El que presta un libro…
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

El que presta un libro…
Foto: Néstor Ramírez Vega / La-Lista

Una de las frases populares que más detesto es aquella que dice: “El que presta un libro es un pendejo y el que lo devuelve más”, porque desde hace unos meses estoy en una campaña personal de recuperar los libros que he prestado y quiero verlos de vuelta casi todos.

Hay dos libros que presté y me dolió mucho perder, sobre todo porque se los presté a personas de mi entera confianza. Uno fue la primera edición de La Tumba, de José Agustín, la que publicó Editorial Novaro, con el dibujo de Augusto Ramírez en la portada. Era una edición increíblemente bonita, que sorprendió al propio Agustín cuando se lo di a firmar junto con Dos horas de sol, la novela que publicó en 1994. Aquella tarde regresé feliz a casa con la dedicatoria de uno de mis escritores favoritos en la primera edición de su libro publicado en 1964. Aunque lo tengo repetido en varias ediciones, aquella es insuperable.

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Otro fue El tiempo de la legitimidad. Elecciones, autoritarismo y democracia en México, de Juan Molinar Horcasitas (QEPD) cuando era un brillante académico y no un prepotente y mediocre funcionario. No tomé clase con Molinar en el ITAM porque aún no cubría los créditos, pero entré de oyente a casi todo su curso de Política mexicana contemporánea. Aunque he buscado aquel libro por todos lados, nunca lo encontré y me tuve que conformar con tenerlo en fotocopias. Tampoco recuperé American Psycho, de Easton Ellis, y La leyenda escandinava, de Nelson Oxman, que me robó una habitante de Escandinavia (la colonia Escandón) una noche que fui incapaz de conseguirle una “tacha” para su fiesta. Finalmente, en 2019 alguien me lo ofreció por Twitter y pagué 700 pesos por él.

Por eso valoro tanto que Teresa me haya devuelto los 13 libros que le presté mientras salíamos o que Eric Casas haya confiado en mí para aquel “intercambio de rehenes Connelly por Connolly” que mantuvimos durante un año.

Sé quién se quedó con mis libros, pero no los voy a balconear, así es que si tienes algún ejemplar de mi propiedad, ten el detallazo de decirme “yo tengo este” y acordamos la devolución. Cero mala onda.

PD: Si tengo algún libro tuyo, avísame que te lo devuelvo. En mi librero hay una sección de libros prestados, donde están los de Guillermo Saccomano, Ricardo Piglia, Mempo Giardinelli y Juan Damonte, que me prestó amablemente Arturo Mendoza Mociño y la copia de Bajo el volcán, que en algún momento le devolveré a la familia de Javier Sahagún.