La originalidad en cines en peligro de extinción
Gran Angular

Periodista interesado en medios, contenidos, periodismo y cultura. Colaborador, reportero y editor con experiencia en medios impresos, electrónicos y digitales. Maestro en Periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE. Beca Gabo en Periodismo Cultural y Cine 2014 y 2020. También habla mucho de cine. 

La originalidad en cines en peligro de extinción
Foto: Erik Witsoe / Unsplash

El pasado fin de semana llegó a las salas del país El Misterio de Soho, un eficaz, reflexivo y cautivante thriller con notas de terror protagonizado por Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy y Matt Smith y con una destacada manufactura por parte de Edgar Wright (Baby Driver, Shaun of the Dead, Scott Pilgrim vs the world). Wright mezcla géneros y homenajea cintas clásicas. Para muchos bastará con referencias sencillas, como que se trata de una muy buena película que retoma, de manera creativa y exitosa, ideas o recursos de películas como Once Upon a Time in Hollywood, Midnight in Paris y The Shining.

Tras su fin de semana de estreno, de acuerdo con cifras de Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), la película se ubicó en el 6º lugar de recaudación y 8º en número de asistentes. A cuatro semanas de su estreno, Venom Carnage Liberado, sigue ocupando la posición número uno. Ni el estreno de ese híbrido entre blockbuster y propuesta autoral vía Dennis Villeneuve que es Duna le quitó la atención de la mayoría de los asistentes a Venom

Last Night in Soho es un agradable y atractivo respiro en una cartelera comercial que tras la pandemia, y aún en una sensible situación financiera para los cines, invita a los asistentes a ver algo distinto a la recién recuperada ola de estrenos de blockbusters que tanto extrañaban y necesitaban las cadenas exhibidoras. Venom, uno de los indiscutibles churros de la temporada (hasta sus fans pueden confirmar esto), convocó seis veces más asistentes en su cuarta semana que un estreno como Last Night in Soho.

El fenómeno no es exclusivo de México. En Estados Unidos, Last Night in Soho calificó como el 8º peor estreno para lanzamientos masivos (más de 3 mil pantallas), de acuerdo con información de Box Office Mojo.

La concentración de la atención en un perfil específico de títulos (los blockbusters basados en historias conocidas y adaptaciones –principalmente vinculados a propiedad intelectual popular–, las sagas y franquicias) es un fenómeno en desarrollo a lo largo de las últimas dos décadas. El éxito comercial-financiero de muchos de estos títulos a partir del inicio del siglo pavimentó el camino de una desmedida voracidad en los grandes estudios. Valga esta infografía como prueba. 

Dicha información conversa con lo que la semana pasada se informaba sobre Warner Media y los planes para sus estrenos para 2022 en The Hollywood Reporter

Prepandemia, Warner estrenaba entre 18 y 23 películas en cines. La nueva estrategia solo considera 12 en exclusiva para cines y 12 para su plataforma de streaming HBO Max (aunque fuera de Estados Unidos seguirá negociando estrenos en cines de más títulos). Pero el mensaje hacia el futuro es claro. A cines van las producciones de gran presupuesto, léase todo el cine de superhéroes, filmes de acción y aventura y similares. Todo aquello que asegure una buena taquilla. A HBO Max se va el resto, dramas y comedias de presupuesto mediano o independientes. De hecho, la CEO de Warner Bros, Ann Sarnoff, informó que previo a la pandemia estos títulos ni siquiera funcionaban bien en la taquilla. Y con esa afirmación también confirma la única prioridad para los grandes estudios. 

Ya se hace abiertamente una clara distinción entre el tipo de cine que podrá ser visto en salas comerciales y el que llegará directamente a nuestros hogares. O el tiempo (45 días) que habrá que esperar para que un estreno de cines llegue a la plataforma. ¿Serán los cines comerciales espacios para ver exclusivamente blockbusters? ¿En honor al sagrado Retorno de Inversión (ROI), a las cadenas no les importa esto mientras con los blockbusters y las sagas y franquicias regresen los ingresos masivos? ¿Debería de importarles? ¿Nos debería importar a los que vamos al cine y a los que escriben y hablan de cine?

Todos tenemos un poco (o mucho) de responsabilidad en esta situación en la que el cine original, el cine independiente o el cine nacional o internacional, aquel que no sea un blockbuster (o una básica comedia romántica para el caso del cine mexicano), no podrá ser una alternativa a disfrutar en salas comerciales y pertenecerá solo al universo de salas independientes, cinetecas o plataformas de streaming

Desde los medios y espacios digitales, la labor de informar a la audiencia de una mayor diversidad de títulos, con intenciones diferentes a ser principalmente éxitos de taquilla, de explorar títulos que aborden temas o narrativas sugerentes o provocadoras de discusiones o reflexiones, es limitada, por decir lo menos. 

Basta visitar algunos medios (o a varios de los youtubers sobre cine más populares) y verán que es un hecho. Es más probable encontrar un análisis, reacción o recomendación de un trailer de un blockbuster que una reseña o análisis de un título independiente, mexicano o internacional. Y si el público no es informado o enterado de estas opciones, ¿cómo podría considerarlas o elegirlas? Darse una oportunidad de ampliar gustos o desarrollar una cinefilia que los haga visitar el cine para algo más que Venom.

La famosa creación de públicos está en manos de todos y parece que no aprendimos de la pandemia. Ni cines, ni medios y “especialistas”, ni audiencias, estamos ofreciendo o exigiendo algo más que lo que la oferta comercial desde los grandes estudios impone o prioriza. Y es una falacia que se afirme que esta oferta está definida por la demanda.

Siempre ha existido ese choque y paradigma de que el cine es producto y obra, comercio y arte, negocio y cultura. Pero el equilibrio o intercambio histórico (en eterno cambio y ajuste) entre estas dos caras parece estar yéndose en extremo hacia un solo lado. No es una buena noticia para los cinéfilos.