Saber esperar
Economía Aspiracionista

Manuel Molano es un economista con experiencia en el sector público y privado. Es asesor en AGON Economía Derecho Estrategia y consejero de México Unido contra la Delincuencia. Twitter: @mjmolano

Saber esperar
Foto: maitree rimthong/ Pexels

Es muy fácil meterse en problemas financieros. La vida moderna nos invita a tener satisfactores rápidamente. Normalmente nos endeudamos para lograrlos. Saber aguantarse antes de decidir comprar un coche, tomar en renta un departamento caro o pagar a plazos un atuendo maravilloso es la primera regla para no meterse en problemas financieros. Los créditos pueden ser un gran puente hacia el futuro, manejados con responsabilidad. Si no es el caso, son una gran forma de destruir la salud financiera de las personas y las familias. 

Esto suena sencillo. No lo es. Los economistas del comportamiento, un híbrido entre psicólogos y ecónomos, hicieron un experimento con niños. A los niños se les ponía una golosina en frente en un cuarto cerrado. Les decían que si no se la comían, podrían recibir doble golosina unos minutos después. Algunos niños no aguantaron unos minutos. Otros niños esperaron, y se llevaron la doble golosina. 

Al seguir a estos niños en el largo plazo, se llegó a una conclusión interesante. Los niños que se comieron la golosina rápidamente de adultos se metieron en problemas financieros.

Describamos algunos casos que le ocurren al primo de un amigo. 

1. No distinguimos entre ingresos permanentes y transitorios. Hay ingresos que nos llegan una o dos veces en la vida. Una herencia o un contrato increíble. Hay otros que dan pagos quincenales modestos, como un empleo. Supongamos que cambie nuestra situación de empleo; dejamos un trabajo remunerado en el que estuvimos muchos años, y ahora trabajamos por cuenta propia, pero estamos endeudados. Más de la mitad del sueldo se nos iba en pagar créditos.  

Es muy posible que trabajando independientemente lleguemos a un nivel de ingresos anual parecido al anterior. Pero también notaremos que no tenemos el flujo de efectivo mensual y quincenal para amortizar los créditos. Es probable que estés más endeudado de lo que es razonable para la frecuencia y monto de tus ingresos. 

En un caso como este tienes que rehacer tu plan financiero. Renegociar deudas, e incluso vender/hipotecar alguno de tus bienes para encontrar un nivel de pagos mensual razonable dada tu nueva circunstancia. No hay opción. Refinanciar tus compromisos de corto plazo a un plazo más largo se sentirá como un retroceso en la vida, pero echar a perder tu calidad crediticia por no hacerlo sería más costoso. 

2. Hemos trabajado 50 años y guardado recursos para la vejez: una casa, la Afore, un fondo de ahorro, fideicomisos educativos para los hijos. Pero, a los precios actuales, no es suficiente. La inflación nos alcanzó.

En este caso, ya no hay demasiado tiempo para esperar. Hay que repensar la idea del retiro. La gente que se retira totalmente de la actividad productiva se enferma; ve disminuida su calidad de vida y muere pronto. Si ya no es momento de tomar riesgos, hay que platicar con los hijos sobre las opciones de financiamiento educativo. Quizá la casa es demasiado grande para la vejez, y sería posible tomar una vivienda más pequeña y fácil de recorrer y limpiar. 

3. Queremos comprar una vivienda. Haremos lo que sea por tenerla. Sí, la vivienda es una buena inversión. Los tabiques “flotan” en las recesiones y en el largo plazo. Nadie te presta capital más barato. Es una inversión que ahorra rentas. 

También puede ser una pesadilla. Una vivienda mal construida, mal ubicada o con problemas de seguridad jurídica, física o pública crea más problemas de los que resuelve.

La gente joven se queja de que los precios no permiten adquirir vivienda. La realidad es que hay muchos precios. Una familia comprando vivienda tendrá que evaluar qué prefiere más: espacios verdes y muchos metros cuadrados vs ubicación céntrica; barrio bonito o práctico; lugar de estacionamiento o más espacio interior. 

A las generaciones anteriores tampoco nos alcanzaba. Para los boomers, ni créditos había. Iban comprando las piezas necesarias para hacer casa. La mayoría de los GenX no heredaron bienes que les permitieran dar un buen enganche. México tuvo muchas crisis a finales del siglo pasado.

Si los precios de la vivienda están por encima de las capacidades de pago en empleos remunerados, entonces hay que emprender negocios y convertir otros activos en dinero que nos ayuden a juntar para un enganche. La casa ideal puede que no sea la primera; pero si inviertes bien, la podrás vender y eso te llevará a una mejor casa después. 

En los casos anteriores, el secreto es esperar. Postergar decisiones de compra. Esperar para retirarte; emprender y ahorrar para el enganche de una casa. Quizá no sea lo único. Hay que tener conversaciones sobre dinero con la pareja, los padres, los hijos; cualquiera que pueda tomar decisiones de ingreso, inversión y gasto en nuestra familia. Estas conversaciones jamás son fáciles; pero hay que tenerlas. 

¿Quieres un consejo sobre estos temas? Escríbenos. ¡Hasta la próxima!