Kast, ultraderecha se asoma en América Latina
Medios Políticos

Es un periodista especializado en el análisis de medios y elecciones. Tiene posgrado en Derecho y TIC, obtuvo el premio alemán de periodismo Walter Reuter en 2007, fue conductor en IMER y durante 12 años asesor electoral en el IFE e INE, editor, articulista y comentarista invitado en diversos diarios, revistas y espacios informativos. Twitter: @lmcarriedo

Kast, ultraderecha se asoma en América Latina
Foto: Pixabay

José Antonio Kast es un político chileno ultraderechista. El domingo pasado fue quien más votos obtuvo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en su país (27.9% del total de votos). Hay desgaste de las opciones políticas de izquierda que han gobernado la región los últimos años, también de las derechas tradicionales que acusan pasmo en sus corrientes moderadas, envueltas en laberintos de corrupción.

Ese contexto, con entornos polarizados, con desigualdad, corrupción y pleitos políticos constantes, ha sido parte de un caldo de cultivo que permite un avance preocupante de expresiones con fanatismo político radical, extremistas, llenas de intolerancia, pero bien organizadas en la búsqueda de poder. Ganan cada vez más terreno.

Kast parece incluso sobreactuar su papel de ultra, representa ese tipo de expresión política proclive al fanatismo religioso, intolerante con la diversidad sexual, promotor de una sola forma de familia, enemigo de los movimientos feministas a los que llama despectivamente “ideología de género”, de los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, defensor de la dictadura de Pinochet, abierto simpatizante de Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.

Hasta hace pocos años, su perfil lucía marginal en las urnas, impensable que cosechara simpatías con una agenda tan conservadora, con una visión tan contraria a derechos humanos y nostálgica de las más sanguinarias dictaduras, pero ahora no, el domingo pasado acudieron 7.1 millones de chilenas y chilenos a votar, la abstención ganó, fue casi 53%, pero entre quienes sí votaron, Kast fue quien más obtuvo: 1.9 millones de sufragios frente a 1.8 millones del joven candidato Gabriel Boric, la opción más fuerte de izquierda.

Kast y Boric se medirán en segunda vuelta el 19 de diciembre. No está definido el resultado, aunque pase lo que pase estamos ante un escenario donde la ultraderecha radical en Chile está en lo más alto, regresa con preocupantes posibilidades de triunfos y gobiernos radicalizados en la reacción.

Cuando Donald Trump logró el triunfo en Estados Unidos, Kast no pintaba en las votaciones masivas aunque ya había roto con la derecha gobernante de Sebastián Piñera. Aplaudió entonces la llegada del magnate estadounidense a la Casa Blanca, dijo incluso en una entrevista con la Deutsche Welle en 2017 que de haber vivido en ese país sin duda habría votado por el Trump.

En 2021, a una semana de la primera vuelta electoral del domingo pasado, declaró sobre la crisis en Nicaragua que ahí sí existía una dictadura, pero que eso no ocurrió en el Chile de Pinochet, donde según él sí se dieron elecciones democráticas y no se encarcelaba a opositores (como hace Daniel Ortega).

En realidad, en 1973 el general Pinochet, admirado por Kast, tomó el poder por las armas y depuso a un gobierno que había llegado por urnas. Nadie votó en favor del dictador, pero ahí se quedó tres lustros e impuso un régimen de terror para disidentes políticos, con tortura, asesinatos, desapariciones forzadas, censura y control militar documentado por organismos internacionales de derechos humanos. 

Y sobre los organismos, el programa de gobierno que plantea Kast es elocuente, amaga con una reforma legal para que el instituto chileno de derechos humanos se apoye a la policía que reprime y no más a manifestantes violentados. Se lee en su programa de gobierno que buscaría “reforma legal que obligue al instituto DDHH”, para “documentar y perseguir responsabilidad de agresores de Carabineros”. Argumenta al respecto que hoy esa institución toma partido por “violentistas” (manifestantes) y no por “las fuerzas policiales”. Es el mundo al revés pero ha logrado muchos votos y eso es un llamado de alerta para repensar las ofertas políticas de la región. En ese mismo programa promete “incentivos económicos” a “parejas casadas”.

Así el avance preocupante de la ultraderecha. Kast es uno de los firmantes de la polémica “Carta de Madrid” que causó revuelo en México, cuando vino Santiago Abascal (el impulsor del documento), líder del partido VOX, ultraderecha en España que igual que en Chile parecía marginal hace unos años y hoy es hoy la tercera fuerza política en su país y se da el lujo de viajar a México para sumar apoyo a su proyecto ideológico de derecha extrema.

Esa carta es la que en septiembre apareció generó tanto debate en México y, aunque hubo disculpas de algunos panistas que la apoyaron originalmente pero luego se arrepintieron ante el escándalo que implicó arropar a un líder la ultraderecha intolerante como Abascal.

Algunas firmas ya se retiraron, pero otras, pese al control de daños ahí permanecen, no fueron retiradas. Hay de varios legisladores que comparten la visión de Abascal, Kast, Bolsonaro o Trump.

Si prevalece el pasmo de las derechas moderadas y la soberbia o proclividad a polarizar y atomizar en las ofertas de izquierda democráticas, el camino para estas ultraderechas radicales puede cobrar más fuerza de lo que muchos pensamos o quisiéramos. 

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