Más allá de las mastografías gratuitas
Con lupa de género

Es maestra en Administración Pública por la Universidad de Columbia y licenciada en Economía por el ITAM. Actualmente es directora de Sociedad Incluyente en el IMCO donde investiga y coordina proyectos sobre género, educación, competitividad, salud pública y desarrollo urbano. Previo a su ingreso, trabajó como consultora independiente para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Nacional de Ecología.

Más allá de las mastografías gratuitas
Foto: Pixabay

En México, cada día mueren 22 mujeres de cáncer de mama y se diagnostican a otras 74 con este padecimiento. Las estadísticas son frías y esconden la cara detrás de cada caso. Hijas, madres, amigas, esposas, colegas que luchan contra el cáncer más común entre las mujeres, sin saber cuánto tiempo vivirán o qué tan limitadas se verán sus actividades diarias y su bienestar durante el tratamiento. 

La genética y algunos factores que influyen en el desarrollo de este cáncer no se pueden controlar. Lo que sí se puede hacer son esfuerzos para detectarlo a tiempo, así como facilitar los procedimientos y brindar los medicamentos para combatirlo. Esta oportunidad la reciben pocas mexicanas en el sector público, y es aún menos probable para quienes carecen de seguridad social. 

En términos de detección, sabemos que en 2021, solo 15.6% de las mujeres de 20 años o más tuvieron una exploración clínica de senos. Además, el Instituto Nacional de Salud Pública estima que el número de mastografías para la detección temprana cayó 50% durante el confinamiento y tardó en recuperarse. 

Las caídas no solo se observan en la detección, sino también en otros servicios para atender este padecimiento. Por ejemplo, llama la atención que las consultas de cáncer mamario que reporta la Secretaría de Salud se desplomaron 65% entre 2017 y 2020. Pasando de 130 mil 189 en 2017 a 33 mil 771 en 2018. Subieron un poco en 2019 hasta 85 mil 577, pero cayeron nuevamente en 2020 para ubicarse en 45 mil 520. ¿Cuál es la justificación de esta tendencia?

La escasa provisión de servicios coincide, a su vez, con una caída sostenida en los recursos para financiar lo que requieren las diferentes etapas del cáncer de mama. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) encontró que el presupuesto para prevenir y detectar esta enfermedad en pesos reales pasó de 572 millones en 2018 a 370 millones proyectados para 2023. Además, un análisis de México Evalúa muestra que los recursos del Fonsabi para cubrir lo más costoso del tratamiento –cirugías, quimioterapias, radiaciones– para mujeres sin seguridad social se redujeron 40% entre 2018 y 2020

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Esto es un círculo vicioso, porque la falta de diagnósticos oportunos deriva en una mayor presión de los recursos públicos destinados para atender este cáncer. Según la Red por la Atención Integral de Enfermedades Crónicas (RAIEC), el 85% de los casos se detecta en etapas más avanzadas, donde los tratamientos son casi tres veces más costosos. 

Si México quiere salvar a más mujeres del cáncer de mama, no basta solo con ofrecer mastografías o exploraciones gratuitas. Se necesita tener un plan efectivo y fondeado para atender rápidamente a quienes reciben el diagnóstico. Esto implica contar con los recursos suficientes para combatir el cáncer por medio de cirugías, radiaciones, quimioterapias y revisiones de seguimiento, considerando que el tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Cuándo veremos pasos firmes en este sentido?

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