Un metaverso responsable… ¿le creemos a Facebook?
Entre nodos

Periodista especializado en Tecnología con especial interés en la privacidad, el espionaje, la ciberseguridad y los derechos en la esfera digital. Observador de realidades, a veces provocador y defensor de la igualdad, la inclusión y el libre albedrío.
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Un metaverso responsable… ¿le creemos a Facebook?
Foto: Pixabay

Después de varios días de turbulencia para Facebook (el apagón de su ecosistema hace dos semanas y la filtración de las prácticas nocivas que reveló la extrabajadora e informante Frances Haugen), la firma que dirige Mark Zuckerberg hizo un anuncio que entusiasmó a más de una persona: sus planes de crear 10 mil puestos de trabajo para la creación de su metaverso. El detalle: estas plazas laborales serán abiertas únicamente en la Unión Europea.

Pero partamos de lo básico: ¿qué es el metaverso? Si ya leíste Ready Player One, de Ernest Cline, (o si viste su adaptación cinematográfica dirigida por Steven Spielberg), te será familiar la idea de un mundo alterno, basado en las tecnologías de realidad virtual, donde las economías, las relaciones interpersonales y las actividades de nuestro día a día serán vividas dentro de este espacio digital, que a su vez será habilitado y controlado por una empresa. En este espacio hay tecnologías como trajes hápticos que trasladan los movimientos de las personas a la esfera digital e incluso les permiten sentir físicamente lo que están experimentando en la virtualidad (una caricia, un golpe, una caída).

La historia de Cline se centra en una batalla épica por descentralizar y democratizar el control de este mundo virtual, que ha servido como escape al mundo físico de 2044, lleno de miseria, desigualdades, marginación y destrucción. OASIS, el mundo virtual de Cline, es preponderante sobre el mundo físico, pero ambos son reales.

Facebook, por su parte, comunica una visión más romántica del metaverso, tal como lo ha hecho con sus productos que prometen conectar y acercar a las personas: “Podrás pasar el rato con amigos, trabajar, jugar, aprender, comprar, crear y más. No se trata necesariamente de pasar más tiempo en línea, se trata de hacer que el tiempo que pasa en línea sea más significativo”, escribieron Andrew Bosworth, vicepresidente de los Facebook Reality Labs, y Nick Clegg, vicepresidente de Asuntos Globales de la compañía.

Según proyecciones de la firma de inteligencia tecnológica global ABI Research, durante los próximos cinco años se enviarán a nivel mundial unos 50.1 millones de dispositivos de realidad virtual, producto de la creciente adopción de esta tecnología en el ámbito empresarial como en el doméstico, principalmente por los videojuegos. Además estima que el mercado de la realidad virtual generará ingresos por 56 mil millones de dólares para 2026.

En una primera etapa, la compañía invertirá unos 50 millones de dólares en investigación y desarrollo durante los próximos dos años para comenzar a pavimentar el camino hacia el metaverso. Bosworth y Clegg, de Facebook, dicen que lo harán de manera responsable a través de asociaciones con la industria, grupos de derechos civiles, gobiernos, organizaciones sin fines de lucro e instituciones académicas.

Las áreas clave en las que, según los directivos, se enfocará el desarrollo del metaverso de Facebook son las oportunidades económicas; la privacidad, la protección de los datos y el control de las personas sobre los mismos; seguridad e integridad; y equidad e inclusión.

Esta visión de Facebook deberá tomarse con escepticismo por varias razones. Primero, porque no es la primera vez que este gigante digital nos ha prometido responsabilidad tanto en el uso de nuestros datos como con la sociedad. Cuando Facebook compró WhatsApp en 2014, prometió que mantendría ambas empresas separadas y no habría intercambio de información. Tres Doritos después: Facebook, WhatsApp, Messenger, todo el ecosistema de Zuckerberg comparte nuestros datos, interpreta nuestros hábitos y los monetiza.

Tampoco podemos obviar escándalos como el de Cambridge Analytica, donde las malas prácticas de Facebook en el manejo de los datos personales de las personas usuarias de la red social, lo que llevó a manipular a la opinión pública en ejercicios democráticos como el Brexit, las elecciones estadounidenses en 2016 e incluso intentaron hacerlo en México.

Y en cuanto a seguridad e integridad, también nos queda a deber. Facebook ahora se ha convertido en un espacio de polarización y, precisamente, las revelaciones hechas por la informante Frances Haugen evidenciaron que la compañía privilegia el beneficio económico sobre las prácticas y contenidos dañinos para la sociedad y para las personas adolescentes.

Ahora bien, algo que llama la atención es que la creación de las plazas laborales se centren en la Unión Europea para comenzar a construir el metaverso. Esto no necesariamente es culpa de Facebook pues, como empresa, encontró el capital humano, las políticas públicas, el desarrollo tecnológico y las condiciones para comenzar el desarrollo. Esto me lleva a pensar que la promesa de equidad e inclusión no será tan efectiva si el origen tecnológico está desarrollado bajo una óptica eurocentrista. 

Guardo la esperanza de que en algún momento se integren las visiones de otras partes del mundo, incluyendo de México y de la integración de la visión comunitaria y los pueblos originarios quienes también están desarrollando tecnología propia. O que alguna otra empresa que entre en el desarrollo metaversal lo haga, porque, aunque vivamos en un mundo globalizado, las necesidades y cosmovisiones varían en las distintas latitudes y que no precisamente comparten los valores estadounidenses o europeos.

Y esto también debe ser una llamada de alerta para el desarrollo educativo mexicano. Se necesita igualar las condiciones de acceso a la educación para no crear desventajas competitivas, así como fomentar las habilidades y programas de estudio que nos permitan generar talento que se involucre en el desarrollo del mundo (o los mundos) del futuro. Eso es lo que necesitamos por parte de las autoridades, en lugar de peleas vacías con “el Nintendo” ni con anuncios absurdos como la creación de redes sociales pro gobierno, que solo terminan siendo una burla. De lo contrario, seguiremos siendo consumidores y no creadores.

Pero hay una certeza en la visión de Facebook: el metaverso no será construido de la noche a la mañana (la compañía prevé que los primeros productos vean la luz en 10 a 15 años) y tampoco será un desarrollo exclusivo de una empresa, sino de varias. El tema es ¿cuántas? Por eso es necesaria la visión de los órganos reguladores para prevenir que el futuro esté en manos de un oligopolio.

El anuncio de Facebook puede ser visto como un punto de inicio y, a partir de ahora, no debemos perder de vista el desarrollo de este metaverso. Como posibles habitantes de estos nuevos universos virtuales, debemos exigirle tanto a Facebook como a los demás actores involucrados que, ahora sí, cumplan las promesas, que integren todas las visiones posibles y se hagan responsables de los mundos que quieren crear y de los que buscarán obtener un beneficio económico.