‘No miren arriba’: un meteorito llamado capitalismo
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Economista por el CIDE. Hasta hace poco se desempeñaba como Encargado de Cooperación Económica y Promoción en la Embajada de México en Venezuela. Es experto en temas energéticos y comerciales.
Actualmente funge como asesor de la 4T en temas de energía y de la relación económica entre México y América Latina.

Twitter: @robenedith

‘No miren arriba’: un meteorito llamado capitalismo
'No miren arriba' es la película más vista de Netflix.

Bien se sabe que en los fines de año se nos está permitido “perder el tiempo”, sobre todo si lo hacemos consumiendo. Y para facilitarnos la vida, el sistema nos guía con recomendaciones de todo tipo, así que, sumándome al engranaje de este, vengo a hablarles de No miren arriba, la reciente película que es la sensación en Netflix.

Ya se han escrito varios textos analizando su temática, actuaciones, dirección, entre otros aspectos de la cinematografía de esta comedia negra. Existe una especie de consenso acerca de que la trama juega de fábula o alegoría sobre el cambio climático y su inminente catástrofe planetaria, además de la potencial extinción de la vida humana.

Aunque la película es sumamente explícita sobre la causa de todos los males –el capitalismo, acompañado siempre del lucro y la explotación guiada por la ganancia–, la enorme mayoría de los textos se mantienen hablando del cambio climático como tema central, mientras que la avaricia capitalista es mencionada como si fuera solo un telón de fondo.

Esta película de moda es el pretexto perfecto para abordar la carencia discursiva de la izquierda mundial y su poca creatividad para generar narrativas anticapitalistas. El progresismo incluso ya claudicó en esa meta y asumió, así como el guión de la película, la causa medioambiental desligada totalmente de un cambio de sistema económico.

El liberalismo ha ido más allá todavía. El famoso Centro de Estudios sobre Riesgos Existenciales de la Universidad de Cambridge tiene cinco líneas de investigación principales sobre temas que pueden poner en riesgo la existencia misma de la humanidad, estudiando también formas de mitigarlos. Estos son: uso de la biotecnología, cambio climático, riesgos en la inteligencia artificial, riesgos tecnológicos extremos y, finalmente, desigualdad, corrupción y discriminación estructural.

En No miren arriba, todo el tiempo mantienen al espectador en estado de indignación por la escandalosa indiferencia del poder político y mediático para mitigar el riesgo de que un meteorito literalmente nos extinga como especie.

Pero, ¡¿de verdad no nos damos cuenta de lo escandaloso que es que todos estos riesgos –que mentes brillantísimas trabajando para la Universidad de Cambridge han categorizado– son consecuencia del capitalismo?!

La izquierda marxista logró por un momento unir todas las causas en una misma: la lucha de clases. A los activistas medioambientales se les podría decir que el desastre ecológico derivaba de que la producción está exclusivamente guiada por el lucro, así que, al triunfar la lucha de clases, gana también la lucha por el medio ambiente. Otras causas como el feminismo podían también imbuirse en la lucha de todas las luchas, argumentando la explotación de las mujeres como resultado de la división del trabajo condicionada por las clases. De nuevo, la victoria de la lucha de clases representaba el avance en la igualdad de géneros.

La derrota cognitiva de la URSS y el brutal embate neoliberal como ideología que aún da muestras de fortaleza han creado que el sentido común de la época sea la fragmentación de causas –legítimas muchas– que se piensa que pueden triunfar dentro del capitalismo.

Así, sin más, vemos el meteorito en el cielo acercarse para colapsar nuestra civilización mientras ahorramos agua al bañarnos o compramos productos orgánicos. No miren arriba, comedia, fábula o alegoría; resulta más bien anécdota.