‘Resale’, una odisea digital
Zurcido invisible

Periodista de moda egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Inició su carrera con un blog y la continuó con colaboraciones en Reforma, El Universal, Quién, Elle. mx, InStyle y Harper’s Bazaar. Autodidacta, disfruta explorar todos los aspectos en la industria de la moda y sus historias. Twitter: @Aldonautico

‘Resale’, una odisea digital
Foto: Pixabay

Debo confesar algo: desde hace casi un año paso cada minuto de mi tiempo libre inmerso en una búsqueda interminable, alimentada solamente por mi pasión, mi necedad y el presupuesto suficiente para no descalabrar mis finanzas. ¿Puedo vivir sin ello? Desde luego, pero eso no significa que pueda olvidarlo. 

El motivo de mi expedición (digital, debo aclarar) no es un Santo Grial ni un vellocino de oro, sino algo más terrenal: un saco de terciopelo verde con un lazo de seda que Tom Ford diseñó para Yves Saint Laurent Rive Gauche en su colección otoño/invierno 2003, y que tiene un estatus mítico entre los millenials nostálgicos de la época porque Demi Moore lo usó en alguna premiere cuando estaba casada con Ashton Kutcher. 

Parecería que mi obsesión con una prenda de épocas pasadas es solo el capricho de un treintañero frívolo, pero en muchas ocasiones, una prenda deseada durante años es el conejo blanco que lleva a muchos hacia el País de las Maravillas… que en este caso se llama resale

La premisa del resale es tan simple (revender prendas o accesorios de segunda mano) que la hemos experimentado de diferentes maneras. En México, por ejemplo, la ropa de paca nos ha dado durante años prendas usadas hasta saldos de almacenes estadounidenses, y la búsqueda de tesoros bajo ese océano de prendas es emocionante, porque nunca sabes qué vas a encontrar. 

Otros aspectos del resale son mucho más organizados y se acercan más al concepto original: luego del auge de la ropa vintage en los 90, surgieron ferias y hasta boutiques especializadas como Decades y The Way We Wore, cuyos propietarios se convirtieron en celebridades por derecho propio luego de vestir a innumerables estrellas para la alfombra roja y nutrir los archivos de diseñadores y stylists.

La manifestación actual del resale se ha dado a través de sitios como The RealReal, Vestiaire Collective, 1stdibs y nuestras opciones locales: GoTrendier, Vopero, Troquer y Portèlo, entre otras. Todos estos espacios tienen un target muy bien definido: mientras que GoTrendier tiene de todo, 1stdibs es la meca de la alta costura o las rarezas, con prendas que rebasan el medio millón de pesos o más. (Por supuesto, tengo cuentas en casi todos de ellos: al igual que muchos fanáticos del resale siempre he sido fan del vintage, un poco por necesidad, y  porque amo encontrar tesoros en todos lados). 

Y como muchos fenómenos en la moda, el resale tuvo un impacto fuerte por la pandemia: de acuerdo con un estudio de Thredup, 33 millones de personas compraron prendas de segunda mano por primera vez, y el mercado podría crecer hasta cinco veces en los próximos años, esto sin duda motivado por premisas como la sustentabilidad (después de todo, comprar algo de segunda mano es una forma muy eco-friendly de consumir moda) y la nostalgia por los 90 y early 00s promovida por publicaciones de moda e influencers

La industria de la moda ya está tomando nota de esta tendencia: Net-a-Porter y Neiman Marcus tienen programas de resale, mientras que Chanel y The RealReal hicieron una tregua momentánea en su batalla legal, iniciada luego de que la maison acusara el sitio de vender imitaciones. Otros incluso han relanzado modelos del pasado con gran éxito, como Dior, que en 2018 reintrodujo su Saddle Bag para convertirla (de nuevo) en una it bag

Y aunque mi búsqueda por el saco YSL de 2003 seguirá, ya tengo en mente otros: un modelo negro, de la colección otoño/invierno 2002. y un bolso Marcie de Chloé. Presiento que voy a iniciar otra odisea.