Monreal y Ebrard, ¿los ‘Camachos’ del 2024?
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Periodista. Editor de Política en La-Lista.

Monreal y Ebrard, ¿los ‘Camachos’ del 2024?

Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard tienen algo que los une.

La unidad no es discurso y suele convocarse a la misma cuando ya se huele un conflicto.

El acto de Morena en Toluca el mes pasado, donde por primera vez estuvieron reunidos tres de los cuatro aspirantes a la candidatura presidencial, se llamó precisamente “Unidad y movilización para que siga la transformación”.

En los discursos varios repitieron la palabra “unidad”. “Quiero preguntarles a ustedes: ¿va a haber unidad?”, cuestionó Claudia Sheinbaum al público. “Es la hora de la unidad”, dijo Adán Augusto.

Marcelo Ebrard atajó que “la unidad se construye cuando existe respeto y suelo parejo”, mientras Monreal ni siquiera fue invitado a ese mitin.

El maestro de Ebrard fue Manuel Camacho Solís, quien falleció en 2015 tras perder la batalla contra el cáncer.

El hoy canciller conoció de cerca lo que Camacho Solís hizo en 1994 y meses atrás con tal de quedarse con la candidatura presidencial del PRI.

El final lo sabemos todos: el candidato fue Luis Donaldo Colosio, a quien mataron en Lomas Taurinas, y eso también mató la aspiración de Camacho, quien fue abucheado en el funeral del priista, descartando en automático cualquier posibilidad de reemplazarlo.

Camacho contó, para bajar las tensiones, que Colosio le ofreció posiciones a toda su gente, no solo para su grupo inmediato sino para todos aquellos que habían apoyado su precandidatura.

Por meses, Camacho le robó reflectores a Colosio, cuando era comisionado por la paz en Chiapas, y a la postre –ya después del magnicidio– el político terminó por reconocer que no obtendría la candidatura por una sola razón: “yo no era el hombre de Salinas“.

Casi 30 años después de aquella contienda, quienes hoy mejor que nadie saben que no son “el hombre” del presidente son Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard.

En el caso del primero, hace meses que no desayuna, como solía hacerlo, en Palacio Nacional. Él dice a sus allegados que es inédito que un jefe de Estado no dialogue con su coordinador parlamentario.

La ruptura con él vino después de las elecciones intermedias de 2021, cuando la mesa estaba puesta para que Dolores Padierna gobernara en la alcaldía Cuauhtémoc con Morena, pero la estructura monrealista –quien ya gobernó esa demarcación– operó a favor de Sandra Cuevas.

Ahora Monreal y Ebrard andan como Camacho en el 94: buscando reflectores y simpatías, cuando el candidato entonces, como ahora, parece ya definido.

A mitad de semana, el zacatecano se aventuró a lanzar un “proyecto de nación” en el que llama la atención el énfasis que pone en “trabajar rumbo a la reconciliación nacional que tanto necesita el país”, con un claro mensaje de que la polarización se debe al actual gobierno.

Mientras que el canciller busca apoyos de políticos clave en Morena: en esta semana estrechó lazos con la alcaldesa de Acapulco y el gobernador de Chiapas.

Pero el apoyo que necesitan está más arriba y es la falta del mismo lo que los une a ambos.

En lo que ocurre la definición de la candidatura, Ebrard y Monreal se han tendido puentes entre ellos, contrario a lo que ocurre con Claudia Sheinbaum, a quien ven como la preferida del presidente y eso los ha distanciado de ella casi por completo, como en 1994 distanció a Colosio de Camacho.

Monreal y Ebrard pueden terminar esta carrera como Camacho Solís en el 94: con las manos vacías.

O hacer lo que Solís no se atrevió desde un principio: romper con el presidente.

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.