Me da amsiedad…
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Me da amsiedad…
Foto tomada de redes sociales.

Hace unos días leí un tuit sobre lo mal que se sienten emocionalmente les estudiantes universitaries por esos largos meses de clases en línea. A través de un hilo se generaron algunas reflexiones, desde la sensación de abandono por parte de las instituciones educativas, la percepción de aprendizaje deficiente, el incremento de terapias, violencia intrafamiliar y, lo peor, en una época en la que más tiempo hemos estado en casa, simplemente la comunicación se fracturó. Vaya tema, una situación que estamos viviendo directamente con nuestres hijes y que vale la pena abordar.

Al principio fue la emoción de no ir a la escuela, el juego de arreglarse de la cintura para arriba y el batallar con profesores ausentes, a veces por culpa del internet, otras por no entender del todo las plataformas y algunas más simplemente por la costumbre de no tomar clases, que cuando eran presenciales se convertían en la posibilidad de irse a dar la vuelta, a romancear o simplemente a tumbarse en el pasto a platicar con les amigues. Tomarlas en línea lo cambió todo. Hay quien ya terminó la prepa virtual y lleva un par de semestres sin haber pisado su nueva escuela. Sobre la privacidad, la mayoría de las veces no se tuvo, ya que no todes tienen una habitación independiente.

Con el paso de los meses se sumaron otras preocupaciones, una de ellas es que simplemente no se notaba un avance. Así lo reportó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que indicó que dos de cada tres estudiantes manifestaron que con la educación virtual se aprende menos o, de plano, nada. Mientras que dos de cada 10 se dijeron en un limbo, sin guía. 

Conforme avanzo la pandemia de Covid 19 sobrevino otro azote: la muerte de seres querides y compañeres se hizo presente. Una serie de duelos hicieron más pesada la carga cotidiana y provocaron una ausencia, primero en las pantallas de clases –las cuales cada vez se llenaban de cuadritos negros– y después la deserción comenzó a percibirse. En la cabeza de les estudiantes surgieron preguntas acerca de si valía la pena seguir o si llegarían a ser buenos profesionistas. La depresión los invadió y muchos ni siquiera lo notaban de manera consciente, pues no todes contaron con apoyo psicológico, hubo algunes que buscaron alternativas con clases de idiomas, talleres de algo más u organizaban fiestas en línea, pero irremediablemente les alcanzó la sensación de ahogo, surgieron los ataques de ansiedad, los silencios y mucho miedo. 

Llegaron las vacunas y un halo de esperanza comenzó a percibirse entre preparatorianes y universitaries, se vislumbraba el anhelado regreso a las aulas, pero entonces vino otra preocupación: muches de elles estudiaban y trabajaban. Durante el confinamiento procuraron mantener el ritmo académico, en el caso del trabajo poco se pudo hacer y pensar en el apoyo de sus padres era algo muy difícil, impensable luego de que un alto porcentaje se quedó sin algún ingreso. ¿Cómo costear transporte, materiales y comida?

En gran parte de las preparatorias y las universidades han pasado 20 meses desde la última clase presencial. El futuro es algo que pesa más que nunca, no se alcanza siquiera a imaginar. Las fugas entre series, videojuegos, videos virales y memes les han mantenido a flote.

Leía un estudio sobre cómo compartir memes ha ayudado a sobrellevar el estrés. Diversos sitios web comenzaron a clasificar dichos materiales entre divertidos y tiernos, conforme hubo más personajes se detectaron picos en los niveles de humor, así como una asimilación menos tortuosa en torno a los contagios. Empezaron a ser virales gatitos que curan tu depresión, lomitos suavecitos, el famoso cheems, todes se convirtieron en compañeres del día a día, hubo incluso iniciativas –como la de las estudiantes de psicología Valeria Srz y Yess LM– que en YouTube compartieron un videojuego para combatir la ansiedad con ese peculiar perro, también hubo quien se animó a hacer tapetes.

Además se realizó el primer festival del meme, podríamos decir que estas postales se convirtieron en placebos frente a la cotidianidad. Lo cierto es que la depresión masiva se mira y se siente como una bola de nieve que crece y crece y si no pensamos en crear un cerco, desviarle el camino, cuando comience a rodar temo decir que sobrevendrá otro desastre. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la depresión es una de las principales causas de enfermedad y discapacidad a nivel mundial, además de que el suicidio es la cuarta causa de muerte entre jóvenes. No abordar los trastornos mentales en adolescentes y jóvenes tiene consecuencias que se extienden hasta provocar una vida adulta poco satisfactoria.

Estamos como ese meme de ¡Wey, ya!, pero en el caso de nuestres hijes, merece la pena pensar en conjunto, escucharles. Creanme, tienen mucho que aportar y enseñarnos. Es momento de acompañarse y probablemente juntes, juntas, juntos miraremos una salida de emergencia que nos lleve a recuperar espacio y poco a poco generar una convivencia distinta, un futuro. Ustedes, ¿cómo lo llevan?