La incertidumbre como aliada y no como enemiga
Entre la libertad y la locura

Comenzó hace siete años con un blog llamado My Vintage Armoire. Ha colaborado en Elle México, Quién, Instyle, Life&Style, Reforma y Finding Ferdinand. Licenciada en mercadotecnia y comunicación por el Tec de Monterrey, escribe sobre la felicidad y la tristeza, el amor y el desamor, la duda, los reproches, el amor propio, el existencialismo, la introspección y el crecimiento personal. Lanzó el podcast Libre&Loca, uno de los 50 más escuchados en México y Latinoamérica. TikTok: therobertawoodworth

La incertidumbre como aliada y no como enemiga
La vida, desde muchos frentes me está haciendo entender que a veces lo inesperado, lo no planeado, lo que se sale del guion es lo mejor. Foto: geralt/Pixabay.

La semana pasada tuve una charla interesante. Me dijeron que la incertidumbre era un espacio de posibilidades y yo rotundamente dije que era mi peor enemiga.

Como a cualquier persona con una inclinación a sobrepensar y con un rasgo de carácter perfeccionista, la incertidumbre se traduce en ansiedad y en una falta de control sobre el entorno a la que no estamos acostumbrados, no porque queramos controlar a los demás –el perfeccionismo no se trata de eso– sino por hacer lo que está en nuestro alcance y controlar las variantes que nos rodean para prever todo lo que pueda salir mal, porque dentro de las posibilidades que brinda la incertidumbre también están las negativas y si las conocemos, podemos (o eso queremos pensar) evitarlas.

Ejemplos hay miles, algunos más serios que otros. Pero a veces las lecciones más grandes se encuentran en los más simples.

El fin de semana salí a bailar para celebrar el cumpleaños de una de mis mejores amigas. Cuando llegué no conocía a casi nadie. Mucha gente que asistiría no fue, llegamos tarde a la reservación, tuvimos que cambiar de locación y no encontramos autos, así que caminamos.

Con tacones y pies cansados recorrimos trayectos de 15 minutos dos o tres veces, para terminar en un lugar que no conocíamos sin un plan específico.

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Para ese momento, ya todos éramos amigos, íbamos muertos de risa por nuestra “mala suerte” pero con toda la actitud y camaradería que conlleva pasar esos ratos juntos. Así fue como una situación espontánea se convirtió en una de las mejores noches que varios hemos vivido hasta ahora en esta ciudad y anécdotas que nos van a durar para siempre.

La vida, desde muchos frentes, me está haciendo entender que a veces lo inesperado, lo no planeado, lo que se sale del guion es lo mejor. Y que sí, importa el destino, pero es igual de importante lo que vas viviendo en el trayecto, cuánto te ríes, cuánto aprendes, cuánto cambias, a quién conoces, con quién conectas y quién te acompaña.  

La vida me está enseñando que pasar por todo eso a veces también te hace cambiar de rumbo y que quizá no llegarás al lugar que tenías pensado sino a uno mejor… y si no lo es, tendrás una historia que contar.

Todos deberíamos aprender a soltar cuando ya no hay más que hacer. Rendirnos a las posibilidades y la espontaneidad de la vida. Resignificar la falta de control como una oportunidad para que se cuelen las experiencias. Aceptar que la vida da mil vueltas, pero que esas vueltas dan mucha vida.

Deberíamos empezar a ver la incertidumbre como aliada y no como enemiga.