Facebook, el monstruo
Entre nodos

Periodista especializado en Tecnología con especial interés en la privacidad, el espionaje, la ciberseguridad y los derechos en la esfera digital. Observador de realidades, a veces provocador y defensor de la igualdad, la inclusión y el libre albedrío.
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Facebook, el monstruo
Facebook. Foto: EFE/ EPA

Tengo una confesión: la caída de Facebook, Messenger, WhatsApp, Instagram y Oculus del lunes fue un respiro para mí. De pronto, los chats cesaron, las conversaciones vacías se pausaron, los temas importantes se abordaron por Telegram, por teléfono y por SMS. Durante casi siete horas tuvimos una inesperada semidesconexión digital, y sería irresponsable reducir la caída de cuatro de las cinco plataformas sociales más usadas en el mundo, que son controladas por el corporativo que dirige Mark Zuckerberg, a la esfera de lo anecdótico.

¿Cuántas personas nos comunicamos con nuestro médico de cabecera, con nuestra veterinaria de confianza o con nuestra familia a través de Facebook, Whatsapp o Instagram? ¿Cuántas tenemos los accesos a servicios digitales como comercio electrónico, servicios informativos, plataformas financieras o videojuegos ligados a Facebook? La realidad es un tanto escalofriante: la compañía de Menlo Park está metida en nuestras vidas, en nuestras economías y en el ejercicio de nuestros derechos más de lo que quisiéramos creer.

¿Qué causó la caída? Once horas después de que inició el apagón, el vicepresidente de Infraestructura de Facebook, Santosh Janardhan, finalmente emitió un breve comunicado con disculpas, donde explicó: “Los cambios de configuración en los routers de nuestra red troncal que coordinan el tráfico de red entre nuestros centros de datos causaron problemas que interrumpieron esta comunicación. Esta interrupción del tráfico de la red tuvo un efecto en cascada en la forma en que se comunican nuestros centros de datos, lo que paralizó nuestros servicios”.

Durante el apagón, las teorías de la conspiración salieron a flote. Se habló de un hackeo (argumentado por una supuesta venta de más de mil 500 registros de datos de usuarios de la red social) y hasta que la caída de las plataformas de Facebook estuvo relacionada con la entrevista que dio Frances Haugen, una antigua empleada de la compañía, al programa 60 Minutos de la CBS, quien filtró documentos internos que evidencian cómo la empresa sabe que sus productos causan daño a la sociedad, pero prioriza mantener las ganancias en lugar de actuar para mitigar los efectos negativos.

Aún con más dudas que certezas sobre qué y por qué pasó, es posible reconocer que las afectaciones van más allá de unos memes o de unos likes, pudiendo impactar a más de 2 mil 700 millones de personas a nivel mundial y más de 100 millones en México.

Es bien sabido que Facebook, Instagram y WhatsApp se han convertido en plataformas que han impulsado los microemprendimientosla economía “neni”– con servicios como Marketplaces y WhatsApp for Business. No hay que obviar que a raíz del confinamiento por la pandemia, las personas han encontrado en estos canales digitales una vía para emprender o solventar las dificultades económicas.

Si tomamos como referencia el estudio La nueva cara del emprendimiento, elaborado por las firmas Tala, Metrics y Estafeta, publicado en julio, la economía “neni” genera 9.5 millones de pesos en ventas diariamente. Este es el potencial de la afectación que una caída del ecosistema Facebook durante prácticamente toda una jornada laboral podría ocasionar en los microemprendimientos mexicanos.

El apagón también es un golpe para la industria del marketing y la publicidad digital, un segmento de publicidad le generó a Facebook ingresos por 28 mil 580 millones de dólares en el segundo trimestre de 2021. Las más de seis horas que las plataformas estuvieron fuera de línea también significó una pérdida en ventas, la atracción de clientes potenciales o reconocimiento de las marcas que apostaron por publicitarse en el ecosistema Zuckerberg. Así, podemos hablar de publicaciones pautadas que no llegaron a su audiencia objetivo, el tráfico referido desde Facebook a sitios web y campañas que vieron truncada su efectividad. ¿Será que el perdón ofrecido por los directivos de Facebook alcanza a subsanar estas pérdidas?

Y no perdamos de vista cómo Facebook se ha convertido en un actor relevante para informarnos. De acuerdo con el Digital News Report 2021 del Instituto Reuters, cuatro de las seis redes sociales más usadas para el consumo de noticias en México son de la empresa que fundó Zuckerberg: el 60% de los usuarios de redes sociales usan Facebook para informarse, el 35% usa WhatsApp para dicho fin; Messenger, el 15%; e Instagram, el 13%.

Esto es particularmente preocupante, ya que justo el domingo salió a la luz la filtración de documentos más grande en la historia, compuesta 11.9 millones de archivos de 14 despachos financieros, obtenidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), y que revelan cómo las cúpulas empresariales, gobernantes, artistas y otras élites utilizan empresas fachada en paraísos fiscales para esconder sus fortunas y evadir impuestos. Las élites mexicanas no se salvaron.

Al caerse las plataformas de Facebook, se redujeron los espacios de divulgación y debate, minando la conversación y el impacto de la investigación periodística más grande del mundo, misma que debería llevarnos a una exigencia social en favor de la transparencia y la justicia fiscal, además de repensar las relaciones de poder y las élites económicas en gobiernos que se arropan en la justicia social y la erradicación de la corrupción.

¿Demasiado grande para caer?

De acuerdo con la calculadora The NetBlocks Cost of Shutdown Tool, una plataforma que mide los impactos económicos de las restricciones y bloqueos de aplicaciones y sitios en internet, la caída por seis horas de Facebook, WhatsApp e Instagram habría generado una afectación de 968.5 millones de dólares a nivel mundial, y de 13.8 millones de dólares en México (unos 265 millones de pesos).

Y más allá de los números, tenemos que ver qué tan preparado está el mundo de las tecnologías de la información para soportar una caída global del gigante. Durante el apagón, plataformas como Telegram, TikTok y Twitter tuvieron intermitencias y problemas dada la saturación que registraron al ser alternativas al ecosistema Facebook. Los operadores móviles también reportaron saturación en sus redes.

Un breve recordatorio de cómo llegamos hasta acá. Los reguladores de los mercados le han dado la libertad a Facebook para convertirse en un monstruo digital, permitiendo compras millonarias como WhatsApp en 2014, negándose a reconocer a la empresa como un monopolio y permitiendo prácticas contrarias a la neutralidad de la red como el zero rating (esto es, cuando las compañías de telefonía móvil ofrecen acceso preferencial y gratuito a ciertas plataformas, ofreciendo ventajas a ciertos jugadores, afectando la libre competencia).

Sí, Facebook, Messenger, Whatsapp, Instagram y Oculus ya están de vuelta y el mundo no ardió en la anarquía, pero debemos tomar este evento como una advertencia más del peligro que representa la centralización de nuestros datos, de nuestras credenciales, de nuestros derechos y de nuestras economías en una sola compañía, y dejar nuestro futuro en las manos de un solo hombre. Como usuarios y consumidores será muy difícil cambiar nuestros hábitos, por lo que el llamado es a las autoridades reguladoras de todo el mundo: en sus manos está el pedir cuentas y transparencia a este gigante, y actuar antes de que se convierta en un monstruo imposible de controlar.