No te sientas culpable
HÍBRIDO

Como crítico de cine y música tiene más de 25 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. Twitter: @carloscelis_

No te sientas culpable
Foto: Serie "And Just Like That" / HBO Max

He observado reacciones “interesantes”, por decir lo menos, ante ciertos productos de entretenimiento que –se supone– están diseñados para hacernos sentir bien, pero que en muchos casos están logrando el efecto contrario: hacernos sentir mal, o hacernos sentir culpables.

¿Culpables de qué? No lo sé exactamente, pero puede ser de muchas cosas. ¿Lo has sentido? Culpable de no estar suficientemente enterado, de no estar suficientemente a la moda, de no estar de acuerdo con el discurso, de no ser suficientemente progresivo. Culpable de tener dinero, de tener trabajo, de haber logrado una buena posición. Culpable de lo contrario. 

Pero también, culpable de que te haya crecido una cana, de que tus líneas de expresión se conviertan en arrugas. Culpable de sentir cansancio –cada vez más frecuente–, de no poder ir al gimnasio, de no tener un cuerpo de envidia. Culpable de no gozar de buena salud, de no ser joven para siempre.

Culpable de seguir aquí, de haber sobrevivido. Culpable de existir. El síndrome del superviviente es real, y es una condición que ataca al 90% de las personas que sobreviven un evento traumático, como puede ser una pandemia. La culpa y la vergüenza son dos emociones directamente ligadas al Covid-19, de acuerdo con el departamento de psicología de la Universidad Católica de Milán.

Series como And Just Like That, la esperada continuación de Sex and the City, prometían ser un levantón para los miembros de una generación que creció admirando el glamour y la astucia de un personaje como Carrie Bradshaw. A cambio, lo que muchos obtuvieron en los dos primeros capítulos fue vergüenza, y un bajón a la realidad que dividió al público, quizá incapaz de mirarse al espejo.

La realidad es que la serie arrancó muy bien, confrontando a su audiencia y diciéndole que las cosas nunca se quedan igual. Lo que pueda venir en los próximos episodios ya es otra historia, pero por ahora hay gente que se sintió incómoda al ver a sus personajes favoritos enfrentando los estragos del tiempo, o incluso la muerte.

Me parece un gran acierto que los primeros capítulos traten de mostrar que no se puede ir por la vida pidiendo disculpas por ser quien eres, o por haber crecido en la generación que te tocó crecer, pues como era de esperarse, el público más joven ha adoptado la postura de guardián de la (nueva) moral y policía del pensamiento, enumerando la cantidad de veces que esta serie falla en entender cómo piensan las nuevas generaciones. ¿Ya dije que no va por ahí? Ah, pues no va por ahí.

Algo similar sucedió hace un par de años, cuando el elenco de Beverly Hills 90210 presentó su propia reunión, 25 años después de que se transmitiera el último capítulo de aquella icónica serie noventera. Tori Spelling, Jennie Garth, Shannen Doherty, Ian Ziering, Gabrielle Carteris, Brian Austin Green, Jason Priestley y otros actores del reparto original, excepto Luke Perry (quien falleció de un infarto), se juntaron para grabar una temporada que titularon BH90210.

La respuesta del público no fue la esperada y la serie se canceló después de 6 capítulos. ¿Qué sucedió? Es difícil saberlo, pero la explicación más sencilla es que el público ya no conectó con este elenco, a pesar de haber sido una de las series juveniles más exitosas de todos los tiempos, y es que 25 años es demasiada ausencia. Aquí es donde entra la otra explicación: nadie quiere ver a sus ídolos juveniles convertidos en señoras y señores, lidiando con problemas de adultos.

A su favor, BH90210 hizo un excelente trabajo para actualizar a sus personajes, al proponer un divertido concepto de metaficción donde los actores se interpretaron a sí mismos, sin caer en recursos tan gastados como el reality show o el falso documental, y evitando a toda costa ser un producto nostálgico. El reparto de Beverly Hills se portó a la altura de las expectativas de sus seguidores más exigentes, sin perder nunca el estilo, mostrando madurez y evolución, y sí, enfrentando los usos y costumbres de las nuevas generaciones.

Después siguió la reunión de Friends, que tal vez aprendió de los “errores” de BH90210, y en lugar de proponer una historia nueva, se fue por un camino más fácil, donde simplemente juntaron a los actores y se sumergieron en la nostalgia durante casi dos horas, para beneplácito de sus fans.

En 2020 hubo otra reunión, la del elenco de El príncipe del rap, pero fue mucho menos publicitada. Lo que estos especiales nos dejaron fue la misma sensación de culpabilidad: culpa por haberlos disfrutado, culpa por sentirnos identificados con el pasado, culpa por querer abrazar la ingenuidad (y la ignorancia) cuando el mundo se está cayendo a pedazos.

Pero demos un salto más atrás, a 2017, cuando estrenó T2: Trainspotting, el regreso a la pantalla grande de los emblemáticos personajes creados por el escritor Irvine Welsh, e inmortalizados en 1996 por el director de cine Danny Boyle. T2 es una película muy buena, una secuela bastante digna, pero muchas personas ni siquiera saben que existe y otras simplemente se negaron a verla. No fue atractivo para los miembros de la Generación X volver a mirar a este grupo de perdedores siendo perdedores 20 años después.

Culpa, esto es lo que sucede. Y en la mayoría de los casos, terror a ser confrontados. ¿Quién quiere sentir que no ha logrado nada con su vida?, como los personajes de Trainspotting; sentirse viejo y cansado, o que se nos pasó la mano con las cirugías estéticas, como el elenco de Friends; o tal vez ridículas y fuera de lugar, como las amigas de Sex and the City. Porque hablar de cáncer y de infartos, ya sea en la ficción o en la realidad, no es para nada sexy.

Ahí está Dolor y gloria, la película de Pedro Almodóvar de 2019, para seguir echando sal en la herida. Personalmente, es la que me ha golpeado más de cerca. Tanto, que mi primera reacción al verla fue rechazarla. ¡¿Por qué hay una escena de más de tres minutos dedicada al insomnio, la ciática y otros achaques?! ¿Qué ocurrencia fue esa de poner a Antonio Banderas y a Leonardo Sbaraglia, dos de los más grandes galanes de su generación, a besarse a los 50 años y cubiertos de canas?

Y si no les bastó con la reunión de los personajes de Ghostbusters, todavía faltan los de Matrix, los de Scream y los de Top Gun. Lo importante es notar la diferencia entre las producciones que buscan un diálogo inteligente con su audiencia y las que solo pretenden enfermarnos con más nostalgia.

Porque está bien sentir que te mueven el piso, eso te ayuda a poner las cosas en perspectiva. Y para muestra, una parte del monólogo de Jennifer Aniston en The Morning Show, cuando su personaje está a punto de ser cancelado por la opinión pública: “Estoy harta de pedir disculpas por ser quien soy. O te subes al tren conmigo, o quédate en la estación”.

Hoy vine a decirte que no te sientas culpable. No te sientas culpable cuando te miras al espejo y descubres otra cana. Cuando estás en una conversación y no entiendes nada de lo que dicen. Cuando entras a las redes sociales y siempre te hace falta contexto. Cuando no estás de acuerdo con la opinión popular.

No te sientas culpable porque no te aceptan, o porque quieres ser escuchado, o porque alguna vez necesitas que te den la razón. No sientas culpa por no ser tan fuerte como quisieras, porque hoy te enteras que estás más enfermo que ayer, a pesar de hacer lo que te dijeron que era por tu bien. No te sientas culpable por tener buenas intenciones y que de todas formas las cosas salgan mal.

No te sientas culpable. No tengas miedo. Sigue tu camino. Todo va a estar bien.

BREVES

Matrix Resurrecciones llega a las salas de cine el 22 de diciembre, y aunque ya está abierta la preventa, es muy probable que no provoque la euforia de un Spider-Man: Sin camino a casa, que ya estrenó desde el 15 de este mes.

Como opción, el cine de arte también tiene buena presencia en las salas con el estreno de Memoria, el 16 de diciembre, y de Bergman Island el 23.

En plataformas, The Hand of God (Fue la mano de Dios), la nueva película del director italiano y ganador del Oscar, Paolo Sorrentino, está disponible en Netflix desde el 15 de diciembre.