Las cuerpas, deseos y sexualidades
Rosa flaminga

Psicoterapeuta feminista, lesbiana tropical, me especializo en los avatares de la vida lésbica para resistir la discriminación y violencia sin que estas me sean ajenas, pues son parte del día a día.

Las cuerpas, deseos y sexualidades
Foto: Pixabay

Este espacio textual surgió de una invitación inesperada. Con toda franqueza me lo pensé mucho antes de aceptar y tirar estas primeras letras. La primera pregunta que me llegó a la cabeza fue: ¿qué puedo aportar yo? Yo que me vivo como una lesbiana resistiendo los embates en una tierra en que la discriminación a las mujeres nos atraviesa por la apariencia de nuestras cuerpas, sus formas, colores, funciones y con quién nos compartimos erótico-afectivamente, por decir lo menos.

Después escribir poco, de divagar bastante, terminé con una serie de notas en estos días de andar al garete:

  • Nada tiene de rutinario el que las mujeres pueblen sus propios deseos, deleites, goces.  
  • Nada tiene de cotidiano contactar con plenitud el placer en la cuerpa propia y la cuerpa compartida. 
  • Habitar nuestra cuerpa, deambular en el paisaje de nuestra sexualidad todavía es una idea subversiva, un modo de expropiar el placer que nos ha sido arrebatado de manera material y simbólica. 
  • Y es que nosotras, en un régimen heterosexista y patriarcal, somos las grandes ausentes en la experiencia fundamental dentro de la sexualidad: el placer.  

La gran mayoría de nosotras no solo somos ajenas al placer, también sus narrativas nos son desconocidas por una prohibición que nos arranca la experiencia de sentir, nombrar, narrar nuestros placeres, ya que el sexismo ha logrado desmantelar el acervo de sabiduría sexual de las mujeres, tronchando la transmisión intergeneracional de la misma e impidiendo el acceso a las tecnologías para el registro y difusión de nuestros conocimientos encarnados.  

Dicho esto, no es poca cosa transformar nuestras vivencias individuales y colectivas en experiencias sensuales amplias, es decir, contactar con la vida, vivenciarla, poder narrar e incluso ficcionar en diferentes planos las múltiples sensaciones, emociones, percepciones, memorias, pensamientos, fantasías, deseos y así desmantelar una “realidad unívoca” para abrirnos a nuestras diferencias.

Así podríamos explorar nuestro lenguaje del placer y contrastarlo con otras, recordando que las cuerpas no son solo fluidos, órganos, hormonas, también son conductas, sensaciones, percepciones y un complejo entramado de emociones, fantasías, deseos, sueños, recuerdos y ficciones. Todo el ensamble cognitivo, vivencial y relacional va creando huellas e improntas, nos va dando formas flexibles, variadas, con la potencia de afectarnos con otros seres, así como con nuestro contexto con sus planos biosocioculturales.

En resumen, lo que tengo hoy para ustedes es una propuesta para interpretar/narrar la(s) sexualidad(es) como un complejo sistema para interactuar con lo simbólico, que se desplaza desde nuestro ser hasta enlazarse con y a través de dispositivos, artefactos tecnológicos, ciencia, lenguaje y arte con sus diferentes manifestaciones, en suma, un total enredo y revoltijo que le dan el color particular a nuestra erótica individual y colectiva.