¿Se puede medir el desempeño de un órgano legislativo?
Tácticas Parlamentarias

Analista y consultor político. Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y Maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull, en Reino Unido. Es coordinador del Diplomado en Planeación y Operación Legislativa en el ITAM. Twitter: @FernandoDworak

¿Se puede medir el desempeño de un órgano legislativo?
Foto: Cámara de Diputados.

A poco más de una semana de la maratónica sesión para aprobar el Presupuesto de Egresos para 2002, se respira un aire de agotamiento en la Cámara de Diputados. Aunque mucha gente estaba segura que no se cambiaría una coma del proyecto presentado por el Ejecutivo, se tenían que hacer análisis sobre su congruencia con la agenda para el Desarrollo Sostenible de la ONU, recibir las recomendaciones de las comisiones para reasignar fondos y, finalmente, las reservas de las diputadas y diputados en lo particular. Eso ocupó el esfuerzo de personas legisladoras y su staff durante semanas y no era algo ocioso: era una necesaria válvula de escape para legitimar el proceso en su conjunto, sabiéndose que no se modificaría el resultado al tener Morena y aliados la mayoría del pleno.

Por si fuera poco, la reforma eléctrica no se discutirá sino hasta el próximo periodo de sesiones, si acaso. Las razones: Morena y aliados apuestan a que la así llamada revocación del mandato le otorgue legitimidad al presidente para impulsar su agenda, y la oposición quiere llevar el debate hasta después de las elecciones de 2022, para no contaminar agendas.

Aunque se podría pensar que no habría gran cosa por hacer en el Congreso de aquí al cierre del Primer periodo ordinario de sesiones, el 15 de diciembre, en realidad las actividades parlamentarias seguirán su curso normal. Las comisiones se dedicarán a dictaminar las iniciativas, minutas y puntos de acuerdo turnadas, especialmente si recibieron pendientes de la anterior legislatura. Eso significa que se modificarán varias leyes, aun cuando caigan debajo del radar de la atención pública, como sucede con la gran mayoría de los asuntos.

Si sabemos que la atención pública al Congreso se centra en pocos temas a lo largo de una legislatura, y que constantemente se aprueban iniciativas de las que apenas se entera la ciudadanía, de las cuales muchas pueden ser muy importantes, ¿no será que es imposible calificar al Poder legislativo a través de una idea de desempeño?

Para empezar, es absurdo imaginar que un órgano que funciona de manera colegiada y a través de la negociación pueda medir su desempeño de acuerdo a criterios cuantitativos, como dividir el número de iniciativas aprobadas sobre el número de iniciativas presentadas, como hacen algunos observatorios. 

A final de cuentas, cuanto se apruebe o no será producto del consenso o la capacidad de un grupo para imponer su agenda, en casos de gobierno unificado. Esto significa que las iniciativas pueden llegar a ser reformadas hasta ser irreconocibles para sus proponentes, si no hay mayorías fijas. ¿Es algo bueno o algo malo? Es imposible responder esa pregunta sin caer en posturas partidistas.

Además, la mayoría de las iniciativas que presentan las personas legisladoras no tienen la finalidad de ser aprobadas y eso no es algo malo. Lejos de ello, a menudo la intención es abrir el debate sobre un tema, o presentar el planteamiento de un partido o persona ante otra iniciativa. A menudo saben que no serán dictaminadas, pero ayuda a abrir la discusión pública y generar atención sobre ciertos temas de la agenda.

Demos un paso más, y veámoslo con algo más de realismo: en todos los países, el Ejecutivo es el principal legislador, pues la ciudadanía elige un programa de gobierno, sea porque un partido gana la mayoría o se coaliga con otros. Por otra parte, las estructuras burocráticas de la administración pública permiten redactar iniciativas más sólidas que el órgano legislativo.

En breve, si queremos incidir en las decisiones públicas respecto a un tema, estamos obligados a pensar en tácticas para lograrlo. La próxima semana se hablará sobre la idea de evaluar el desempeño de personas legisladoras en lo individual.