Renovación de Morena 2022 (II)

Es abogado, maestro en Derecho, Economía y Políticas Públicas por la Complutense de Madrid. Con dos décadas de experiencia en el servicio público, fue diputado de la Ciudad de México y alcalde de Cuauhtémoc. Fundador de Morena. Comprometido con la justicia y el trabajo para la transformación de México. Futbolero. Twitter: @nenulo

Renovación de Morena 2022 (II)
Foto: Facebook/@ClaraLuzFlores

Termino de escribir esta columna el lunes 22 de agosto de 2022 casi a las 12 de la noche y todavía no tenemos resultados oficiales, en la gran mayoría de distritos electorales federales, del proceso interno de renovación de Morena, que se llevó a cabo hace ya 23 días calendario y 16 días hábiles. Estamos hablando de un proceso que debía celebrarse entre agosto y noviembre de 2019, conforme a lo aprobado por unanimidad en el Congreso Nacional de 2018.

Todavía seguíamos celebrando el triunfo electoral de 2018, la victoria que llevo a Andrés Manuel López Obrador a la primera magistratura de nuestro país, cuando la máxima autoridad de nuestro partido decidió posponer la renovación de coordinadores distritales, consejeros estatales y congresistas nacionales por un año, para que todos los protagonistas del cambio verdadero nos concentráramos en el proceso de transición que estaba por iniciar con la llegada del movimiento al gobierno federal, a las Cámaras del Congreso de la Unión y a muchas entidades federativas.

Junto con el aplazamiento de la renovación de las dirigencias de nuestro partido, se votó también por unanimidad la creación del Instituto Nacional de Formación Política y que fuera Rafael Barajas “El Fisgon” quien tuviera a su cargo la organización y, por consiguiente, la preparación y capacitación de los protagonistas del cambio verdadero, así como de los aspirantes a cargos de elección popular.

Como ya venía ocurriendo desde finales de 2017, cuando López Obrador se separó de la presidencia del partido para convertirse en candidato presidencial, y conforme lo establece el estatuto de Morena, la compañera Yeidckol Polevnsky, quien era secretaria general del partido, asumió las funciones de presidenta del Comité Ejecutivo Nacional y junto con la presidenta del Consejo Político Nacional, la compañera Bertha Luján, se mantuvo el funcionamiento institucional del movimiento-partido rumbo a la renovación de 2019.

Los triunfos de 2018 generaron que las dirigencias del partido tanto a nivel nacional como estatales se quedaran acéfalas, ya que algunos compañeros que eran presidentes y secretarios de diversas carteras en los comités ejecutivos participaron como candidatos y ganaron sus elecciones. 

Nuestro estatuto señala que, para ocupar un cargo de dirección ejecutiva en Morena, no se puede trabajar en gobierno ni tener cargo de elección de popular en funciones, por lo que los dirigentes se mudaron a acompañar la cuarta transformación de la República desde la trinchera que decidió el voto de los mexicanos en 2018, y esto trajo como consecuencia que el partido se quedara con una cantidad importante de carteras sin titular.

Por poner un ejemplo de muchos que ocurrieron en esa etapa, podemos hablar de la Ciudad de México, donde tanto el presidente estatal de Morena, Martí Batres, como el secretario general, Alfonso Ramírez Cuéllar, lograron ganar un escaño y una curul respectivamente en el Senado de la República y la Cámara de Diputados federal.

Ya iniciada la cuarta transformación de la vida pública del país, en julio del 2019, se convocó a los protagonistas del cambio verdadero para renovar las dirigencias del partido, conforme a lo aprobado un año antes, y es aquí cuando inició el proceso de descomposición que lamentablemente se sostiene hoy en día dentro de Morena.

En esta ocasión no ocuparé mucho espacio de esta columna en detallar muchos de los problemas que ocurrieron en aquella convocatoria, no solo en su contenido, sino en la realización de las asambleas distritales, porque ya no alcanzamos a llegar a los consejos estatales (etapa en la que nos encontramos ahora), solo abordaré lo que al final de cuentas se convirtió en la razón fundamental de la anulación de todo ese proceso: el padrón de protagonistas del cambio verdadero.

En 2014, cuando logramos el registro como partido político, después de realizar 30 asambleas estatales en todo el país, juntando en cada una de ellas cuando menos a 3 mil personas que de manera libre y consciente se afiliaron al partido, el padrón de militantes de Morena quedó integrado por poco más de 300 mil mexicanas y mexicanos registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE). Importante recordar que solo en dos entidades federativas no logramos juntar el número de afiliados que marca la ley para lograr el registro como partido político, Nuevo León y Baja California Sur.

Ya con registro, nuestro movimiento-partido participó en las elecciones federales y locales de 2015, donde obtuvimos varios triunfos electorales, así como la ratificación del registro como partido político. Y acabado el proceso volvimos a las calles para continuar con la afiliación a Morena. Entre agosto y noviembre de 2015, se renovaron las dirigencias nacionales y estatales con un padrón nuevo, derivado de la afiliación que ocurrió pasada la elección federal.

Rumbo al proceso electoral presidencial, la parte fundamental de la organización del movimiento consistió en fundar comités de base en todas las secciones electorales del país y por lo tanto afiliar a más mexicanas y mexicanos como protagonistas del cambio verdadero, esta tarea la encabezó y coordinó quien fungía como secretario nacional de organización, el compañero Gabriel García. Este último padrón de militantes alcanzó, para 2018, la cifra de poco más de 3.5 millones de afiliados a Morena, y en una decisión política estratégica no se registró ante el Instituto Nacional Electoral.

La disputa central del fracaso de la renovación en 2019 tuvo que ver con el padrón que se debió usar en aquellas asambleas distritales; el comité ejecutivo nacional sostenía que era el padrón de 2014, que se encontraba registrado ante el INE. En tanto que el consejo político nacional señalaba que teníamos que usar el de 2018, aunque no estuviera registrado formalmente. El final de ese conflicto fue la nulidad de todo el proceso de renovación y la obligación para morena de hacer un nuevo padrón de afiliados.

Vino después en el arranque de 2020, un Consejo Nacional nombró a Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente nacional de Morena, lo que incrementó los conflictos internos, y no por culpa individual de alguien sino por la falta de altura de miras en la gran mayoría de responsables de conducir al partido-movimiento.

Llegó en marzo de ese año la pandemia y con ella la Jornada Nacional de Sana Distancia, que se mantiene en sus diferentes versiones de semáforo hasta hoy, en casi todo el país con color verde, y gracias a un extraordinario esfuerzo del gobierno de López Obrador con toda la población que así lo ha querido vacunada.

A finales de 2020, por sentencia de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se renovaron la Presidencia del Partido y la Secretaría General mediante el método de encuesta que coordinó el INE, quedando al frente del partido los compañeros Mario Delgado y Citlali Hernández.

Hoy somos muchos los que no estamos satisfechos ni conformes con lo que está ocurriendo en el partido. Sin resultados oficiales, sin limpiar un proceso viciado, con llamados a la fe ciega, sin certezas, ni garantías no solo de nuestros derechos político-partidistas, sino de la continuidad del movimiento y soporte responsable de la Cuarta Transformación pacífica de la República.

Con la información disponible hoy, entiendo que soy coordinador distrital, consejero estatal y congresista nacional gracias a los votos de muchos compañeros y compañeras que, a pesar de todo lo que ocurrió el pasado 30 de julio, acudieron a votar en libertad, sin saber que el escrutinio y cómputo se realizaría con las peores prácticas que Morena siempre ha combatido, que el acarreo y la compra del voto sería la constante en una jornada para el olvido de nuestro movimiento.

Con esa condición y sin saber los resultados oficiales, y que es posible que no aparezca en las listas finales, he decidido no participar en el consejo estatal que corresponde a la Ciudad de México este fin de semana que viene (26-28 de agosto), fundamentalmente porque no ha existido transparencia, rendición de cuentas ni diversos principios democráticos necesarios para consolidar nuestro movimiento. 

Más aún, en estos días nos hemos enterado de la colusión de diversos actores para apoderarse de la nomenclatura del partido, sin importar el proceso, sin generar inclusión, en el viejo modelo del ¨haiga sido como haiga sido”, generando –como personajes fundadores del movimiento observaron desde el inicio de este proceso– resultados que ya estaban anticipados y configurados para que se emitieran ganadores específicos que beneficiaran a unos cuantos.

La realidad del partido en esta ruta no solo es en la Ciudad de México, está ocurriendo en todo el país con la intervención de servidores públicos y funcionarios votados por la ciudadanía, aún en contra de lo expuesto por López Obrador en el sentido de que el partido-Estado ya no debe existir, y es por esto por lo que no puedo acompañar este proceso. El sectarismo y la violencia política se han vuelto lamentablemente la constante del partido y ha faltado la responsabilidad de los dirigentes para mantener la unidad que tanta falta y que ya nos costó en la Ciudad de México durante el proceso 2021.

Vamos a seguir luchando por la democratización del movimiento y la consolidación de la Cuarta Transformación, siempre con los postulados de no mentir, no robar y no traicionar.