino que además ni siquiera cuentan con los servicios básicos para sus planteles, como lo es el agua potable. Sobra decir que las clases a distancia no son precisamente una opción. Para obedecer la orden estatal, están pensando en un sistema mixto, para que algunos estudiantes vayan por la mañana y otros por la tarde. Vaya peligro.

Y vemos estas condiciones, pero al mismo tiempo somos testigos de un despliegue innecesario de recursos para eventos que solo sirven para llenar agenda y dar una forma institucional que resulta grotesca. Esta semana el presidente declaró que aún no sabe cómo será la celebración del próximo 15 de septiembre, pero sí advirtió que será memorable. Ahora que el semáforo epidemiológico pierde su significado al paso de los días y con lo que hemos visto que sucedió con la instalación de la maqueta monumental del Huey Teocalli en el Zócalo, inferimos que estarán dispuestos a gastar lo que consideran vale la celebración de los 200 años de la consumación de la Independencia, más cuando hablamos de este gobierno tan adicto a los simbolismos. 

Y ahí es donde no encontramos sentido a esa narrativa de que primero se vería por los desprotegidos, porque comunidades como Xalpatláhuac han tenido que lidiar solas estos casi 18 meses de pandemia, con las carencias que han padecido toda su vida: la incertidumbre de tener una cubeta con agua para lavarse las manos o la de si accederán a servicios de salud en caso de enfermarse, por mencionar algunas. Y entonces, en una mañanera anuncian los Tianguis del Bienestar, donde “los que menos tienen” podrán hacerse de bienes decomisados, una idea que luce más como un concurso de televisión de los años 80 que como una verdadera política social. 

Qué rápido alimentaron la desilusión y qué triste que después de la elección intermedia el panorama siga viéndose desolador. No hay en la víspera algún movimiento que alimente de forma más sana el debate público. Al menos no uno que nos represente en la vía institucional. Los mismos personajes y narrativas, porque para abonar a la división se necesitan dos partes y esa otra que tanto habla de polarización, está en alerta todo el tiempo para responder de inmediato cualquier provocación, preocupados más por la víscera que por la propuesta. Ya es momento de que pongamos manos a la obra.

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