El caso Lozoya, un ejemplo de impunidad
En contraste

Es senadora de la República, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y recientemente nombrada vicecoordinadora del Grupo Parlamentario de Acción Nacional, es la primera mujer que ocupa ese cargo. Twitter: @kenialopezr

El caso Lozoya, un ejemplo de impunidad
La audiencia es por la compraventa de la planta de fertilizantes Agro Nitrogenados a sobreprecio. Foto: Archivo EFE

El caso del exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya, ha sido utilizado por el gobierno de la Cuarta Transformación como una ficha de cambio. Es acusado de delincuencia organizada, cohecho y operaciones con recursos de procedencia ilícita por la adquisición de una planta chatarra, así como por beneficiar a una empresa brasileña con contratos del gobierno mexicano, sin embargo, ha llevado la mayor parte de sus dos procesos en libertad.

No hay que olvidar que en noviembre del año pasado y tras hacerse públicas unas fotos del señor Lozoya cenando, con plena impunidad, en un exclusivo restaurante de la Ciudad de México, se revocó su medida cautelar y se le dictó prisión preventiva justificada.

No obstante que el señor Lozoya recibió aparentemente 14 millones de dólares por sobornos, el sábado pasado se ordenó cambiar la medida cautelar y otorgarle el beneficio de llevar su proceso en libertad por el caso de la planta de Agronitrogenados. Y ayer se definió que debe seguir recluido por su participación en la red de corrupción de la empresa Odebrecht.

Sin importar que Emilio Lozoya es un delincuente confeso que aceptó recibir dinero ilegalmente, goza de las simpatías del presidente Andrés Manuel López Obrador y ha sido tratado como un testigo protegido. Además, ha sido utilizado por el gobierno de la Cuarta Transformación para amenazar y amedrentar a sus opositores.

Persona que le es incómoda al régimen, es señalada por Lozoya en un proceso que parece más político que de resarcimiento del daño por la corrupción. Un claro ejemplo de esta persecución política ha sido Ricardo Anaya, quien siendo inocente fue acusado por Lozoya para satisfacer al Ejecutivo federal.

La complacencia con la que este gobierno ha tratado a un delincuente como Lozoya manda un mensaje negativo a la ciudadanía. Se puede ser corrupto, pero si le ayudas al gobierno a sus venganzas, entonces la justicia es selectiva y puedes conservar tus privilegios.

Otorgarle al exdirector de Pemex su libertad solo perpetúa la impunidad con la que ha sido llevado este caso de corrupción, ya que ni se restituye el daño al erario, ni se aprehende a un delincuente más grande que Lozoya, razón por la cual podría ser objeto de un criterio de oportunidad.

Sin duda, el único que obtiene un beneficio con la libertad de Lozoya es el gobierno del presidente López Obrador, ya que le sirve más afuera para seguir utilizándolo para amenazar a sus opositores.