Ríe Colón
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Nacho Lozano es periodista y autor. Ha sido reportero y presentador de noticias para radio, televisión e internet desde hace dos décadas; editor y columnista en diversos medios impresos nacionales e internacionales. Es presentador de Noticias Telemundo. Twitter: @nacholozano

Ríe Colón
La estatua de Cristobal Colón será reubicada. Foto: INAH

Yo siempre he sido de la idea de que las calles, colonias, parques y espacios públicos que llevan nombres de políticos mexicanos deben cambiarse por nombres de víctimas, luchadores sociales o artistas, por ejemplo. Prefiero decir que vivo en la calle Marisela Escobedo #66, que en la Díaz Ordaz #66. Hay que construir un criterio común para elegir los nombres, ¿no?

Nuestra memoria rendiría respeto a quienes murieron queriendo transformar a México y no a quienes lo saquearon. Escuelas, periféricos y hospitales nombrados como quienes murieron descubriendo una vacuna o defendiendo a los vulnerables me daría más orgullo. Nombres de víctimas de tragedias que nos recuerdan los horrores de la impunidad, la corrupción y violencia contemporáneas que siempre se pueden evitar son los que necesita nuestra memoria urbana. Pero si destacamos a los que volvieron de esos cánceres sus esquemas financieros, pues estamos jodidos.

¿Cuál es el problema si se cambia a Colón de glorieta y se pone una escultura de mujeres indígenas en su lugar? Ninguno, siempre y cuando la de Colón ocupe un lugar digno en el espacio público, porque es parte de nuestro pasado y construcción de identidades mexicanas. Las mujeres indígenas, en una avenida principal, recibirían un gesto de honra. Lo mismo madres buscadoras que no han tenido ni honra, ni justicia, ni a sus seres queridos. ¿Una estatua cambia las vidas de las mujeres indígenas? No, vean nomás cuántas de esas hay en México y cómo viven en realidad las mujeres indígenas en su propio país, pero las visibiliza. ¿Una estatua traerá de vuelta a los desaparecidos que buscan las rastreadoras? Tampoco, pero nos recordará todo el tiempo la deuda que las instituciones y quienes ostentan el poder tienen con ellas. Germinaría la exigencia de que los que cobran sueldos en las oficinas públicas tienen que dar resultados o largarse.

Pero la que se voló la barda con extremos peligrosos esta semana en Washington DC fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, de visita por Estados Unidos. Le preguntaron su opinión sobre la disculpa del papa Francisco a México.

La señora se dejó ir como tía en tobogán: le “sorprende” que el pontífice, “un católico que habla español”, pidiera perdón a través de una carta al pueblo mexicano (que ha de hablar marciano, eso sí sería sorpresa) por los “pecados” cometidos por la Iglesia católica durante la Conquista española, según relatan notas periodísticas.

La madrileña es defensora del legado de España (sí, hay muchas cosas que admirar y defender de ese legado, sin duda) “que fue llevar precisamente el español (mmm, así que usted diga ‘llevarlo’… no sé; uno lleva un pastelito a casa ajena, como señal de respeto; más bien se impuso ante el maya, el náhuatl, otomí, mixteco, zapoteco, totonaco, chol, mazateco… ¿o no?) y a través de las misiones (unas muuuy radicales y sangrientas, otras no tanto), el catolicismo (que buscó desaparecer a los ritos prehispánicos y que entonces no supo reconocer su salvajismo en varias partes del mundo) y, por tanto, la civilización (aquí es donde los historiadores se agarran del chongo para entender si aquello era una civilización o todo lo contrario) a la usanza del continente americano”. 

A la presidenta de Madrid le cae re mal Andrés Manuel López Obrados, porque el mandatario mexicano quiere “deshacer el legado de España con su defensa del indigenismo” (¿cuál es el problema en defender el indigenismo?, pregúntome yo, ¿señora?), una lucha que calificó como “el nuevo comunismo”. Dice una crónica: “Uno de los objetivos de la gira de Díaz Ayuso, además de estrechar lazos políticos y promover la inversión internacional en Madrid, es defender la hispanidad y el legado español en el continente americano, cuando el movimiento revisionista en Estados Unidos vive un apogeo. En 2019, Washington se sumó a las más de 130 ciudades y ocho estados del país que cambiaron la festividad del Día de Colón por la de los Pueblos Indígenas. Consultada en Nueva York sobre esta modificación, la presidenta del PP de Madrid dijo que le parecía ‘fatal’”. O sea que corajes hizo la señora.

Para ser Franco (de franqueza): ¡Perdónalos Colón, como tú, ellos tampoco saben lo que hacen!