Y el vocho blanco, sigue y va
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Y el vocho blanco, sigue y va
Foto: Facebook

Hace 25 años, Omara Portuondo junto con Compay Segundo grabaron sin ensayo previo la canción 20 años, también Ibrahim Ferrer cantó Candela, volvían a estar frente a un micrófono después de cuatro décadas, cuentan que Ferrer tenía las manos llenas de betún, ya que en ese momento sobrevivía limpiando zapatos en la calle.

Fue un día glorioso en el estudio Egrem, en la Habana, con paso lento, pintando canas y el surco de los años en el rostro, los legendarios músicos cubanos volvían con sus instrumentos y ese chorro de voz que había permanecido en silencio.

Fue el nacimiento del Buena Vista Social Club, agrupación que con el álbum producido por el británico Nick Gold, documentado por Ry Cooder y distribuido en México por Eduardo Llerenas, sorprendió al mundo. Instante cargado de magia que sucedió en el casco viejo habanero, el de las fachadas descascaradas, el del puerto que ve cómo despunta y se oculta el sol entre el ir y venir de las olas del mar.

Disco que llevó por el mundo a los músicos cubanos, quienes con edades entre los 49, 70 y 90 años conquistaron festivales de cine a través del documental de Ry Cooder, fueron reconocidos por las nuevas generaciones que descubrieron el filing y, por ejemplo, otorgaron a Ibrahim Ferrer, con 73 años, el Grammy latino como Artista revelación.

Ecos de los Buena Vista Social Club que seguramente tuvieron que ver con la declaratoria al bolero, como Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura Cubano, género que surgió en 1883, pero que dada la cadencia de sus melodías se integró suavecito con el son, danzón, mambo y cha-cha-chá, justo los ritmos que encontramos en Chan Chan, El cuarto de Tula o De camino a la vereda, temas que por cierto pueden encontrar remasterizados en el disco edición de aniversario.

Una época que en México causó furor y fue gracias a la colaboración de Discos Corasón, casa productora fundada en 1992 por Mary Farquharson y Eduardo Llerenas, pareja que se conoció en 1987 cuando Mary llegó a México desde Inglaterra con la intención de hacer periodismo cultural independiente, razón por la que asistió a la presentación de la Antología del son de México, material reunido por el entonces maestro en Bioquímica, Eduardo Llerenas, quien junto con con el matemático Enrique Ramírez de Arellano y el músico Baruj Lieberman reunió en sus viajes de fin de semana por la República mexicana, aventuras a bordo del vocho blanco, ese que iba a la Huasteca en Veracruz, Querétaro, Hidalgo, San Luis Potosí, Puebla, y Tamaulipas, recorridos en los que llevaban sus dos grabadoras Nagra Kudelski, micrófonos con condensador Neumann, y cintas de registraran esos encuentros sonoros, expediciones que fueron financiadas por Lieberman, hasta su muerte en 1985.

Materiales que al momento que Mary Farquharson conoció inmediatamente calificó de tesoros que debían difundirse en formato de disco y miren que sabía de lo que hablaba, ya que al llegar a México, Mary traía su maleta repleta de vinilos con música de distintas partes del mundo, intérpretes que años atrás descubrió y grabó en la disquera World Circuit, la cual fundó junto con Nick Gold y Anne Hunt, sí, Nick Gold el que hizo el disco del Buena Vista Social Club.

Después de aquellas revelaciones y múltiples coincidencias, Mary y Eduardo crearon Discos Corasón con una inversión de 15 mil pesos, las grabadoras, micrófonos y el vocho blanco que los llevó a seguir captando la música de nuestro país, fueron a Guerrero, a la casa de Juan Reynoso, estuvieron en Ciudad Valles con Marcos Hernández y sembraron la semilla de Los Camperos de Valles.

Fueron viajes de una pareja de locos enamorados que luego de peinar la zona y coincidir en que músicos tocaban mejor, instalaban su estudio en casa de los músicos seleccionado o en una escuela o la iglesia del pueblo… toda una faena que años más tarde los tenía en una casa de adobe, con las grabadoras conectadas a una batería de coche grabando a Kasse Mady Diabate, eso sucedió en Kela, pueblo de Malí en África, viajes que dieron con la Orquesta Baobab y Oumou Sangare, pero también con Chavela Vargas, Teresa Salgeiro, las hermanas García y tantas y tantos más ritmos e historias que sin necesidad de pasaporte o visa cruzaron de Timbuctú al río Papaloapan y al Niger, de la Ciudad de México a La Habana.

Una pasión que se mantiene en comunión con los latidos de Mary Farquharson y Eduardo Llerenas, con la admiración y amor de sus hijos y nietos, con la complicidad de Amanda Franco y tantos otros que junto a ellos han iluminado con cientos de grabaciones los oídos y han llenado de notas la mirada. Complicidad que a propósito de los 25 años del Buena Vista Social Club nos regalaron una conversación con Nick Gold, para rememorar esa odisea, preparen los mojitos y disfruten.