Rupturas en Morena, la oposición expectante
Medios Políticos

Es un periodista especializado en el análisis de medios y elecciones. Tiene posgrado en Derecho y TIC, obtuvo el premio alemán de periodismo Walter Reuter en 2007, fue conductor en IMER y durante 12 años asesor electoral en el IFE e INE, editor, articulista y comentarista invitado en diversos diarios, revistas y espacios informativos. Twitter: @lmcarriedo

Rupturas en Morena, la oposición expectante
Foto: Wikimedia Commons

La sucesión presidencial está en marcha y aunque los comicios de los últimos años han demostrado que la racha es de triunfo para Morena, con o sin Andrés Manuel López Obrador en la boleta, la tensión entre aspirantes a la candidatura previo a la cita con 2024 crece, perfila rupturas dentro del propio partido que empieza a mostrarse como potencial adversario de sí mismo.

Esas disputas internas pueden quedar en tentativa, pero de concretarse no son tan menores cuando se traducen en votos. En 2021 debilitaron la histórica fuerza electoral que había mantenido la izquierda en la Ciudad de México. Partidos cercanos a Morena, como Fuerza Social por México, dividieron entonces los votos y restaron puntos suficientes como para definir resultados desfavorables en más de una alcaldía donde la diferencia era mínima entre el primer y el segundo lugar, pero con la dispersión de voto se resolvió. Antes de la elección de 2021, Morena gobernaba 11 de las 16 alcaldías en la capital, después de la votación solo conservó siete y la oposición se quedó con nueve.

Fue un caso atípico frente al resto del país, pero es emblemático por el territorio y los efectos subestimados que tienen las disputas internas. Morena seguía sumando gobiernos locales a tres años del triunfo presidencial de 2018 e incluso en las diputaciones federales, donde disminuyó su fuerza en 2021, pero le alcanzó para seguir siendo el partido mayoritario, individualmente el más votado a nivel nacional.

La ruptura parece ser el factor clave en las apuestas de competitividad, y eso puede ser la oportunidad de supervivencia que calcula una parte de la fantasmagórica oposición, expectante de los pleitos internos en Morena para valorar como última carta que evite un naufragio mayúsculo, aliarse con quienes sean excluidos del obradorismo.

La popularidad del presidente sigue siendo muy alta si consideramos el tramo ya recorrido de sexenio, la pandemia y el desgaste natural de ejercer el poder. Eso nubla la vista en su partido, aumenta la ambición de sus dirigentes que ven la victoria casi un hecho si se reparten candidaturas, mientras crece la bola de nieve de sus pleitos y anticipa rupturas internas que minimizan pensándolas sin efecto.

Con la oposición desaparecida, conmocionada por los audioescándalos del dirigente del PRI, sus propias rupturas intestinas, instalada más en los restaurantes de lujo donde platica con los círculos de poder empresarial, sin ofertas políticas empáticas cercanas a la población más desfavorecida (que es la mayoría) y sin una candidatura fuerte entre sus filas definida o por definir, cuando faltan apenas dos años para el cambio en Palacio Nacional, parece que puede morir de nada en las urnas de 2024, pero los contextos electorales siempre están sujetos a vientos que cambian y si se subestiman, modifican escenarios.

De ahí que la expectativa respecto a lo que ocurra con la y los aspirantes morenistas podría ser esa carta que espera un sector de la oposición para salvar su competitividad, la posibilidad de construir una alianza insólita con quienes se queden fuera del partido que gobierna.

El cálculo político y las alianzas que suman a quien ha sido excluida o excluido de otra organización suelen subestimarse, aunque depender solo del pleito ajeno tampoco da certeza de nada. Tanto Morena como la oposición tendrán alternativas de triunfos si no olvidan que el timón debe apuntar a la gente, que se debe combatir la desigualdad y que se tienen que proponer soluciones empáticas y tangibles, no solo pactos o estrategias con élites del poder.