El Premio Nobel de Literatura, una relación distante
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

El Premio Nobel de Literatura, una relación distante
Foto: Artem Beliaikin en Pexels.

“La lectura es un placer personalísimo”, respondió mi maestra Diana Frías en una publicación de Facebook que hice en 2016, cuando comenté que los únicos ganadores del Premio Nobel de Literatura que había leído eran Octavio Paz y Gabriel García Márquez, aunque de este únicamente Noticias de un secuestro y muchos artículos periodísticos, al igual que de Vargas Llosa. Seis años después he sumado a esa pobre lista a Svetlana Alexievich, de quien celebré su premio por tratarse de una periodista y recordé que mi madre me compró alguna vez Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.

A pesar de todo, me considero un buen lector, aunque los autores que me gustan sean “tan menores”, como me dijo alguna vez un excompañero del ITAM quien, pobre, no sabía que su recién descubierto Kundera no había ganado el galardón sueco. Por simples números no me puedo enorgullecer de leer a ganadores del Nobel, pero tampoco de lo contrario, simplemente es una cuestión de gustos. Porque si de premios se trata, al margen del otorgado por la Academia sueca, he leído a más ganadores del Premio Alfaguara (Tomás Eloy Martínez, Santiago Roncagliolo, Juan Gabriel Vásquez, Guillermo Arriaga, Eduardo Sacheri, Patricio Pron y Cristian Alarcón –a Xavier Velasco no lo cuento porque no pude con Diablo Guardián–); el Premio Hammett (Paco Ignacio Taibo II, Andreu Martín, Daniel Chavarría, Rolo Díez, Guillermo Saccomanno, Ricardo Piglia, Juan Sasturain, Leonardo Padura, Juan Hernández Luna, Rafael Ramírez Heredia, Juan Damonte y Francisco González Ledesma) o los Premios Édgar (Raymond Chandler, Donald E. Westlake, Stuart M. Kaminsky, Ian Rankin y el infaltable Stephen King).

Saramago, el gran elegido

Aunque mis lecturas no se rijan por los premios que ha ganado un autor, me di a la tarea de preguntarle a algunas y algunos queridos amigos lectores cuál es el criterio que siguen para seleccionar los libros que leen y si el Premio Nobel es un requisito para ello. Con gusto leí que después haber obtenido el citado galardón, algunos adoptaron al portugués José Saramago entre sus escritores favoritos.

“Nunca espero los nominados o premiados con el Nobel para saber qué leo o no, me guío más por las recomendaciones de lectores en los que confío. A lo mejor sí he leído varios Nobel, pero no los tengo registrados, me vienen a la mente Saramago y Octavio Paz. No me deslumbran los autores premiados, ni del Nobel ni de otros premios, como el Alfaguara. Cuando un autor que me gusta, independientemente de ser nominado o premiado, a veces soy muy obsesiva y me leo toda su obra”, dice Marilú Acosta, mi médico de cabecera y doctorante en letras modernas por la Universidad Iberoamericana.

La escritora poblana Maru San Martín, una de las fundadoras de la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas (Fenalem), se guía más por los nominados que por los autores premiados en la elección de sus lecturas.

“Influyen los nominados, cuando los veo me pongo a leer un poco de su trabajo, por ejemplo Murakami, que ha estado nominado varias veces y a mí no me gusta. O Margaret Atwood, que me encanta, ha estado nominada varias veces y no ha ganado. Si no me gusta la selección que hace la Academia de su trabajo, no leo al autor aunque gane, no voy a salir corriendo a buscar sus libros. A Atwood la voy a seguir leyendo aunque no sea premiada”.

Para Pablo Aguirre Solana, politólogo y maestro en Ciencia de Datos por Instituto Tecnológico de Massachusetts, los autores ganadores del Nobel son una “curiosidad intelectual”.

“Mi primera decisión para leer son los temas que me interesan y de lo que quiero conocer o saber. Los Nobel son una especie de curiosidad para estar ‘up to date’, saber qué es lo que está pasando en el mundo y eso es un segundo plano. Los Nobel no tienen un peso determinante en mi decisión de leer, son una especie de curiosidad intelectual, si se le puede llamar así, sobre lo que me tiene que decir esta persona”.

De manera similar piensa Maru Monroy, periodista y entusiasta participante de “Mis Libros de 2022”, un grupo de lectura que tengo en Facebook desde 2008.

“Yo no programo mis lecturas, ‘toco de oído’ y no tengo empacho en sumar nuevas o suspender otras, todo depende de lo enganchada que esté. Con respecto a los Nobel, con frecuencia pregunto, averiguo y empiezo, porque no los conozco. Si me enganchan los sumo y si no, los dejo pasar”.

Federico Álvarez Braga, abogado de formación y el lector más prolífico de mis grupos de lectura de Facbook, señala que de los últimos ganadores del Nobel, solo Saramago se quedó entre los autores que frecuenta.

“Me guardo el nombre (de los ganadores), porque salvo excepciones, jamás los conozco y, eventualmente, en un futuro leo algo. Solo Saramago quedó dentro de mi lista de autores; del turco (Orham Pamuk) llegué al segundo libro; (Toni) Morrison me resultó aburrida y a (Doris) Lessing la había leído antes del premio. Del resto, las sinopsis, porque sus temáticas no me atrajeron en absoluto”.

Víctor Manuel Villanueva, periodista y doctor en historia, también reconoce que al único autor que “adoptó” a raíz del Nobel fue al portugués.

Claudia Urbina, comunicóloga por la Universidad de Canberra y promotora de la lectura, comparte una interesante manera de hacer que los niños se acerquen a la literatura, aunque no necesariamente a los autores premiados.

“Mi elección de lecturas depende mucho más de lo que me guste y de cómo me sienta en ese momento, de eso se tratan mis clubes de lectura. El mundo de los libros es mucho de pose, de querer verse muy intelectual y esto de los Nobel se presta mucho para ello. En mis clases me gusta contarle a los niños que además de los Grammys, el Oscar o el Balón de Oro, temas mucho más cercanos a ellos, hay un premio muy importante para escritores y eso les fascina. Hay autoras como Alice Munro, que si no hubiera ganado el Nobel nunca la hubiera volteado a ver, pero hay otros como Saramago, al que ya leía, que me dio mucho gusto que ganara el Nobel”.

Definitivamente nunca me ha interesado que un escritor gane el Nobel para comenzar a leerlo, aunque reconozco “deudas” notables con el propio Saramago, Camus, Hemingway o Hesse. Tampoco tengo y nunca comparé un disco de Bob Dylan, aunque algunas de sus canciones me gusten en voz de otros intérpretes.

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