Indolencia de Sheinbaum, consentimiento de AMLO: Huele a podrido en Dinamarca
#LaCasadelosEspejos

Periodista especializado en política con más de 10 años en el oficio. Nacido en Guerrero, donde me niego a no volver.

Indolencia de Sheinbaum, consentimiento de AMLO: Huele a podrido en Dinamarca
Foto: Twitter / @Claudiashein

Cuando se le preguntó a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, por qué no cedía la Glorieta de la Palma a la causa de familiares de los desaparecidos, su respuesta fue seca: “Ya votó la ciudadanía. No puede ser que un grupo de personas esté por encima de la votación de la gente”.

En efecto, yo, como miles de ciudadanos, votamos en esa consulta por internet, donde ganó el colocar en ese espacio un ahuehuete. Para nada me hubiera sentido ofendido si la doctora, como gobernante, decide otorgarles ese espacio a tan noble causa. Ese, justamente, es el poder de un gobernante: puede decidir por encima de una mayoría. Este, para Sheinbaum, no fue el caso. Y retiraron la protesta, como previamente retiraron a la comunidad triqui, y como al parecer quitarán a quien sea que ‘manche’ la imagen de la Ciudad de México para una política que claramente está en campaña.

Este 12 de mayo, la organización HIJOS le envió una carta a la mandataria pidiendo que respete lo que las familias de personas desaparecidas han nombrado ya “la glorieta de las y los desaparecidos”, como espacio de memoria, de espera y resistencia. Solicitan un diálogo directo, una disculpa pública por haber retirado las fotografías de los ausentes, y el retiro de las vallas que ahora rodean este icónico espacio de la Ciudad de México.

Seguramente, para ese diálogo se enviará al secretario de Gobierno, Martí Batres, quien está en la misma tesitura que Sheinbaum: la glorieta será para el ahuehuete. Si esta no es indolencia, ¿cómo le llama usted?

Esta misma semana, cuando se le preguntó sobre la escena del Cártel Jalisco persiguiendo y expulsando soldados en Nueva Italia, Michoacán, el presidente Andrés Manuel López Obrador respondió para sorpresa de todos en la mañanera: “Cuidamos a los elementos de las Fuerzas Armadas, de la Defensa, de la Guardia Nacional, pero también cuidamos a los integrantes de las bandas, son seres humanos, esta es una política distinta, completamente distinta”.

Y el mandatario volvió a sorprendernos con otra declaración: “De repente, de manera cínica, se habla ahora de los desaparecidos y de la violencia, como si esto hubiera surgido de la nada. La política no es un fin, la revolución no es un fin, son medios para hacer hombres a los hombres (y a las mujeres). Nada es sagrado, excepto el hombre. Hay algo frágil, débil, pero infinitamente precioso que todos debemos defender: la vida. General Felipe Ángeles”.

Indolencia con las víctimas, consentimiento con los criminales. Qué fórmula tan peligrosa en un país como este.

Decía Edgardo Buscaglia en su libro Vacíos de Poder en México que una de las preguntas que más le hacen es ¿dónde queda la libertad ante los controles del Estado? En el escenario descrito la pregunta más bien es: ¿por qué no hay gobierno que atienda una súplica de los familiares de desaparecidos pero sí hay un Estado que defiende, entiende y se somete a los delincuentes?

‘Algo’ huele a podrido en ‘Dinamarca’.

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