El poder y sus peligros
Ciudadano Político

Provocador de ciudadanos, creador de espacios de encuentro y conocimiento. Exservidor público con ganas de regresar un día más preparado. Abogado y politólogo con aspiraciones de chef. Crítico de los malos gobiernos y buscador de alternativas democráticas. Twitter: @MaxKaiser75

El poder y sus peligros
Foto: Pixabay

Entendido como un instrumento complejo y delicado, como una herramienta que merece respeto, el poder puede transformar, en positivo, a una persona, a su grupo, a una institución y a un país. Concebido como un fin en sí mismo, el poder suele distorsionar por completo la naturaleza de una persona, y esta, a su vez, descomponer todo lo que le rodea. 

El poder es la capacidad real de influir sobre la vida de otras personas, incluso por encima de su voluntad. Es decir, es la facultad de convencer a otros de tomar una decisión que no habrían tomado por sí mismos, de empujarla o hasta imponerla. El poder es algo tangible, maleable, obtenible y acumulable. Tiene diversas fuentes, potencias y capacidades. 

Las tres fuentes más comunes de poder son el político, el económico y el social. El poder político suele estar ligado a las funciones y a las facultades formales que otorga un cargo público, sustentado en leyes, sostenido por recursos públicos y, en el caso de las democracias, obtenido por la vía del voto popular. El poder político es fácil de reconocer por elementos tangibles como la jerarquía dentro de un aparato de gobierno, el número de servidores públicos a tu cargo, los recursos a tu disposición, las facultades que tiene el puesto que encabezas y las posibilidades reales de influir en un sector de gobierno, en una zona, en un estado o en todo el país. Suele ser temporal, y en las democracias está claramente delimitado por las leyes que lo fundan, así como por los derechos fundamentales de los que gozan las personas. Pero el poder político también se pude obtener, mantener y hasta acumular a través de elementos menos tangibles como el prestigio, la influencia, la conformación de grupos que dominan una institución o un sector, el miedo, la violencia o la habilidad. En los sistemas políticos suele haber personas que, sin cargo público, poseen y administran poder político que influye en la discusión pública.

El poder económico también es fácilmente distinguible a través de elementos tangibles como el valor concreto de la fortuna que posee una persona, las utilidades de las empresas que generan sus ingresos, el valor de los bienes que acumula o la influencia directa que tiene en mercados específicos. No está sustentado en las leyes de un país, pero fluye y se contiene a través de leyes nacionales y transnacionales. El poder económico genera a su vez capacidades intangibles como la influencia que puede provocarse en el aparato político de un país o en la vida de una sociedad. 

El poder social es el más intangible y el más incierto de los tres. Tiene poder social aquella persona que es capaz de imponer una tendencia, una moda o generar una nueva necesidad social, incluso sin tener poder económico.  Puede prescindir del poder político y del económico, y, a veces, surge de su capacidad para exponer, denunciar o hasta contrarrestar a ambos. Tiene poder el adolescente que a través de un video en Youtube provoca que millones de adolescentes compren un producto, o el que hace que millones de personas dejen de ver o escuchar a una persona que hizo algo que le parece inaceptable. Es difícil de medir, a veces imposible de entender, pero es poder. A veces, el poder social tiene la capacidad de destruir o minar seriamente el poder político o económico acumulado por años, por otras personas. 

Cuando estos tres tipos de poder se entienden como una herramienta difícil de obtener, compleja en su manejo, que posee elementos concretos que deben ser comprendidos y asimilados, se puede utilizar para hacer muchas cosas. Cuando es una herramienta en las manos de una persona inteligente, que lo utiliza con respeto e independencia, que no se deja envolver por el poder, ni deja a su ego convertirlo en una necesidad de vida, se puede utilizar, acumular y potenciar al máximo. Cuando es un elemento externo a la persona es útil y menos peligroso. 

En cambio, cuando el poder deja de ser un simple instrumento y se convierte en un fin, una necesidad y hasta en una obsesión, transforma la naturaleza de una persona. Esto, porque el individuo deja de apreciarse a sí mismo como un ser digno de ser amado, respetado, apreciado y admirado, si no es a través del poder que tiene para influir en la vida de otras personas. Cuando el poder político, el económico o el social es concebido por la persona como el centro de su capacidad para relacionarse con otras personas, o como el único disfraz con el que puede salir a la calle, éste se convierte en una necesidad que dirige su vida. Y así, el poder controla a la persona y se vuelve peligroso para él y para quienes sufren de su capacidad para influir. Se olvidan las causas, los principios, las formas y hasta la humanidad de los otros. Los único que importa es obtenerlo, aumentarlo y mantenerlo. 

Por eso, los ciudadanos de las democracias modernas debemos tener cada día más cuidado respecto de a quiénes le damos el poder de influir en nuestras vidas. Que no nos extrañe que una persona que siempre ha estado obsesionada por tenerlo, lo utilice para destruir, a todos aquellos que lo amenazan.