Renovación de Morena 2022

Es abogado, maestro en Derecho, Economía y Políticas Públicas por la Complutense de Madrid. Con dos décadas de experiencia en el servicio público, fue diputado de la Ciudad de México y alcalde de Cuauhtémoc. Fundador de Morena. Comprometido con la justicia y el trabajo para la transformación de México. Futbolero. Twitter: @nenulo

Renovación de Morena 2022
Foto: Facebook Morena Sí

Morena se fundó en 2011 como una asociación civil con el único propósito de cuidar el proceso electoral presidencial de 2012. El fraude cometido en la elección inmediata anterior (2006) nos tenía a muchos mexicanos no solo molestos e inconformes con el ejercicio de gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, sino organizados y listos para vigilar las casillas para que no se repitiera la historia. 

Desde aquel momento se decidió que en Morena podíamos convivir todos los que no queríamos otro fraude electoral en México, sin importar mucho la ideología, la filiación política o la militancia partidista. Nuestro objetivo común era evitar un escrutinio y cómputo opaco, tendencioso y mal hecho en las poco más de 130 mil casillas que se instalarían en el país para la elección presidencial de 2012.

Una vez concluida la elección, se podría decir que Morena AC cumplió con su objetivo fundamental, que fue cuidar casillas en el proceso electoral en coordinación con el Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y el PRD. Lamentablemente en esa elección lo que ocurrió fuera de las casillas terminó en la compra de la Presidencia de la República por parte de Enrique Peña Nieto, no solo con el rebase de tope de gastos de campaña, el uso de los programas sociales para condicionar el voto, la triangulación financiera a través de Monex, que todos los mexicanos recordamos, sino de manera muy descarada con la intervención de funcionarios públicos federales y estatales para distribuir grandes cantidades de recursos públicos para comprar el voto de la gente más humilde de México.

Pasado el proceso electoral 2012, se convocó a asambleas distritales a todos los compañeros, compañeras y compañeres que participamos en la defensa del voto y que simpatizábamos con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador, para consultarlos sobre la decisión de seguir como Movimiento (AC) o si debíamos convertirnos en partido político, derivado de la suscripción del PRD al Pacto por México que convocó Enrique Peña Nieto, y que desde aquel entonces ya se veían las intenciones de privatizar y terminar de entregar el país a intereses extranjeros con el pretexto de las reformas estructurales pendientes, que habían requerido muchos años atrás las políticas neoliberales de los organismos internacionales.

Recuerdo algunas de esas asambleas en el segundo semestre de 2012, donde en algunos casos nos logramos reunir no más de 30 personas para debatir sobre el futuro del movimiento. Gente humilde, pero politizada y convencida de que se necesitaba una opción nueva en el espectro político partidista del país; y así de manera contundente, si mal no recuerdo, con votación casi unánime de los 300 distritos electorales federales, miles de mexicanos decidimos iniciar el proceso de constitución de un nuevo partido político, sustentado en tres principios: no mentir, no robar y no traicionar el pueblo de México.

En otra ocasión haré un recuento del proceso de asambleas estatales que realizamos para obtener el registro como partido, por ahora solo recordar que no fue sencillo, que en muchos casos ocupamos dos o hasta tres intentos para lograr los requisitos establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes de la materia.

Desde su fundación, Morena se consolidó como la verdadera y única opción de cambio en la política nacional. Era el movimiento que simbolizaba la erradicación de las viejas prácticas políticas que durante años se llevaron a cabo en los procesos electorales en México. Morena se conformó como el partido del pueblo, esa bandera de la lucha democrática, pacífica e igualitaria del país.

En el proceso electoral de 2015, el partido que construimos adquirió fuerza y tuteló la esperanza nacional durante nuestra primera participación formal con registro en una elección federal. Al concluir el proceso se renovó la dirigencia del partido, tanto a nivel nacional como en las entidades federativas, dejando para un mejor momento los procesos municipales. Aquellas asambleas, como lo marca nuestro estatuto hasta el día de hoy, ocurrieron con la militancia y a través del padrón de protagonistas del cambio verdadero, que rumbo al 2018 llegó a aglutinar a cerca de 3 millones 300 mil mexicanos y mexicanas convencidos de la necesidad de un cambio de régimen.

En el año 2018 se logró lo que por muchas generaciones millones de mexicanas y mexicanos luchamos desde distintas y diferentes trincheras: el triunfo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, con una votación histórica y sin precedentes de poco más de 30 millones de convencidos con el cambio verdadero.

Una vez más podemos decir que se consiguió el objetivo de Morena al obtener el triunfo en la más alta magistratura del país, acompañando al presidente con mayorías absolutas en el Senado de la República y Cámara de Diputados, así como el avance de alternancia en muchas entidades federativas y congresos locales. Sin embargo, el cauce de constantes victorias ha generado vicios al interior de la dirigencia del partido. La renovación que se pospuso en 2018, por consenso del Congreso Nacional había sido diferida desde 2019 por conflictos internos; se renovó en 2020 la presidencia y la secretaría general de nuestro instituto político a través del método de encuesta, pero no organizada por el propio partido, sino de manera externa por el Instituto Nacional Electoral (INE).

Importante recordar que en 2019, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió que Morena “carecía” de un padrón electoral confiable y, por tanto, ordenó al partido llevar a cabo un nuevo proceso de afiliación invalidando los variados padrones que habían estado vigentes en años previos, pero la pandemia, las elecciones federales, la falta de organización e innumerables razones que podríamos seguir enunciando no habían permitido resolver este pendiente, junto con la renovación del resto de cargos políticos y ejecutivos del partido.

El pasado fin de semana se consolidó, por fin, el esfuerzo por renovar los congresos de los 300 distritos electorales federales del país. Durante el sábado 30 y domingo 31 de julio, Morena realizó asambleas electivas distritales en las 32 entidades federativas del país para elegir a los nuevos consejeros nacionales. De forma paralela y con la finalidad de conformar su nuevo padrón de militantes, llevó a cabo los procesos de afiliación y reafiliación partidista, más allá de las dudas o impugnaciones que generó la convocatoria para este proceso.

En sintonía con las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador del pasado lunes 1 de agosto en su conferencia de prensa, el ejercicio tuvo una respuesta extraordinaria de la gente. Como dijo el presidente: aplaudimos y valoramos la participación masiva de más de dos millones y medio de militantes, sobre todo al tratarse de un proceso interno, sin campañas y meramente partidista. Lo anterior, pese a las acusaciones que las y los propios simpatizantes externaron al percibir innumerables irregularidades en los días de elección.

En el mismo tenor, estos procesos son perfectibles y forzosamente deben mejorarse para evitar prácticas como el acarreo, la violencia y la coerción. Las elecciones a lo largo y ancho del país se llevaron a cabo en medio de disturbios y actos irregulares que hace unos años hubieran parecido imposibles de concebir en el movimiento social que constituyó a Morena como partido político en 2014. 

En el proceso se advirtió compra e inducción del voto, acarreo de personas, prácticas de coacción, intervención de grupos y líderes vecinales, movilización de beneficiarios de programas sociales, y de manera muy grave la falta de transparencia en la recepción y conteo de boletas, ya que ningún aspirante ni representante pudo observar el escrutinio y cómputo de los votos, en general porque se hicieron en privado, a puerta cerrada en la mayoría de los casos, y en la secrecía de un grupo de ¨funcionarios¨ nombrados desde los Comités Ejecutivos Estatales. No se respetó la intencionalidad del elector respecto a quién decidió darle su voto, sino se privilegió el uso técnico de un manual que lo último que buscó fue respetar al protagonista del Cambio Verdadero, por mencionar algunas de muchas prácticas que como se puede leer en esta columna combatimos desde la fundación de Morena como AC y por supuesto en la elección de 2012.

No podemos omitir que personajes fundadores del movimiento decidieron abstenerse de participar, toda vez que, a sus ojos, los resultados ya estaban anticipados y configurados para que se emitieran ganadores específicos que beneficiaran a unos cuantos. Al final, se cumplieron los pronósticos desastrosos: la elección estuvo marcada de inconformidad y vicios políticos. 

Queda todavía mucho por decir y analizar en este proceso de renovación de Morena, como la organización, la intervención de funcionarios públicos, funcionarios electos y otros temas, aún así sostengo en hacer de nuevo un llamado a la unidad, a conjuntar a los militantes que quedaron fuera en este proceso y unir ideologías y propuestas en beneficio del partido. Morena no es más un movimiento, es quien encabeza el gobierno a nivel nacional y que cuenta con la mayoría de las gubernaturas. Si no erradicamos el sectarismo interno y entrelazamos conocimiento y fuerza, nuestra lucha solo quedará como el vehículo que llevó a Andrés Manuel López Obrador a ser el presidente más votado de la historia y cumplido su objetivo, podrá desaparecer. 

Recordemos que Morena pertenece al pueblo, a los cientos y miles de personas cansadas de las viejas prácticas políticas que llevaron a México a la crisis por la que todos los que pertenecemos a este partido hemos luchado por erradicar de la mano del presidente.