El escudo de silicio
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

El escudo de silicio
Foto: Pixabay

El silicio es un elemento químico descubierto hace muchos años, pero que a partir de la segunda mitad del siglo pasado fue ganando un lugar protagónico en la industria de los semiconductores. Entre otras cosas, son su abundancia y propiedades relacionadas con la conectividad eléctrica las que han contribuido a que ocupe el lugar que hoy tiene.

Respecto de los semiconductores, estos son materiales que pueden actuar como conductores o aislantes de la electricidad dependiendo de las condiciones que se presenten, teniendo que hoy es el silicio el elemento base para la producción de la inmensa mayoría de los microchips o circuitos integrados.

Incluso, hoy la zona ubicada al sur de San Francisco conocida como Silicon Valley y traducida literalmente como Valle de Silicio, es la sede de buena parte de los gigantes tecnológicos, así como un polo de desarrollo de la tecnología y la academia relacionada con este. Resulta revelador que a esta región se le haya bautizado con el nombre del elemento químico.

A pesar de la abundancia de este elemento en nuestro planeta, la tecnología para su transformación y utilización para diversos fines no lo es, encontrando que Taiwán concentra buena parte de la tecnología indispensable para la producción de microchips que, además, son cada vez más versátiles y avanzados. Tal nivel de desarrollo de la tecnología y concentración de la producción de microchips ha blindado a este país en los hechos con aquello que Craig Addison ha denominado silicon shield, mismo que en español se traduce como “escudo de silicio”.

En las últimas semanas se ha retomado este concepto a partir del crecimiento de las ya viejas tensiones entre Taiwán y China, teniendo que el segundo de los países es una de las dos potencias más importantes del mundo y, el primero, se trata de un territorio cuya población ronda el 2% de la población china (siendo este un dato útil para poner en su justa dimensión lo que se puede convertir en una guerra profundamente desigual).

A pesar de lo anterior, Taiwán cuenta con el “escudo de silicio” que consiste en la protección de facto que le otorga el ser el principal fabricante de los semiconductores más avanzados en el mundo, ocasionando que cualquier decisión beligerante en su contra garantice un profundo daño para las cadenas de suministro mundiales y para la economía en general.

Desde el inicio de la pandemia, uno de los principales síntomas que ha padecido la humanidad entera ha sido el desabasto de semiconductores, pues la demanda de estos ha superado de manera clara a la oferta, lo que ha sido prueba de la vital importancia que tiene esta industria a nivel mundial.

La alta dependencia que de Taiwán tienen tanto China como Estados Unidos para la provisión de microchips ha hecho que en este nuevo enfrentamiento se pongan en riesgo los intereses de las dos principales potencias mundiales, lo cual está obligando a la primera a reflexionar sobre los daños que puede causar un eventual ataque a Taiwán y, a la segunda, a evitar que esto suceda.

En los años por venir se verá la reedición de una carrera por parte de las dos más grandes potencias mundiales, aunque en esta ocasión China tomará el lugar que tuvo Rusia y será no una carrera espacial, sino una relacionada con el desarrollo tecnológico y su papel indispensable en la sociedad mundial. La Ley de Chips y Ciencia, firmada el pasado martes por el presidente Joe Biden, da fe de ello.