¡Llegó Julio, vestido de merengue!
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

¡Llegó Julio, vestido de merengue!
Foto: julioiglesias.com

Los nombres del Real Madrid y Julio Iglesias son sinónimo de éxito. Han hecho que la bandera de España ondee en lo más alto de los escenarios futbolísticos y artísticos del orbe, y sus destinos se entrelazan en una historia que pudo ser trágica y resultó gloriosa.

No fue el amor de una mujer lo que hizo que Julio Iglesias cambiará los botines de futbol por una guitarra, los escenarios y una exitosa vida como cantante. Es difícil imaginarse qué hubiera sido de la carrera como futbolista de aquel chaval que creció en las entrañas del club más dominante del mundo en la segunda mitad de la década de los 50, cuando ganó de manera consecutiva cinco Copas de Europa, de no haber sufrido aquel accidente el 22 de septiembre de 1962, un día antes de cumplir 19 años, que estuvo a punto de costarle la vida y dejarlo postrado en una silla de ruedas.

Pero la fuerza mental de aquel chico que había jugado un puñado de partidos con la camiseta merengue, al amparo de jugadores de época como Di Stéfano, Rial, Puskas y Gento, hizo que su tragedia personal se convirtiera en una historia de superación. Porque la carrera de Iglesias es la de un triunfador, que le dio una vuelta de tuerca al destino y se convirtió en el cantante latino que más discos ha vendido en la historia, con más de 300 millones en 14 idiomas.

Fundamental en su vida, más allá del contacto con el balón, es la guitarra que le acercó uno de sus enfermeros, Eladio Madaleno, quien durante su convalecencia lo apoyó para que no se dejara vencer y lo animó a escribir canciones. De la admiración por futbolistas, Iglesias pasó a la devoción por cantantes británicos como Tom Jones y Engelbert Humperdinck.

En lugar recibir la ovación de la grada del Bernabéu en 1966, cuando el Madrid de los “Yé yé”, aquella brillante generación integrada por Pirri, Amancio, Grosso, Sanchís y el veterano Gento, conquistó su sexta Copa de Europa al vencer al Partizán de Belgrado, Iglesias recibió el reconocimiento del público dos años más tarde, cuando ganó en 1968 el Festival de la Canción de Benidorm con su canción “La vida sigue igual”.

El propio Iglesias, aficionado por supuesto del Real Madrid, ha reconocido que su carrera bajo los tres palos no hubiera sido tan exitosa como su trayectoria como cantante, pues enfrente tenía a “monstruos” como Betancort, Miguel Ángel o García Remón, que dominaron el arco merengue durante aquellos años, cuando él aún no conocía a Isabel Preysler y Chábeli, Julio Jr. y el carismático Enrique no existían ni en sus más escondidos sueños.

La carrera de Iglesias comenzó a consolidarse en España, Europa y en Latinoamérica al mismo tiempo que al Real Madrid se le negaba la gloria continental, pues pasaron 32 largos años para que la entidad merengue volviera a ganar la Copa de Europa, rebautizada en 1992 como Champions League. Aunque durante ese periodo ganó dos veces la Copa UEFA, la segunda de ellas, la de 1985-86, con el mexicano Hugo Sánchez como gran protagonista.

Los años de “sequía” europea para el Madrid fueron de gloria para Iglesias, que impuso récords de ventas a lo largo del mundo, agotaba las localidades en donde se presentaba y se rozaba con las figuras más destacadas del jet set internacional.

Pero, triunfadores al fin, el Real Madrid ha conquistado ocho Champions desde 1998, mientras Iglesias sigue cobrando regalías y atestigua la exitosa carrera de su hijo Enrique, un icono del pop de principios de siglo.

Eduardo Galeano definió alguna a vez a los guardametas como los “aguafiestas del futbol” por evitar goles en lugar de convertirlos. Para Iglesias, que soñaba con conquistar el mundo bajo el arco del Real Madrid, el trágico retiro del balompié que lo alejó de una portería convirtió su vida en una fiesta interminable en la que su inconfundible voz aún no deja de sonar. Porque Iglesias, no se ha olvidado de vivir, pero tampoco el Madrid se ha cansado de ganar.