Ver llover y empaparse
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Ver llover y empaparse
Foto: pimientafilms.com

Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad.

Antoine de Saint Exupéry

Miércoles en la noche. Nicolás Celis, uno de los productores que más ha caminado por la alfombra roja de diversos festivales en el mundo, se encuentra en la sala de su casa conectado vía Zoom para recibir un homenaje por parte del Festival de Cine de Los Cabos. Al otro día, entre llamadas, citas y entrevistas, debe ultimar detalles de carpetas de nuevos proyectos, preparar maleta y tomar un vuelo a Los Ángeles. Así es la agenda de un hombre que recién cumplió 35 años y ya cuenta con una trayectoria de tres lustros en el mundo cinematográfico.

El viernes baja del avión y vuelve a esa otra vida alterna de las conexiones remotas. Tenemos una cita, me saluda con familiaridad –de esa que me hace sentir “cuata”–, desde la pantalla se nota cansado pero en cuanto empezamos a hablar de cine se le ilumina el rostro, va armado con unas tremendas gafas oscuras, el pelo relamido hacia atrás y el esbozo de bigote y barba de unos días, bien podría pasar por el protagonista de cualquier película… lo felicito por el premio y se suelta: “Esta padrísimo todo lo que sucede, es mucha intensidad, pero no puede ser de otra manera, para promover proyectos hay que dar todo”.

Recuerda su anhelo de hacer cine, un sueño que estaba muy inspirado por el legado de su estado natal. Él es de Cuernavaca y Morelos cuenta con la comisión de filmaciones más antigua de Latinoamérica, aún así no la tuvo fácil, había muy poco de industria o escuelas que lo prepararan, para acabar pronto solo tenían la opción de ver estrenos en el Cine Morelos.

Es así que, cargado de ilusiones, se lanzó a la Ciudad de México para presentar examen en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), lo hizo dos veces y no se quedó, sin embargo no se desanimó y comenzó a tomar de alguna forma “clases de oyente”. Se involucró con la generación de esos años y poco a poco descubrió que lo suyo era resolver, que era inmune al estrés, la presión no lo hacia temblar y si había que prepara café para todos, manejar o hacer lo necesario para que un cortometraje se realizará, él estaba dispuesto a hacerlo.

“Todos los que nos dedicamos a esto hemos logrado una permanencia y sobrevivencia, siendo necios –y digo necios en el buen sentido–. Es algo que nos apasiona, que es nuestra vida. Para mí, cada proyecto implica retos distintos y soy consciente de que para que lleguen a buen puerto se debe empujar, no hay de otra, jamás va a pasar que hagas la película, luego llenes un formato de cualquier festival por internet y después te escriban para decirte dónde debes recoger tu premio, todo es cuesta arriba y a mí me encanta, me encanta porque no hay una garantía de nada. Es más, puede que arropes tu proyecto y nada más no pase nada, no llegue a ningún festival, no se logre vender o siquiera estrenarse, hay demasiado en juego y las únicas reglas es que no hay cabida para la flojera, ni la frustración”.

Para Nicolás Celis todo comenzó en 2005. Elisa Miller, quien entonces estudiaba en el CCC, preparaba su cortometraje Ver llover y necesitaba un productor, Nicolás alzó la mano y en 2006 el corto compitió en Cannes… obtuvo la Palma de Oro. El siguiente reto fue Somos lo que hay, largometraje sobre una familia de caníbales en la Ciudad de México, de Jorge Michel Grau, joven egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica que pensaba graduarse con esa, su ópera prima. Entró a escena Celis como productor y una vez más estuvo en Cannes, más adelante conoció a Tatiana Huezo y le produjo El lugar más pequeño, largometraje documental que colocó a Nicolás en un terreno distinto, ganó diversos premios y le dejó claro que lo suyo era resultado de su tenacidad, pero también de su buena estrella.

En 2015 llevó a las pantallas Semana Santa, de Alejandra Márquez Abella, cineasta de la que muchos colegas –como Patricia Arriaga– le habían dicho que harían buena mancuerna y que, cuando por fin se reunieron, le dijo que sí, que hicieran la película pero que estaba embarazada. Nicolás recuerda que respondió: “perfecto, ¿cómo lo organizamos?, ¿cuándo nace?, ¿cuánto tiempo se necesita? No tengo idea de los tiempos, vas a tener a tu hijo y vamos a filmar, así que apliquemos a las convocatorias ahorita, van a pasar seis meses en lo que salen los resultados, entonces estás con tu bebé. Fue algo súper orgánico y Ale me dijo tiempo después: gracias por no hacerme sentir que no podía hacer una película solo porque iba a tener un hijo… pensé: ¿por qué iba a ser una traba? Jamás me pasó por la cabeza. Así han sido las decisiones en mis proyectos que no tienen que ver con otros motivos, nos gusta la historia, queremos trabajar juntos, nos caemos bien, vemos el proyecto de la misma forma, esa es mi brújula”.

Asociado con su hermano Sebastián fundó Pimienta Films, casa que en tiempos de pandemia armó un autocinema en su ciudad natal. Pero déjenme echarles la lista de los títulos en los que ha participado y lo han puesto frente a los reflectores, empezamos con Pájaros de verano de los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra, Roma de Alfonso Cuarón que obtuvo el León de Oro en Venecia, BAFTA a mejor película y el anhelado Oscar a mejor director, fotografía y película extranjera, así como varios premios Ariel. Hace poco en la edición 2021 del Festival de Cannes les contaron los minutos de aplausos luego de proyectar Noche de fuego de Tatiana Huezo, directora que, junto con Alejandra Márquez, Elisa Miller y Liliana Pardo, le dio la oportunidad de su vida, ya que para él, antes de que se volviera una cuota, tenía claro que el ojo de las directoras, cinefotógrafas, productoras y todas las mujeres en el quehacer fílmico y en la vida en general siempre resulta certero y más vale saberse acompañado de un equipo todo terreno.

Se nos acaba el tiempo de conversación a distancia, pero antes comparte su entusiasmo por el rumbo que va tomando la producción en México, hay muchos pendientes, faltan apoyos, pero sobra talento y camaradería, se vienen tiempos mejores, sonríe y se despide. Y pienso que en esa gran lección de vida: para que las cosas sucedan hay que soñarlas y luego poner todo el empeño y trabajo para que se hagan realidad.