Lo efímero del poder y lo permanente de la dignidad
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

Lo efímero del poder y lo permanente de la dignidad
'Nos esperan días más brillantes': Liz Truss pronuncia su último discurso como primera ministra de Reino Unido.

La semana pasada tuvieron lugar dos sucesos que comprueban lo afirmado en el título de este texto: por una parte, la dimisión de Liz Truss como primera ministra británica y, por otra, la exclusión de Hu Jintao del congreso del Partido Comunista de China.

Respecto de Liz Truss, su persona ha trascendido por varias razones, entre ellas se encuentra el hecho de que es la persona que ha ejercido menos tiempo como primera ministra en la historia de Reino Unido. Las razones que explican este fenómeno son múltiples, aunque se debe decir que esta duración de tan solo 45 días en el cargo por parte de la líder del Partido Conservador se debió principalmente a la toma de diversas y erráticas decisiones económicas que, invariablemente, llevarían a una profunda crisis política al interior del Parlamento británico y especialmente a Truss. Primordialmente fue el ambicioso plan fiscal (implicando una importante reducción de impuestos), presentado por Truss, el causante de la crisis comentada, generando una contundente pérdida de valor de la libra esterlina y también un desplome en la confianza de los mercados.

Aunado a lo anterior, la propia Truss luego de haber implementado aquel plan como parte del cumplimiento de los compromisos de campaña que hizo, decidió dar marcha atrás y produjo que su propia base electoral comenzara a percibir debilidad, incongruencia y un estilo personal de gobernar más bien caótico.

Por lo que hace a Hu Jintao, alrededor del mundo se pudo ver cómo personal de apoyo del Partido Comunista de China retiró a la fuerza al expresidente de China del lugar que ocupaba del lado izquierdo del actual presidente Xi Jinping. Inmediatamente comenzaron a surgir versiones de que esto había sido provocado por una profunda purga que en el Partido Comunista de China se había realizado, misma en la que la mayor damnificada había sido la corriente liderada por Jintao en favor de la ahora hegemónica corriente encabezada por Jinping.

Entre los errores de Jintao durante su mandato precedente al de Jinping, se pueden encontrar algunas decisiones que si bien buscaban un crecimiento sostenible y una sociedad en la que la convivencia armónica fuera una realidad, también generaron una laxitud en la implementación del modelo chino y distintos casos de corrupción que terminaron por desprestigiar un mandato que duró aproximadamente 10 años.

De los ejemplos de Liz Truss y de Hu Jintao se puede corroborar una vez más que efectivamente el poder es efímero mientras que la dignidad puede no serlo. Ambos casos se han presentado en sistemas profundamente diferentes en los que, no obstante, hay una presencia de élites que si bien pueden repartirse el poder en el tiempo, cuando tienen la oportunidad de arrebatarlo lo hacen sin reparo alguno.

El caso de Truss enseña que no es suficiente llevar a cabo una campaña exitosa luego de contar con una carrera desde sus orígenes prometedora, ya que las personas que se convierten en líderes en la política son realmente medidas al momento de ejercer ese poder que, si no es ejercido plenamente, siempre encuentra quién esté dispuesto a encargarse de ello.

En lo referente a Jintao, el hecho de ser heredero de una larga tradición de concentración del poder y de contar una carrera que, si bien pudo calificarse de discreta, fue lo suficientemente efectiva para llevarlo a la cúspide en una etapa de apertura y modernización de un país con particularidades únicas, no le garantizó contar con un retiro a la altura del cargo que ocupó.

En ambos casos se pueden tener muchas lecciones, debiendo insistir lo que ha arrojado la historia en el mundo: el poder es efímero y es insano e infructuoso intentar aferrarse a él cuando la propia dignidad de la persona se encuentra en riesgo, pues debe ser esta última nuestro único y más preciado patrimonio.

En aras de salvaguardarla, hay que saber retirarse a tiempo.

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