Restaurantes, una pequeña muestra de segregación y discriminación en México
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Reportero egresado de la UNAM, formó parte de los equipos de Forbes México y La-Lista. Con experiencia en cobertura de derechos humanos, cultura y perspectiva de género. Actualmente está al frente de la Revista Danzoneros. Twitter: @arturoordaz_

Restaurantes, una pequeña muestra de segregación y discriminación en México

La segregación racial fue una realidad en Estados Unidos durante el siglo XIX, las personas de tez blanca y negra no podían estar en el mismo lugar, hasta que esa política se abolió a mediados del siglo pasado. Sin embargo, hay remanentes en esta nación y en países latinoamericanos como México. Aunque la discriminación ya no es aceptable, se sigue ejerciendo. 

Esta semana, el restaurante Sonora Grill fue señalado en redes sociales por presuntas prácticas discriminatorias. Usuarios de Twitter comentaron que los comensales son separados según su color de piel debido a la imagen que busca dar la empresa. El asunto escaló a tal grado que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) abrió un expediente de queja por las denuncias. 

Aunque en México no hay una ley que separa a las personas territorialmente según su apariencia física, hay condiciones socioeconómicas que lo hacen de manera silenciosa. Por ejemplo, el investigador Paavo Monkkonen, de la Universidad de Hong Kong, hizo un estudio en 2012 sobre La segregación residencial en el México urbano: niveles y patrones. 

En dicho estudio, Monkkonen midió en 128 áreas metropolitanas de México la segregación de los trabajadores en el sector informal, de los indígenas, así como de los hogares con altos y bajos ingresos. Concluyó que los grupos de mayor nivel socioeconómico se ubican en la zona central de las ciudades, mientras que los pobres en la periferia. 

Carlos J. Vilalta Perdomo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), realizó una investigación similar en 2008: Comentarios y mediciones sobre la segregación espacial en la Ciudad de México, donde coincidió que la segregación en las metrópolis surgen a partir de un tema socioeconómico, pero no hay pruebas para incluir un tema racial. 

“Sin embargo no se aborda el concepto de segregación racial o étnica porque no existen datos al respecto, aunque para futuros estudios convendría usar variables proxy. Sería equivocado e inclusive insincero negar la alta correlación entre el origen étnico y el nivel socioeconómico en la Ciudad de México y sus implicaciones en los correspondientes niveles de segregación social”, escribió Vilalta Perdomo en su estudio. 

Bajo ese panorama, se podría inferir que la segregación y la discriminación en este país es multifactorial, a partir de apariencia, estereotipos y roles. Pero, ¿cómo es que la gente limita su movilidad según su condición? La capacidad de pagar o no un restaurante es un ejemplo de ello, también qué tan cómoda se siente en un contexto diferente al que vive día a día. 

Los espacios, al menos en la Ciudad de México, están segmentados según las personas que asisten comúnmente, para quienes fue creado o dirigido. Por ejemplo, cuando artistas de salsa como Diego Morán o Grupo Niche se presentan en lugares como El Gran Salón y Mambo Café Insurgentes. Mismo evento pero con un precio diferente por el público que asiste. 

La percepción también es dispar cuando un restaurante en una colonia de alta plusvalía ocupa la banqueta con mesas y sombrillas, a cuando lo hace un pequeño negocio que vende garnachas o comida rápida en un barrio. 

Los prejuicios y estereotipos nos dividen más de lo que pensamos, incluso sin darnos cuenta. Los espacios públicos debe ser para todos, tampoco se debería negar o limitar los servicios a las personas por su condición social, económica, racial, religiosa, sexual o cualquier otra.