Un partido político ideal
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

Un partido político ideal
Foto: Pixabay

Vamos a soñar unos minutos. Imaginemos por un momento cómo sería un partido político ideal para una democracia en construcción, como la mexicana. Un partido en el que no diera vergüenza militar (como todos los actuales) y que fuera una verdadera “entidad de interés público”, como les llama el artículo 41 de la Constitución. 

Primero, el origen. Para ser un partido ideal su origen debería ser ciudadano, diverso e incluyente. Esto es, un partido centrado en las causas más importantes de todos los mexicanos, y no sOlo en las que interesan a un grupo en específico. Una institución que surja de los motivos sociales más apremiantes, y no de un puñado de intereses privados. Un partido ubicado en el centro del espectro político, porque no le importan las ideologías antiguas ni las grandes etiquetas, sino las personas y sus necesidades. 

Segundo, la toma de decisiones. Un partido que sirva a una democracia solo puede estar basado en decisiones tomadas de forma democrática en su interior. Solo de la práctica interna de la democracia se puede aspirar a construir un Estado que tenga los mismos principios y procesos. Es absolutamente inconcebible que un partido fundado en torno a una persona, o a un grupo que toma todas las decisiones, puede aspirar a comportarse de manera diferente, una vez que asume el poder del país. 

Tercero, la selección de integrantes. Las mujeres y hombres que integran un partido son mucho más importantes que sus principios, proyectos y reglas. Un partido que aspira a crear una buena democracia en un país no puede aceptar a cualquier persona que toca a su puerta para obtener un cargo, por popular o famosa que sea. El partido ideal debe tener perfiles claros y congruentes, de las mujeres y los hombres que van a llevar su nombre. Los partidos no mueren por lo que dicen sus documentos básicos, sino por los actos y la irresponsabilidad de sus integrantes.

Cuarto, la integridad y la responsabilidad. Los partidos políticos son las instituciones menos confiables en nuestro país (Consulta Mitofsky, 2020) porque son vistos como simples vehículos huecos para acceder al poder, en los que no hay responsables de nada. Un escándalo de corrupción tras otro, así como pésimos resultados de gobierno, de todos los partidos, son comúnmente afrontados por éstos con innumerables pretextos, deslindes y explicaciones, que solo evaden la responsabilidad frente a la ciudadanía. Un partido que aspire a reconstruir nuestra democracia debe estar fundado en la integridad y la responsabilidad individual e institucional. Cada miembro debe responder por sus actos de manera completa, pero también la institución en su conjunto debe responder enteramente por los actos u omisiones de cada uno de sus miembros.  

Quinto, la selección de candidatos. Los partidos políticos en una democracia son las plataformas ideales para proyectar personas a cargos en los que se ejerce el poder. Un partido ideal sería aquel que selecciona a personas ideales para cada cargo, es decir, a personas capaces, íntegras, con experiencia, con valor, responsables y sin cuentas pendientes. 

¿Es imposible construir un instituto político con estas cinco características? Seguro piensas que sí. Yo creo que no. Es imposible tener un instituto político que en todo momento tenga todas y cada una de las cinco características. No soy un naive de la política, me asumo como un liberal realista que ha ejercido cargos públicos, y por eso la conoce el mundo público desde adentro.

Quizá nunca tengamos un partido que sea ideal, todo el tiempo, pero podemos construir uno (o reconstruir uno de los actuales) con estos cinco elementos como aspiraciones permanentes, que guíen en todo momento su actuar, aunque cometa errores. Si no lo intentamos, tendremos que conformarnos con la mediocre democracia que tenemos hoy.